10 de agosto de 1990
Tras el "Fujishock", la capital peruana amaneció hoy sin transporte y bajo control militar.
La población --sobre todo aquellos sectores de menores ingresos-- no se repone aún del traumático ajuste de precios decretado por el novel presidente Alberto Fujimori para hacer frente a la peor crisis económica de la historia del país andino. La inflación galopante llegó este mediodía a 136,5 por ciento mientras el promedio diario trepó a 1,66 desde comienzos del año, como consecuencia de las medidas de estabilización económica dispuestas por el nuevo gobierno ayer, día que ya se considera el "jueves negro" peruano.
Las zonas céntricas de la capital exhibieron durante toda la jornada un panorama desolador en virtud del cierre de la inmensa mayoría de los comercios y la paralización del transporte. Patrullas policiales y militares armadas a guerra vigilaban las calles vacías. Pero desde distintas localidades --e importantes ciudades-- de provincia se reportaron graves incidentes. Miles de personas que no pudieron abastecerse oportunamente pugnaban por lograr algunos alimentos para cubrir sus necesidades del día, intentando saquear comercios.
En los tumultos e intentos de saqueo frente a centros de abasto, murieron por lo menos cinco personas en circunstancias confusas cuando las fuerzas del orden dispararon para dispersar a las turbas desesperadas.*
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