Domingo, 20 de abril, 2003 - AÑO 9 - Nro.1160
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La muerte de Carlos Aguirre dejó de ser un suicidio y se reactivó la investigación judicial

Al comisario lo mataron

Ahora lo dijo el experto perito forense Guido Berro. Su opinión motivó un vuelco en las investigaciones iniciadas tras la aparición del cadáver. Sus familiares creen que ahora puede llegarse a la verdad. Sin embargo, las claves en el crimen del comisario Carlos Aguirre aún no surgen claramente a casi dos años del hecho.

FEDERICO GYURKOVITS

 19 de julio de
2001. Después de varios días de búsqueda el cadáver del comisario es rescatado desde
las aguas del arroyo Negro.
19 de julio de 2001. Después de varios días de búsqueda el cadáver del comisario es rescatado desde las aguas del arroyo Negro.

El forense ha visto en su larga carrera criminalística varios cadáveres de personas muertas por voluntad propia o por la de terceros. Pero nunca había visto que un suicida, más aun teniendo en cuenta que era policía, se quitara la vida de una forma tan complicada. Es decir, con la mano que no usaba y de atrás hacia adelante.

En sucesivos informes LA REPUBLICA recogió esta serie de interrogantes y aportó datos que hasta el momento de publicados no se conocían, como ser que una persona vinculada al comisario fue vista poco después de conocida su desaparición, con los pies manchados de barro, reunirse con autoridades policiales. Aguirre supuestamente se había quitado la vida a orillas del arroyo Negro, en una zona fangosa.

Ahora, tras la junta forense encabezada por Berro, que analizó el video de la autopsia, su protocolo y demás detalles, la trama que se quiso montar para encubrir el homicidio de un minucioso investigador policial, comienza a caer por su propio peso. LA REPUBLICA revela ahora las principales contradicciones que surgen del expendiente, entre varios testigos que aseguran haber visto a Aguirre el día de su desaparición.

Y también los testimonios de dos personas clave en su vida, que si bien no lo vieron en aquella oportunidad, lo conocían muy de cerca.

El caso

Transcurría el 10 de julio de 2001 y el comisario Carlos Aguirre, por entonces encargado de la Oficina de Prensa y Protocolo de la Jefatura de Policía de Paysandú, salió de su casa sobre las 7 y 5 de la mañana. Supuestamente se dirigía a su puesto de trabajo. Pero nunca llegó.

Recién nueve días después fue hallado su cadáver por funcionarios que patrullaban la zona del arroyo Negro, quienes divisaron un bulto semi sumergido. El hallazgo se produjo en el mismo lugar por el que se lo había buscado días anteriores desde tierra, aire y agua. Esto hacía suponer que no sólo se había matado de una forma sumamente complicada (ver infografía), sino que además lo hizo bajo agua para asegurarse que por varios días nadie lo encontraría.

A pesar de que hasta el 19 de julio su cuerpo no fue encontrado, y por tanto su suerte era incierta, desde horas posteriores a su desaparición la versión oficial de la Jefatura de Policía de Paysandú fue que el oficial se había suicidado. Su auto hallado en la tarde del 10 de julio a orillas del arroyo Negro era una de las pistas principales sobre el trágico destino.

También se decía, y así lo reflejan todas las crónicas de aquel entonces, que la doble vida que llevaba el funcionario lo habían sumido en la depresión, ya que no podía enfrentarla. Se decía que, siendo Aguirre una persona de intachable trayectoria y moral, la posibilidad de que algunos aspectos personales salieran a luz lo habían llevado a tomar tan drástica decisión.

Cinco días después de que se lo diera por desaparecido, y cuatro días antes de que su cuerpo fuera encontrado, dos policías sanduceros encuentran en el despacho de Aguirre un diskette con dos cartas hechas en computadora, con fecha 6 y 9 de julio. En la primera, Aguirre supuestamente hizo una reseña autobiográfica y en la segunda expuso un pensamiento. Esos elementos venían a confirmar el supuesto suicidio, aunque aún no se sabe si fueran escritas por él.

Los testigos

Cinco personas aseguraron ante la Justicia sanducera haber visto al comisario o a su auto el día de la desaparición, pero sería imposible que todas las declaraciones fueran ciertas. LA REPUBLICA accedió a parte del expediente que ya lleva varios cuerpos y revela los elementos clave de cada una de estas comparecencias.

Su esposa señala que sobre las 7 y 5 de la mañana de aquel 10 de julio se despidió de Aguirre. Dijo que le llamó la atención la falta de una botella de whisky y que, a diferencia de otras veces, su marido salió sin plata.

De las personas que dijeron verlo aquel día, un agente de la Jefatura de Paysandú surge, cronológicamente, como el segundo en tener referencias suyas, o mejor dicho sobre su auto. Afirmó el funcionario que conocía al detalle el vehículo de su superior y que por tanto estaba seguro de que era el Fiat Uno que tantas veces había visto y en el cual había viajado, entre otras cosas, para efectuar vigilancias.

Ese día, sobre las 7 y 45 de la mañana (40 minutos después de que Aguirre dejara su casa) el agente vio pasar el rodado por Avenida España y Felippone. Pero quien conducía no era Aguirre, sino un hombre al que describió como corpulento, ya que sobresalía su cuerpo por arriba y los costados del asiento. Iba solo y tenía el pelo largo en la parte de la nuca. Esto estaría pautando un hecho anómalo, que hasta el momento no fue profundizado, según las diversas fuentes que han sido consultadas por LA REPUBLICA.. Para este policía "fue un trabajo muy bien hecho, les salió bien". Otras dos personas, en horas similares de aquel 10 de julio testificaron haber visto el auto. Ambos coinciden en el lugar. En primer lugar un taxista que trasladó a un pasajero desde la terminal de ómnibus hasta el arroyo, donde subió a la balsa para pasar al cliente del otro lado, regresando minutos después. El obrero del volante sostuvo que eso fue entre las 10 y 30 y las 10 45, habiendo observado el auto de Aguirre estacionado a la vera del cauce.

El taxista también aseguró haber visto llegar a la zona, cuando se retiraba de allí, a un hombre tirando de un carro. Precisamente, el cuarto testigo fue esta persona, jornalero de ocupación. Dijo que fue a cortar madera a los montes que rodean el arroyo, para lo cual está habilitado. Afirmó haber llegado antes del mediodía y que permaneció allí durante varias horas, entrando y saliendo del monte para cargar el carro, viendo siempre el auto estacionado, incluso cuando se marchó en las primeras horas de la tarde.

El quinto testigo es otro policía, con grado de cabo, quien al enterarse de la ausencia de Aguirre en la tarde del 10 de julio se presentó en Jefatura y bajo actas declaró haberlo visto manejar su auto en horas del mediodía por la calle Independencia al norte, a la altura de San Martín. El cabo aseguró que Aguirre le tocó bocina.

Otros aportes

Como se mencionaba al principio la doble vida del comisario habría sido el detonante para quitarse la vida, ante la inminencia de que la situación tomara estado público. El comisario sostenía una relación sentimental con una joven sanducera, con la cual, según el testimonio de la chica, iba a tener un hijo.

Esta muchacha compareció en la sede judicial en la que se sustancia el caso, aportando los comprobantes del embarazo. Ella dijo que Aguirre no estaba agobiado por la situación, más allá de lo comprensible, y que en todo momento le transmitía tranquilidad. También que estaba muy ilusionado con la llegada de la criatura y que le era, por aquellas fechas, muy difícil creer que se había suicidado, y que nunca le había hecho entrever la toma de una decisión de ese tipo.

La otra persona clave en el caso, quizá la principal, es otra joven que decía ver en Aguirre a un gran amigo, casi que a un padre. Esta muchacha es a quien las fuentes que aportaron información a LA REPUBLICA, dijeron ver con el calzado embarrado junto a autoridades policiales el día de la desaparición del comisario. Ella declaró varias veces sobre sus últimos contactos con Aguirre.

Son tan confusos que se desdicen unos de otros y mientras una vez aseguró haberlo visto el día que desapareció, después se rectificó y sostuvo que eso pasó un día antes. Es la única persona que, con sus declaraciones, apuntaló la teoría de la autoeliminación: "me dijo que se quería suicidar", afirmó en una de sus extensas comparecencias. Ella asegura no haber mantenido relación amorosa con el comisario, y que todo era amistad y confidencias.

La joven dijo que toda la situación del embarazo lo tenía muy preocupado y que ya no podía soportarlo. Incluso expresó que día antes del 10 de julio, el comisario la llevó al lugar donde finalmente "se quitó" la vida, pero que en esa oportunidad ella logró convencerlo para que no lo haga.

Esta joven posteriormente fue sometida a una pericia psicológica, supuestamente pedida por la policía, en la que se la habría declarado insana.

Incluso, las fuentes consultadas señalaron que llegó a estar internada, en lo que muchos entendieron como una forma de sacarla del camino.

Hipótesis

Ahora que la Justicia reactivó las investigaciones, citando a todos los testigos, allegados y vinculados de una u otra manera al caso, buscando determinar la autoría del homicidio, habría dos hipótesis principales a seguir según algunas de las fuentes.

En primer lugar sería la sentimental. Pero esta cuenta con poco sustento.

La otra iría en la línea que planteó el policía que dijo ver el auto de Aguirre pero no a su dueño al volante, 40 minutos después de haber salido de su casa aquel 10 de julio de 2001: "fue un trabajo bien hecho".

Aguirre era, según lo reconocido por todos, un excelente profesional. Fue pieza fundamental, por ejemplo, en el desmantelamiento de una organización que traficaba mujeres a Italia.

Y a su vez realizaba investigaciones permanentemente, a las cuales guardaba como sus mejores secretos. Algunas de las fuentes dijeron que Aguirre estaba trabajando en "algo groso". LA REPUBLICA pudo saber que uno de los casos que estaba siguiendo era sobre la muerte en extrañas circunstancias, precisamente, de una prostituta.

Dos días después de su desaparición, todas las jefaturas de Policía y los países vecinos recibieron un fax en el que se solicitaba colaboración para dar con el paradero del funcionario, dejando constancia que "el mencionado oficial jefe estaba amenazado" habiendo registros de actos en contra de su domicilio y de su familia. *


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