Todo comenzó con una iniciativa del presidente venezolano, Hugo Chávez, quien contactó telefónicamente el pasado domingo a sus pares Kirchner y Vázquez. Lo que entonces se habló, poco trascendió, pese a que diversas fuentes consultadas coincidieron en que el carismático líder delineó los ejes de la posible salida al estancado diferendo. Según se indicó a LA REPUBLICA, Chávez, además de articular un borrador de acuerdo, "puso todo su peso político" a la hora de convencer a los mandatarios del Río de la Plata sobre una imperiosa y rápida solución, "antes de que el conflicto tuviese derivaciones indeseables" de toda índole.
En este contexto, no pasó desapercibido para varios analistas el cambio de tono de las declaraciones públicas de los principales portavoces de los gobiernos en litigio, que se produjeron a partir del día lunes.
Mientras en los fogones piqueteros de Gualeguaychú surgían propuestas de endurecimiento de las medidas, tratando algunos de los sectores más ultras de llegar a bloquear incluso el tránsito de los catamaranes de Buquebus en la terminal bonaerense de Puerto Madero, a miles de kilómetros de distancia, en Caracas, se comenzaba a tejer el histórico acuerdo que ponía fin a los enfrentamientos.
"Todos deben ceder un poco, los gobiernos y también la empresa", dijo a modo de introducción en su despacho en el Palacio de Miraflores Chávez, mirando fijo a los dos Fernández, que sostuvieron la mirada más por respeto que por la esperanza de que se hallase una solución consensuada. Es que ambos Fernández, Alberto, el argentino, y Gonzalo, el uruguayo, habían sido protagonistas en algunos casos y testigos mudos en otros, de varios encuentros reservados fracasados que en su fuero íntimo compartían seguramente la convicción de que éste sería uno más.
El presidente caribeño agregó, para sorpresa de sus interlocutores, "también nuestro gobierno quiere asumir su cuota parte de responsabilidad en la solución de la crisis".
Chávez desarrolló su proyecto y, poco a poco, los semblantes de los Fernández fueron cobrando brillo. No parecía demasiado descabellado y había una distribución razonablemente equitativa de los costos, sean estos económicos, políticos o de imagen.
La primera premisa que introdujo Chávez fue el traslado de Botnia. "Eso debe estar fuera de toda discusión", afirmó dirigiéndose al secretario de Presidencia, Gonzalo Fernández. "Pero no te preocupes, Gonzalo", agregó sonriente, "Uruguay no tendrá gasto alguno, ni debes considerar la situación como una cuestión de orgullo nacional herido". Chávez se extendió en consideraciones acerca de la particular hora política que vivía la región sudamericana y en la necesidad de "pensar en grande como lo hicieron los próceres Artigas, San Martín y Bolívar".
Y Chávez siguió esbozando las líneas que terminarían facilitando el acuerdo. "Nuestros técnicos, que gracias a la generosidad del gobierno uruguayo trabajaron junto a especialistas argentinos y de la propia Botnia, evaluaron que el sitio más adecuado por razones ambientales y de salida de la producción sería emplazar la planta en Gral. Enrique Martínez, La Charqueada, sobre las costas del Cebollatí", explicó.
Desarrolló las ventajas de ese lugar sobre otros examinados y enfatizó que el elemento determinante era la posibilidad de "extraer la producción de la pasta celulosa por un puerto de aguas profundas en La Coronilla". Agregó que los jerarcas de Botnia aceptaban el traslado y las pérdidas que ello conllevaban si se confirmaba que la explotación del futuro puerto de La Coronilla se concedía a los finlandeses por 25 años.
Los efectos ambientales serían mínimos, porque los efluentes de la planta en funcionamiento se derivarían hacia la Laguna Merín y todos los estudios realizados estimaban que no había riesgos.
Chávez dijo en la reunión celebrada en la tarde del martes en la sede presidencial que su "amigo Lula" se sumaba a la solución y no iba a presentar reparos a que las aguas de la Laguna Merín, cuya soberanía es compartida entre Uruguay y Brasil, fueran el receptáculo de los efluentes.
LA REPUBLICA interpeló en Carrasco al secretario de Presidencia a su retorno de Caracas, con previa escala en Buenos Aires, hasta donde viajó con su tocayo Alberto Fernández, pero optó por mantener un cerrado silencio. Apenas esbozó una sonrisa y un "ya van a enterarse de qué se trata, primero debo hablar con el Presidente", fue todo lo que manifestó Gonzalo Fernández, quien se retiró de inmediato de la terminal aérea.
Otras fuentes consultadas por LA REPUBLICA fueron más categóricas en señalar en que el "acuerdo ya está, ahora sólo quedan detalles por implementar".
Lo central del acuerdo alcanzado establece el traslado de la planta, la financiación de la nueva construcción corre por cuenta de Argentina y Venezuela, Fray Bentos será reparada con nuevas inversiones y, por último, Uruguay consigue un nuevo puerto de aguas profundas, que será gestionado por el grupo inversor finés.
Otro de los puntos del acuerdo incluye la instalación de tres bases que Chávez propone para resarcir a Fray Bentos. Sobre su contenido existe un hermetismo inusual. Sin embargo LA REPUBLICA pudo detectar que algunos ministros y dirigentes que se enteraron de la noticia ya estarían haciendo planes entusiasmados por el poder financiero del revolucionario bolivariano.
El ministro de Turismo y Deporte, Héctor Lescano, aprovechándose del fanatismo de Chávez por el béisbol, trataría de convencer al líder venezolano de instalar en Fray Bentos un "Estadio Bolivariano de Béisbol", con capacidad para cien mil fanáticos. Ese estadio también serviría para contiendas de fútbol y Chávez aseguraría a Astori la compra de entradas por los próximos 10 años.
Hasta Jorge Batlle, enterado de la noticia, se subió al carro y sugeriría a Chávez que instalara en Fray Bentos una plaza de toros, porque "Don Pepe estaba equivocado y el mundo globalizado exige salirle al toro", declaró el ex presidente.
Fueron infructuosos los intentos por obtener la confirmación de la noticia por parte del propio presidente Tabaré Vázquez. Consultado el senador Mujica sobre el silencio del Presidente ante una noticia de esta magnitud, el líder del MPP dio en la tecla y nos contestó: "No sean nabos, Vázquez se fue a pescar porque es el único que no se traga el anzuelo, ¿tá?".
A esta altura del relato sólo queda decirle al paciente lector que está leyendo esta crónica que Mujica tiene razón, aunque estamos seguros de que algunos lectores se tragaron el anzuelo este 28 de diciembre, con esta broma de inocentes.
Un poco de humor siempre es necesario. Sólo hay un día al año en el cual se perdonan estas inocentadas, que en Uruguay inauguró en 1968 el diario De Frente con aquel "Renunció Pacheco" y que, restaurada la democracia, las continuó LA REPUBLICA con aquel "Estalló el colector".
Felicidades. *
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