La ceremonia tuvo lugar ayer por la mañana, cuando el Secretariado Ejecutivo de la central obrera en pleno recibió al ex jerarca, con quien dialogó por espacio de casi 30 minutos. Al finalizar el encuentro, que se desarrolló en la sala de sesiones "José D'Elía", Díaz recibió una bandera del PIT-CNT de manos del dirigente Juan Castillo, que recibió visiblemente emocionado y con lágrimas en los ojos.
El dirigente sindical Luis Puig dijo que el motivo del homenaje obedece "a la lucha que durante más de 50 años ha mantenido un compañero que siempre tuvo un compromiso con las causas de los trabajadores y de nuestro pueblo".
"Pero a todo eso le tenemos que agregar lo que ha sido la gestión al frente de un ministerio para nada fácil para un hombre de izquierda, con profundas convicciones humanistas. En ese ministerio, el compañero José Díaz ha desarrollado una actitud reivindicando plenamente el tema de los derechos humanos de aquellos que son los más desposeídos".
El sindicalista mencionó entre los logros de Díaz, la ley de humanización del sistema carcelario, la derogación del decreto que habilitaba la desocupación de los lugares de trabajo y la prohibición de las "razzias".
También recordó la autocrítica que comenzaron a realizar los policías por su actuación durante el gobierno de facto, hecho que se recuerda con una placa ubicada en la propia sede del Ministerio del Interior.
"Para el movimiento obrero, y nos animamos a decir que para todo el movimiento social, ha sido y será un profundo orgullo haber contado con José Díaz al frente del ministerio y seguir contando con él como militante de la lucha de nuestro pueblo", afirmó Puig.
Por su parte, Díaz señaló que para él constituye "un enorme orgullo recibir este reconocimiento del PIP-CNT de los trabajadores y siento que también del movimiento social, porque en estos 24 meses al frente del Ministerio del Interior me sentí siempre muy acompañado y jamás me sentí solo". "Si hubo firmeza y decisión para llevar adelante un cambio profundo en la gestión de la cartera, se debió a nuestras propias convicciones, a nuestro origen de clase, pero sobre todo al respaldo que sentíamos de las instituciones representativas de la sociedad uruguaya".
"No me sentí solo y caminé por Montevideo sin miedo, siempre recibiendo el aliento de la gente", enfatizó. *
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