La idiosincrasia define los rasgos identitarios de un pueblo, que siempre discurren entre la historia, la cultura y las más arraigadas tradiciones.
Este fenómeno se alimenta recurrentemente de la evocación de egregios personajes y grandes epopeyas humanas, que van construyendo y nutriendo el imaginario colectivo.
Esa suerte de mitología que suele asociarse a un sentimiento nacionalista no siempre bien interpretado, no se agota en la mera veneración de los héroes o las gestas de la época de la independencia.
En el caso de nuestro país, esta iconografía se proyecta también al terreno deportivo, con la rememoración todos los 16 de julio, de la gloriosa hazaña de Maracaná.
El "maracanazo" debe ser analizado en términos sociológicos, porque supone la recuperación, por lo menos en el territorio de la memoria, de un paradigmático modelo de país que fue barrido por las tempestades de la historia contemporánea.
Esa recurrente glorificación del pasado es un componente intrínseco de nuestra esencia e identidad nacional, que se desdibujó dramáticamente durante la dictadura.
En "El papel y el prócer", el autor uruguayo Daniel Brown, que está actualmente radicado en los Estados Unidos, construye una osada sátira que alude precisamente a la idiosincrasia uruguaya.
El personaje protagónico de esta novela es también un compatriota residente en la potencia del norte, quien resuelve regresar a su país.
Su sólida posición económica le permite transformarse en una suerte de filántropo, que funda una empresa destinada a dar trabajo a miles de uruguayos desocupados.
Sin embargo, su osadía de bautizar un papel higiénico de producción nacional con el nombre del prócer José Artigas alimentará un escándalo de singulares proporciones.
Narrando su relato en lenguaje siempre coloquial, Daniel Brown recrea los previsibles problemas de readaptación del protagonista a su país natal, que es radicalmente diferente al que abandonó en el momento en que decidió emigrar.
Brown recurre al humor para describir frecuentes situaciones de desencuentro familiar. Los insólitos diálogos del personaje con su hijo que no conoce casi nada del Uruguay natal de su padre, constituyen un inequívoco testimonio del drama del desarraigo que padecen numerosos emigrantes.
El autor lanza una aguda mirada crítica a la identidad uruguaya, que queda al descubierto por la decisión del protagonista de inventar el papel higiénico marca Artigas.
Esa suerte de pecado capital desnuda nacionalismos exacerbados y airadas reacciones contra el bien intencionado responsable del proyecto, a quien naturalmente se considera un repudiable apátrida.
"El papel y el prócer" es una sátira de trazo delirante, que apunta a ironizar muchas de nuestras conductas y sentimientos más irracionalmente exacerbados. *
(Edición de Rumbo)
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