BEIRUT, AFP
El ejército se desplegó masivamente en posiciones estratégicas de Beirut, que parecía en una ciudad fantasma en estado de sitio. Escuelas, universidades, comercios, bancos y oficinas permanecieron cerrados, mientras la oposición convocó una huelga general y el gobierno decretó tres día de duelo nacional.
El mando militar decretó la movilización general y adoptó medidas en varias regiones para "salvaguardar la estabilidad" del país. Se prohibió cualquier aglomeración de gente.
El Consejo de Seguridad de la ONU condenó el ataque "terrorista" contra Hariri y expresó su preocupación por la posibilidad de que Líbano sufra una "mayor desestabilización". En un comunicado, recordó además la resolución de 2004 en la que pedía la retirada de todas las fuerzas sirias de Líbano.
Hariri, de 60 años, considerado el padre de la reconstrucción económica de Líbano y una gran figura política que pasó a la oposición a finales de 2004, pereció el lunes en una explosión dirigida contra su vehículo en el centro de Beirut.
La explosión, que devastó prácticamente un barrio y provocó 14 muertos y un centenar de heridos, fue probablemente un atentado suicida cometido con un coche bomba, según el ministro del Interior, Soleimán Frangié.
En ese barrio, situado a orillas del mar, un cráter de cinco metros de diámetro y dos de profundidad da testimonio de la potencia del artefacto, estimado en unos 300 kilos.
El miércoles están previstos en Beirut dos funerales "populares" en memoria de Rafic Hariri. Su familia y sus aliados rechazaron firmemente la posibilidad de que los organizara el Estado, según su entorno.
En el domicilio del político asesinado en Beirut, varias personalidades libanesas y extranjeras dieron el pésame a la familia. Entre ellos el vicepresidente sirio Abdel Halim Jaddam, el ministro español de Asuntos Exteriores, Miguel Angel Moratinos ,y el patriarca maronita libanés Nasralá Sfeir. El presidente libanés Emile Lahud no acudió.
La oposición libanesa, que se unió recientemente frente a Siria, responsabiliza a Damasco y al régimen libanés pro-sirio del atentado. También pesan sospechas en el plano internacional sobre Damasco, potencia tutelar de Líbano, que negó cualquier implicación y denunció rápidamente el asesinato.
La oposición exigió la "marcha del poder" libanés y la "retirada total" de los 14.000 soldados sirios del país "antes de las elecciones legislativas" previstas en Líbano en el segundo trimestre del año.
En varias ciudades del país hubo manifestaciones para denunciar el asesinato y acusar a Siria. Unos manifestantes furiosos agredieron violentamente a unos obreros sirios en Saida, la ciudad natal de Hariri, según la policía.
La oposición, al igual que los gobiernos de Francia y España, pidió una investigación internacional, pero el ministro libanés del Interior lo descartó. "Es inaceptable. Los servicios de investigación recurrirán, si lo consideran necesario, a expertos de países neutrales", insistió.
Para varios diarios libaneses, el atentado y la muerte de Hariri sumen al país, desorientado, en un periodo de profunda incertidumbre.
"Hariri murió como un mártir y Líbano se ha sumido en la tormenta", afirmaba As Safir mientras según An Nahar, órgano de la oposición, "el infierno se ha apoderado de nuevo de Beirut".
Al Mustaqbal, perteneciente a Hariri, afirma que el difunto "murió como un mártir por Líbano" y publica en portada las acusaciones de la oposición contra Siria y el poder libanés. *
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