BRUSELAS, AFP
El presidente estadounidense George W. Bush y su homólogo francés Jacques Chirac parecen haber dado vuelta a la página de sus diferencias sobre Irak, eligiendo centrarse en Bruselas en el modo de enfrentar otras cuestiones espinosas, como Irán, Siria o Oriente Medio.
Desde su llegada el domingo para la primera parte de su gira por Europa, Bush ha utilizado todas las ocasiones posibles para enviar fuertes señales de su predisposición a abrir un nuevo capítulo de las relaciones con sus socios europeos, especialmente con aquellos que se opusieron a la guerra en Irak.
Dejando de lado sus viejas disputas, Bush y Chirac, presentes en Bruselas para las dos cumbres del martes de la OTAN y EEUU-UE, decidieron inyectar un poco de distensión en las relaciones franco-norteamericanas con una cena el lunes por la noche en la residencia del embajador estadounidense en la capital belga. Allí, incluso el menú fue elegido con el propósito de apaciguar los ánimos, con papas fritas (french fries, en inglés), que el Congreso norteamericano había bautizado como "papas fritas de la libertad" en su comedor durante la guerra en Irak, para protestar contra la oposición francesa a la invasión norteamericana en marzo de 2003.
"Esta es mi primera cena en suelo europeo tras ser reelecto, y la tengo con Jacques Chirac, lo cual quiere decir algo", afirmó Bush al referirse al encuentro.
Responsables franceses, así como la prensa de ese país, elogiaron el tono conciliatorio de Washington, pero también remarcaron que las relaciones todavía son frágiles.
El diario conservador Le Figaro dijo que "el cambio en el tono fue espectacular", pero también se preguntó sobre Bush: "¿Realmente necesita a Europa? Pese a las reiteradas afirmaciones, no es seguro". *
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