ANNE MARIE MERGIER (*), PARIS
El pasado junio, Ken Jones, quien encabeza a la policía de Sussex y al Comité sobre el Terrorismo de la Association of Chief Police Officers de Gran Bretaña, expresó: "El Reino Unido y los intereses de Gran Bretaña en el mundo son sin duda blancos del terrorismo. Eso es inevitable".
En realidad, Ken Jones sólo les recordó a sus compatriotas lo que en varias ocasiones habían dicho tanto los políticos como los servicios de inteligencia británicos. Hasta los expertos europeos llevan meses lanzando graves advertencias.
Entre éstos se encontraban los especialistas del Centro Francés de Investigación sobre Labores de Inteligencia (CF2R), instituto independiente, que acaban de publicar un informe muy documentado titulado Al Qaeda. las nuevas redes del terror.
Alain Rodier, uno de los expertos del CF2R, estudia las ramificaciones de Al Qaeda en Europa e insiste sobre el hecho de la implantación de una red terrorista islámica en el Reino Unido.
Con la autorización del CF2R, Proceso reproduce parte de su análisis:
Hay 15 millones de musulmanes en Europa occidental y eso da una dimensión particular a la lucha antiterrorista que se lleva tanto a nivel interno como externo. Hasta los atentados de Madrid no se habían asestado golpes en el suelo europeo. Ahora, día tras día, los Estados descubren la amplitud de las redes terroristas implantadas en sus territorios y están metidos en una lucha sin cuartel para desmantelarlas.
La nueva característica del terrorismo de Al Qaeda en Europa es la implicación de "nacionales" en los atentados. Eso nunca ocurrió en las anteriores olas de actos terroristas perpetrados por sirios, libaneses, iraníes, palestinos o armenios que llegaban a golpear al Viejo Continente y luego se iban.
Hoy, verdaderas redes integradas no sólo por individuos oriundos de la inmigración turca o de la de Africa del norte, sino también por europeos de nacimiento -formados en Bosnia, Chechenia o Afganistán- están implicadas en actos terroristas.
Gran Bretaña jugó siempre un papel clave para Al Qaeda. En 2002, se detuvo a su representante -Omar Abu Omar, alias Omar Muhamad Otman, alias Abu Ketadaj, alias Abu Koutada-, tras una misteriosa desaparición de varios meses. En realidad se cree que fue "recuperado" por los servicios de inteligencia británicos.
Musulmanes de toda índole llegan al Reino Unido para recibir "órdenes" y coordinar sus acciones. Por ejemplo: 11 de los 19 terroristas que participaron en los atentados suicidas del 11 de setiembre de 2001 vivieron en la capital británica durante la primavera de ese año.
Las autoridades lograron ubicar varios de sus puntos de contacto. Desde 1998, uno de estos puntos es una mezquita minúscula en Leicester. La famosa mezquita de Finsbury Park, en Londres, fue, hasta su cierre, un centro de reunión conocido por todo el mundo. Fue dirigida, hasta principios de 2003, por Mustafá Kemal -alias Abu Hamaza Al-Masri-, un egipcio que acabó perdiendo la nacionalidad británica ese año. Está detenido y a punto de ser juzgado.
Tuerto y manco, Kemal siempre se destacó por sus discursos extremistas. ¡Se dio el lujo de anunciar los atentados perpetrados en el Metro de París, en 1995, con tres semanas de anticipación! Más recientemente, se dijo encantado por la explosión de la nave espacial Columbia, calificando el acontecimiento como " castigo divino".
Esta mezquita acogió a Zacarías Musawi, francés de origen norafricano, detenido en Estados Unidos y acusado de haber participado en la organización de los atentados del 11 de setiembre; a Richard Reed, detenido cuando se aprestaba a subir en un avión con explosivos en sus tenis, y a Djamel Beghal, arrestado antes de que realizara un atentado contra la embajada estadounidense en París. Estos son sólo algunos de los terroristas internacionales que transitaron por Finsbury Park.
Gran Bretaña alberga además un buen número de personajes atípicos. Entre ellos destaca Yaser al-Sirri, un egipcio que dirige el Observatorio Islámico (Al-Marsed Al-Islam) y proporcionó credenciales de prensa y asesoría a los asesinos del comandante afgano Masud, adversario de los talibanes y muerto unos días antes de los atentados del 11 de setiembre.
Cabe señalar también a Omar Bakir Muhamad, un sirio que se autoproclamó emir y que radica en Tottenham, en el norte de Londres, bajo el estatus de refugiado político. Este personaje es el jefe espiritual de Al Muhajirun, un movimiento que aboga por la creación de Estados islámicos en el mundo entero. Aprovechándose de la holgura del sistema británico, su movimiento lanzó en 2003 una gran campaña de homenaje a los "19 magníficos", refiriéndose a los autores de los atentados del 11 de setiembre. Al Muhajirun pegó carteles en todas partes para honrar a los terroristas.
Las autoridades británicas reaccionaron, pero tarde. Detuvieron al argelino Kamel, supuesto jefe de una célula de Al Qaeda. Está acusado de haber importado ricino del norte de Irak, vía Turquía, para perpetrar atentados químicos en lugares públicos de Gran Bretaña. Otros dos argelinos, miembros de Al Qaeda, fueron detenidos en 2001.
Sin embargo, la capital británica es aún apodada Londonistán porque continúa albergando varios movimientos islámicos como Hezb ut-Tahir, organización política que lucha a favor de la reislamización de las diásporas musulmanas, y el Instituto Kilafah, también muy radical, sin hablar de numerosos grupos tunecinos y marroquíes.
Más grave aún, se constata que ciudadanos británicos también se han involucrado con el terrorismo islámico. Fueron británicos quienes organizaron y perpetraron los atentados suicidas de Tel-Aviv del 30 de abril de 2003.
Desde que Londres se alineó a la política de Washington en su lucha contra el "eje del mal", el Reino Unido está en la mira de los musulmanes de toda índole. Los primeros en atacarlos fueron los musulmanes turcos que rompieron una especie de tregua más o menos tácita al golpear intereses británicos en Estambul, en noviembre de 2003.
Londres y las grandes ciudades de Gran Bretaña están ahora seriamente amenazadas. Después de los atentados de Madrid, la policía británica afirmó: "Es invitable que un ataque de este tipo se dé en nuestro país".
Aparentemente se evitaron tragedias en dos oportunidades, en marzo y en abril de 2004, gracias a la detención de británicos de origen pakistaní que preparaban atentados químicos contra la ciudad de Manchester en particular.
Dominique Thomas, especialista francés en el Islam y autor de Londonistán, la voz de la Yihad, un libro publicado en 2003, señala:
"Londonistán es una expresión inventada a mediados de los noventa por los periodistas de la prensa árabe londinense. Designa a distintos grupos y líderes islámicos instalados en la capital británica que se presentan como opositores políticos. Ese término no identifica a un barrio particular, pero abarca numerosas corrientes del islamismo contemporáneo, desde los Hermanos Musulmanes hasta los Salafistas Yihadistas. Es esa diversidad la que asegura la gran originalidad de Londonistán".'
Dominique Thomas no considera a Londres como el centro político del islamismo internacional, pero reconoce que la capital británica es sumamente importante para los movimientos más radicales. En la década de los ochenta y de los noventa, Londres ofreció muchas ventajas para estas corrientes integristas: su legislación, mucho más flexible que la de los demás países europeos, permitió que Gran Bretaña acogiera a muchos "exiliados".
"Con el paso de los años, la capital británica se transformó además en una importante plataforma financiera islámica internacional. Por si eso fuera poco, acogió a medios de comunicación masiva árabes que se convirtieron en tribunas públicas. Cabe citar grandes diarios como Al-Quds Arabi, Al-Sharq al Awsat, Aal-Hayat y grandes oficinas de cadenas televisivas como MBC, ANN y Al Jazeera.
"Todos estos elementos favorecieron la llegada de numerosos fondos que alimentan múltiples organizaciones no gubernamentales islámicas y brindaron a los líderes musulmanes, que ostentaban el estatus de refugiados políticos, un eco mediático que nunca hubieran tenido en sus propios países. Londres no es el centro del islamismo internacional, pero ciertamente es un polo de comunicación islámica único en el mundo. En realidad no hay un centro internacional; ese movimiento está esparcido en todo el mundo musulmán".
Según Dominique Thomas, existen dos corrientes islámicas en Londonistán. Una es islámico-nacionalista. Está integrada por opositores políticos clásicos que defienden un programa basado en el Islam pero concebido en función de cada uno de sus países respectivos. Se puede citar a los tunecinos del grupo Al Nhada, los argelinos del FIS, los egipcios y sirios de los Hermanos Musulmanes, y otros distintos grupos opositores de la península árabe.
"La otra corriente es internacionalista. Sus militantes privilegian una visión global del mundo islámico y aspiran a revoluciones internacionales que desembocarán en la restauración de su ideal: el califato. Para ellos la lucha no tiene características nacionales. Entre todos los grupos tienen particular importancia los Supporters of Shariah o Al Muhajirum. Y por supuesto destacan los radicales de la corriente salafista, cuyos ulemas, que tuvieron experiencia yihadista en Afganistán, tienen contacto con Al Qaeda.
A diferencia de los analistas del CF2R, Thomas considera que el gobierno británico endureció su posición hacia los integristas islámicos en los últimos años.
"Hasta 1990, las autoridades inglesas intentaron arreglarse con la presencia islámica", afirma el experto. "Perseguían dos metas: por una parte, entender mejor la oposición a los regímenes árabes para poder anticipar eventuales tomas de poder, y por otra parte, evitar que los intereses británicos se convirtieran en blancos de atentados".
"A partir de los noventa, y sobre todo después de los atentados de 11 de setiembre, las cosas empezaron a cambiar. Tony Blair modificó y endureció la legislación contra las organizaciones islámicas y efectuó redadas y operativos represivos. Muchos militantes argelinos están actualmente detenidos en Gran Bretaña". *
*En acuerdo con la revista mexicana Proceso.
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