HIROSHIMA, AFP
"Hoy somos todos 'hibakushas'", afirmó el secretario general de la ONU, Kofi Annan, en referencia al nombre japonés dado a los 266.000 supervivientes irradiados de los bombardeos atómicos en Hiroshima (el 6 de agosto de 1945) y Nagasaki (9 de agosto de ese mismo año).
"También encaramos una amenaza real de que las armas nucleares se propaguen. Sin una acción concertada, corremos peligro de vernos confrontados a una proliferación nuclear en cadena", advirtió el secretario general de las Naciones Unidas en un mensaje leído ante 55.000 personas reunidas en el Parque de la Paz de Hiroshima, en el sur de Japón.
Annan denunció "los continuos esfuerzos para reforzar y modernizar arsenales nucleares" cuando las ambiciones nucleares de Irán y Corea del Norte han desencadenado graves crisis internacionales.
También exhortó a los dirigentes mundiales a tomar medidas concretas contra las armas nucleares en la próxima sesión de la Asamblea General de la ONU, que comienza el 13 de agosto en Nueva York.
Por su parte, el primer ministro japonés Junichiro Koizumi prometió que Japón se movilizará, a la cabeza de la comunidad internacional, en favor de "mecanismos globales para el desarme nuclear y la no proliferación" y hará "el máximo de cara a la abolición de las armas nucleares".
Menos diplomático, el alcalde de Hiroshima, capital mundial del pacifismo desde hace 60 años, había acusado previamente a las ocho potencias nucleares del planeta (Estados Unidos, Rusia, Gran Bretaña, China, Francia, India, Israel y Pakistán) de "amenazar la supervivencia de la especie humana".
En una "Declaración de la paz del 6 de agosto de 2005", el alcalde, Tadatoshi Akiba, exhortó a las Naciones Unidas a establecer un comité especial encargado de estudiar los medios de erradicar definitivamente las armas nucleares.
Los Estados parte del Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP) todavía no han logrado ponerse de acuerdo para realizar una importante revisión del texto, que entró en vigor en 1970 y parece cada vez más obsoleto.
En tanto, el primer ministro japonés reafirmó la voluntad de su país de continuar "respetando su Constitución pacifista y suscribiendo los tres principios no nucleares".
En diciembre de 1967, Japón se comprometió de forma solemne a no fabricar, poseer ni dejar entrar armas mucleares en su territorio.
"Somos la única nación en la historia humana que ha sufrido la bomba atómica", recalcó Koizumi.
La promesa del mandatario se produce en un contexto de grave crisis diplomática regional, con fuertes críticas a Japón por parte de sus vecinos asiáticos, que le reprochan un pasado militarista del que -afirman- no ha dado suficientes muestras de arrepentimiento.
Evocando ese pasado el presidente de la Cámara de Diputados, Yohei Kono, uno de los más prominentes pacifistas de la derecha japonesa, deplaró "el mal camino imperialista" que tomó su país durante la primera mitad del siglo veinte, en particular en China (entre 1931 y 1945) y Corea (1910-45).
Koizumi ha desatado la cólera de China y de las dos Coreas al visitar anualmente el santuario patriótico de Yasukuni, en Tokio, y corren rumores de que podría repetir su visita el próximo 15 de agosto, 60º aniversario de la capitulación del Japón imperial.
Ese santuario sintoísta homenajea las almas de los japoneses muertos por su patria, incluyendo las de 14 condenados como criminales de guerra por los Aliados tras el fin de la Segunda Guerra Mundial.
Ayer sábado, cuando concluían los actos conmemorativos en Hiroshima, un anciano le gritó al primer ministro: "¡Koizumi, no vaya a Yasukuni!". *
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