Dos explosiones ensordecedoras, producto del vuelo supersónico, irrumpieron en la noche del desierto de Mojave. Luego se escuchó el chirriar de las ruedas sobre la pista de la Base Edwards en California, y finalmente los gritos de alegría: el Discovery volvió a la Tierra.
Eran las 05H11 (12H11 GMT) de este martes cuando, poniendo fin a un drama épico, las ruedas del transbordador Discovery, tocaron el polvoriento suelo de la base de la Fuerza Aérea estadounidense provocando una explosión de aplausos.
El Discovery, que como todas las naves similares ingresa a la atmósfera como un gigantesco planeador capaz de volar medio planeta sin motores, había vuelto a casa después de un viaje de 14 días y 9,28 millones de kilómetros, en una de las misiones más tensas en la historia del programa de transbordadores. A 4.800 kilómetros de allí, en el Centro Espacial Kennedy (Florida, sur), la emoción por el éxito de la misión dejaba en el olvido la decepción porque las malas condiciones metereológicas hubieran impedido que el Discovery regresara "a casa".
Lentamente, la gigantesca nave, parcialmente iluminada por sus propios proyectores, rodó hacia el área de estacionamiento para detenerse sobre el oscuro cemento. *
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