LA, HABANA, AFP
El presidente cubano Fidel Castro, quien cumplirá el sábado sus muy terrenales 79 años, es para entendidos un típico nacido bajo el signo zodiacal de Leo, con el que se vincula a dos de sus personajes más admirados: Simón Bolívar y Napoleón Bonaparte.
Quizás el Comandante nunca haya leído su carta astral, pues pocos años después de su llegada al poder en 1959, los horóscopos desaparecieron de la prensa cubana, toda estatal.
Sin embargo, muchos cubanos se las ingenian para consultarlos en publicaciones extranjeras o en Internet, donde en forma general los Leo -23 julio al 22 de agosto- figuran como personas "independientes, libres, autoritarias, activas, pasionales y muy generosas".
Los nacidos bajo ese signo también suelen tener "excesiva confianza en sí mismos (...) optimistas, hacen de la capacidad de reaccionar a los fracasos, un notable punto de fuerza", característica que recuerda una recurrente frase de Castro de "convertir el revés en victoria".
Igualmente se les atribuye afán de superación desmedido, aptitudes para el liderazgo, capacidad de convicción, dotes de mando, ser creyentes en la amistad, astutos y de grandes facultades para racionalizar con frialdad.
De otro Leo famoso, el cineasta norteamericano Stanley Kubrick (1928-1999), uno de los directores más exigentes de la historia del séptimo arte, se dice que controlaba toda la producción de sus trabajos y supervisaba el doblaje de sus películas a otros idiomas.
El Nobel colombiano Gabriel García Márquez a dicho sobre Castro, su amigo personal: "su modo de escribir parece de un profesional. Corrige una frase varias veces, la tacha, la intenta de nuevo en los márgenes, y no es raro que busque una palabra durante varios días, consultando diccionarios".
Angel Esteban y Stephanie Pandrelli señalan en su libro "Gabo y Fidel, el paisaje de una amistad" (2004) que cuando García Márquez describe a Bolívar en su obra El General en su laberinto, "en algunos momentos, parece casi una biografía de Fidel".
Eso ocurre "sobre todo cuando llega a las últimas consecuencias de sus decisiones revolucionarias o políticas, desafiando los atentados de los enemigos, demostrando su valor y su optimismo como quien no ve los peligros o no quiere verlos", señalan los autores. *
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