Domingo, 14 de agosto, 2005 - AÑO 9 - Nro.1921
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Choque entre opositores a la guerra y manifestantes a favor del presidente en Crawford

Vacaciones agitadas para Bush

Varios centenares de manifestantes que apoyan al presidente estadounidense George W. Bush chocaron ayer sábado con un grupo de opositores a la guerra en Irak que mantienen una protesta en Crawford (Texas, sur) donde el mandatario pasa sus vacaciones.

CRAWFORD (EEUU), AFP

 Protestas
contra la guerra de Irak en Texas.
Protestas contra la guerra de Irak en Texas.

Los partidarios del retiro de las tropas estadounidenses de Irak, reunidos frente al rancho de Bush, se dieron cita en el pequeño pueblo de Crawford (750 habitantes) para participar en un encuentro en contra de la guerra. En el mismo momento, simpatizantes del presidente comenzaron a llegar a 'Camp Casey', el campamento montado por los opositores.

El pueblo tejano, normalmente aplacado bajo el calor estival, vivió con gran agitación el encontronazo entre los dos grupos. Alrededor de un millón de personas se encuentra el sábado en Crawford lo que ha provocado un importante despliegue policial.

Cindy Sheehan, la madre de un soldado estadounidense muerto en Irak en abril de 2004, inició hace una semana las manifestaciones de protesta contra la guerra y pidiendo el retiro de los alrededor de 138.000 soldados de Estados Unidos desplegados en Irak. Para ello, decidió acampar delante del rancho presidencial hasta que Bush la reciba. Preguntada sobre la presencia delante de su campamento de los simpatizantes del presidente, Cindy respondió: "No quiero enredarme en un intercambio de insultos con ellos. Tienen el derecho como estadounidenses de hacer lo que hacen y nosotros lo comprendemos". * "Si el gobierno socava el poder judicial, entonces el poder judicial se verá tentado de socavar al gobierno" dijo crípticamente esta semana Lord Carlile, miembro de la Alta Corte de Justicia británica.

Fue inmediatamente secundado por Lord Donaldson, ex jerarca absoluto de la Corte Suprema: "Es peligroso atacar a los jueces. El público puede perder confianza en el sistema judicial británico".

Los ataques sistemáticos y coordinados de que están hablando los jueces no provienen de terroristas al servicio de Al Qaeda.

Provienen de los ministros del gobierno británico de Tony Blair.

Una colisión sin precedentes entre el gobierno y los jueces está a punto de explotar con ambos en aceleración máxima. El gobierno inglés nunca le perdonó al sistema judicial la humillante orden el año pasado de tener que liberar a varios clérigos sospechosos de pertenecer a Al Qaeda y que el gobierno mantenía presos sin juicio hacía varios años.

"La idea de que tenemos que adecuar nuestros fallos según la presión pública del gobierno es ridícula", afirmó el alto juez Lord Ackner, que concluyó: "Intentonas de recortar nuestra independencia serán resistidas".

Nadie espera que los jueces británicos, muchos de ellos septuagenarios, salgan a la calle munidos de una ametralladora AK-47 en una lucha cuerpo a cuerpo contra efectivos policiales armados con Heckler y Koch.

Los jueces no tendrían la más mínima chance: su uniforme de guerra es una toga que los hace tropezar y una peluca blanca enrulada que los haría blanco fácil en las calles londinenses.

La resistencia de los jueces será de una naturaleza mucho más sutil y elegante.

Sólo tienen que esperar que el gobierno les pida que confirmen alguna nueva ley que recorte la autoridad de la justicia británica aún más.

Cuando esa ley llegue a la Cámara de los Lords, simplemente se sentarán sobre ella el tiempo que sea necesario. Discutirán teatralmente sus pros y contras durante meses. Tomaran el te durante días y no llegarán a ninguna conclusión. Al cabo de un tiempo mirarán al gobierno con una sonrisa socarrona y preguntarán: "Alguna ley más?". Ya lo han hecho varias veces.

Pero no hay que desestimar el poder del gobierno británico en este tema. Los atentados de Julio 7 y 21 fortalecieron su mano de una manera que nadie preveía. Cuentan además con el apoyo simultáneo y sistemático de la prensa popular inglesa. Sus titulares ladran fuerte y crispan los nervios: "Nos llaman Londistan", "Somos el hazmerreír del mundo", "Los jueces viven en otra época", "Desterremos ya a los profetas del odio". "Somos blanco fácil por culpa de unos empelucados".

Para esta batalla legal sin precedentes recientes, Tony Blair desplegó a sus ministros de más alto calibre. Lideran la movida Charles Clarke, ministro del Interior, Lord Falconer, el abogado supremo del gobierno, y Jack Straw, el ministro de Relaciones Exteriores. Conjuntamente con sus asistentes y consejeros tienen sitiado al poder judicial.

En golpe sorprendente y maestro Jack Straw firmó un acuerdo relámpago con su homónimo de Jordania, en que este país se comprometía a no torturar a ningún preso político transferido desde el Reino Unido. Una movida genial y brillante de Straw.

El acuerdo con Jordania le permite al gobierno circunvalar las leyes de derechos humanos que prohíben la expulsión de un individuo hacia países que practiquen tortura y ejecuciones sumarias. Otros acuerdos similares estarían en camino con Argelia, Líbano, Libia, Marruecos, Egipto y Arabia Saudita.

Expertos legales en Londres saben que esos acuerdos ni siquiera tienen el valor del papel sobre el cual están escritos.

Pero habilita a los ministros de gobierno a realizar una redada de sospechosos extranjeros acusados de actividades contrarias a la seguridad del Reino Unido. Ahora los clérigos musulmanes están otra vez presos y entra a funcionar el sistema de acusación, defensa y apelación que duraría años.

Mientras tanto, los "profetas del mal", según la prensa popular inglesa, quedan inactivos, incomunicados y sin juicio detrás de las barras de la prisión de Belmarsh. Resultado parcial: Gobierno 1 - Poder Judicial 0.

El gobierno le dice a los jueces "que las reglas han cambiado". Que ahora "la seguridad nacional cobra precedencia sobre la seguridad personal".

Que es hora de contraatacar a las fuerzas de Osama bin Laden en Inglaterra con todo el poder posible del Estado y que "la voluntad del Parlamento elegido por el pueblo debe ser superior a la voluntad de jueces digitados".

El retruque de Lord Goodhart, otro pilar de las filas judiciales fue rápido: "Si los políticos introducen leyes que restringen las libertades individuales, los jueces no sólo tienen el derecho sino la obligación de denunciarlas". La puja recién comienza.

Tony Blair está de vacaciones en el Caribe haciendo caza submarina, Charles Clarke manda e-mails desde su retiro veraniego y pide que no lo molesten mucho, Irak sigue en su voraz espiral descendiente, Al Qaeda lucubra en algún lugar del mundo su próximo jaque maestro, la muchedumbre inglesa se siente cada vez más vulnerable. *

* Periodista y guionista radicado en Londres.


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