Domingo, 04 de diciembre, 2005 - AÑO 9 - Nro.2032
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Análisis internacional

Las elecciones venezolanas, ayer y hoy

Niko Schvarz

LOS PARTIDOS opositores al gobierno del presidente Chávez (con dos excepciones) proclamaron la abstención para las elecciones parlamentarias de hoy. Es una confesión anticipada de su fracaso, de la disminución de su caudal de votos en cada consulta electoral. Ahora, esos partidos apuntan exclusivamente a que en la votación se registre un elevado porcentaje de abstención, para intentar capitalizarlo a su favor en la propaganda a través del aparato mediático a su servicio, amplificado por las cadenas internacionales de TV. Frente a ello Chávez llamó a un "contragolpe electoral".

 

El contragolpe electoral

En realidad, esos partidos (y en particular los adecos y copeyanos que monopolizaron durante casi medio siglo el poder del Estado) están exhibiendo con su actitud abstencionista su descreimiento en la democracia.

Como el pueblo les da la espalda, patean el tablero, renuncian a la confrontación democrática de ideas y programas, y buscan caminos torcidos para recuperar las posiciones perdidas. Es la misma concepción que animó al golpista Carmona y sus seguidores en abril de 2002, a los que no trepidaron en atentar contra la economía venezolana con el prolongado paro petrolero, a los que protagonizaron los desmanes de las guarimbas en zonas de Caracas.

Esa es la actitud que asumieron el socialcristiano Copei y el socialdemócrata Acción Democrática, los derechistas Proyecto Venezuela y Primero Justicia, así como el partido regional Un Nuevo Tiempo (UNT) en el estado de Zulia. No siguieron esa posición Causa Radical y el Movimiento al Socialismo (MAS, no confundir con la formación del mismo nombre que apoya a Evo Morales en Bolivia). Tampoco está claro a esta altura si se retiraron los candidatos regionales de los partidos abstencionistas, o si se van a someter al veredicto de las urnas. Esto último es lo más probable.

Ante este panorama el presidente Chávez ha llamado a "un contragolpe electoral", que emule en las urnas la movilización popular que dio al traste con el golpe de Estado de abril 2002.

También le responde a la propuesta del gobernador de Zulia, Manuel Rosales, un opositor que aspira a la candidatura presidencial dentro de un año, que propuso a último momento suspender las elecciones sin plazo y dejar todo en manos de una comisión de "alto nivel", que era una variante de los planes de signo golpista y una abierta violación constitucional.

 

Los chanchullos de ayer

En el período previo los opositores interpusieron toda suerte de recursos y chicanas contra las elecciones, formularon múltiples planteos ante el Consejo Nacional Electoral (CNE), todos los cuales fueron puntualmente atendidos. El último estaba referido a las máquinas captahuellas. Los observadores que han llegado en número apreciable a Venezuela, enviados por la OEA y por la Unión Europea, certificaron en todos los casos, sin excepción, la corrección de los procederes del órgano electoral y la idoneidad de los mecanismos a ser utilizados, que han sido debidamente comprobados con antelación.

Se ve que los opositores añoran viejos tiempos, en los cuales el fraude electoral era moneda corriente. El vicepresidente José Vicente Rangel declaró que "no hubo una etapa de mayor perversión del sufragio que la época de la IV República", aludiendo a las cuatro décadas anteriores al régimen actual. Antes las elecciones se verificaban bajo un régimen manual que abría campo libre al fraude, mientras que el actual sistema automatizado, dotado de avances tecnológicos notorios, otorga plena garantías e incluso ha sido tomado como ejemplo en otros países. Otra gran diferencia consiste en que en el viejo régimen las fuerzas políticas opositoras carecían incluso de testigos en las mesas electorales, mientras ahora todos los partidos tienen posibilidades de supervisar el proceso en sus diversas etapas.

El candidato independiente Teodoro Petkoff (ex guerrillero, ex ministro en el gobierno de Rafael Caldera cuando éste rompió con el Copei) opinó que el retiro de los partidos opositores eran síntomas de "un sistema político enfermo".

 

El nuevo cuadro político

En realidad, este hecho revela una radical transformación del cuadro político, con el advenimiento de nuevas fuerzas a primer plano y el hundimiento de viejos partidos.

Este es un signo distintivo de la nueva América Latina. Así lo demuestran los ejemplos que se han ido acumulando, particularmente en el Cono Sur, desde la entrada del nuevo milenio.

El lector tiene a su alcance valorar el significado de la llegada de nuevos partidos al gobierno en el Brasil, o las remodelaciones políticas en la Argentina, o el hecho de que en nuestro propio país quienes siempre detentaron el poder hayan quedado relegados ante el avance de los partidos de izquierda. *


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