Domingo, 18 de diciembre, 2005 - AÑO 9 - Nro.2046
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Chile: empate electoral y victoria democrática

JOAQUIN ROY (*)

Casi todos los contrincantes en los comicios chilenos pueden presumir de victoria. Los más claros vencedores son los ciudadanos de este país amable y reservado que sufrió en el pasado una de las más crueles dictaduras no solamente del continente latinoamericano, sino de todo el planeta en el marco de los enfrentamientos de la Guerra Fría.

Quizá como simbólico emblema del retroceso paulatino de la sombra del pinochetismo se pueda señalar la retirada forzada de Joaquín Lavín, el candidato de Alianza Nacional con 23,2% de votación, en la segunda vuelta que enfrentará a la socialista Michelle Bachelet (45,9% ) con el conservador empresario Sebastián Piñera (25,4%). Al parecer, la extrema derecha habría así llegado al límite en un cuarto del electorado. Por eso Bachelet y Piñera deberán luchar por captar el voto moderado y de centro. Al final, a pesar de las incógnitas que revelaban algunos sondeos interesados, no hubo mucha sorpresa, ni con respecto a la delantera de Bachelet, ni quien le acompañarla en la segunda vuelta. En cualquier caso, obsérvese que en un país que parece ser modelo de desarrollo y de apertura de mercados, la desigualdad se resiste a desaparecer y en cuanto uno se aleja de los polos de actividad económica de Santiago y las poblaciones costeras cercanas, la lacras latinoamericanas zapan los esfuerzos gubernamentales de la Concertación que ha estado en el poder en las dos últimas décadas.

En el exterior, la mayor amenaza contra Chile en su tenaz labor por la estabilidad será el evitar las tentaciones: el neopopulismo de sus vecinos y la lejanía de los núcleos económico-políticos con los que se siente más cómodo. Para parafrasear a la ocurrencia atribuida a Porfirio Díaz, los chilenos temen reclamar estar demasiado cerca de una Argentina impredecible, una Bolivia en trance de desintegración, y un Perú siempre presto a reclamaciones territoriales. Mientras, se siente muy lejos de Estados Unidos, Europa y Japón, bloques con los disfruta de acuerdos mutuamente beneficiosos.

Pero, de momento, el desafío ineludible pertenece por derecho propio a Michelle Bachelet, quien se puede convertir el 15 de enero en la primera mujer elegida presidente por méritos propios en las Américas. Y hace bien en resaltar este aspecto en su campaña en un sistema que presenta como curiosa peculiaridad de procedimiento el que hombres y mujeres voten por separado en colegios electorales segregados. También significativamente, este sistema se justifica históricamente para proteger a la mujer y evitar que sufra la presión del marido o familiares varones.

Pero su estrategia más efectiva en este mes de campaña se basará en tres columnas fundamentales. En positivo, explotará el hecho de que la Concertación formada por socialistas y democristianos ha logrado la mayoría en ambas cámaras. En negativo, atacará la esencia derechista de Piñera, quien si bien se aprestará a capturar el centro, no tiene más remedio que cortejar el voto de Lavín, ya que de no lograrlo la leve "victoria" presidencial en la primera no tendría sentido si la suma no se repite el 15 de enero. De ahÌ que Bachelet deba enfatizar que la mayoría en las cámaras refleja la conciencia popular y no tendría sentido ser gobernada por un gabinete de derecha. Esta estrategia no está exenta de riesgos.

Por de pronto, deberá borrar la apariencia de derrota al haber descendido de nivel con respecto a los resultados de sus antecesores. Además, el hecho de que los logros de la Concertación se deban paradójicamente al éxito del ala más izquierdista del socialismo pueden ser cebo de las tácticas de Piñera para presentar a su adversaria como rehén del radicalismo a la izquierda no solamente de la socialdemocracia, sino sobretodo de los gustos naturales del electorado democristiano, al que Piñera hace guiños con promesas de un "humanismo cristiano". Suspendida por un accidente de tránsito que costó la vida a colaboradores de la campaña de Bachelet, la visita de apoyo de Cristina Kirchner, primera dama argentina, pudo haberle costado a la candidata buen número de votos. En cualquier caso, para ambos puede ser tarde esconder o maquillar sus inclinaciones: Bachelet es partidaria del derecho al divorcio y del aborto; Piñera, aunque considera que el matrimonio es indisoluble, tolera el primero, pero se opone al segundo. En modelos internacionales, Bachelet está muy cerca de los socialismos de Francia y España, mientras Piñera admira a Chirac y Aznar. A la izquierda de la coalición socialista-democristiana, el misterio es el uso que harán de su voto los que optaron en la primera vuelta por Tomás Hirsch y su amalgama de comunistas y humanistas llamada Juntos Podemos que no ha rebasado el techo de apenas el 5% , pero que matemáticamente puede decidir la presidencia en enero.

En suma, el estoicismo con el que los chilenos cumplieron su obligación (bajo amenaza de multa), con largas colas y un sistema digno de estudio en un museo, merece un aplauso generalizado y deseos de nuevo éxito en enero. Y que gane el mejor. Latinoamérica y sobre todo su Cono Sur necesitan este ejemplo, para no solamente apuntalar la democracia sino para enterrar para siempre las secuelas del drama que empezó sangrientamente el 11 de setiembre de 1973. *

(*) Joaquín Roy es Catedrático - Jean Monnet y Director del Centro de la Unión Europea de la Universidad de Miami.(COPYRIGHT IPS)


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