WASHINGTON, AFP
"La ausencia de un debate inmediatamente después del 11 de setiembre fue lo que permitió al presidente Bush y su equipo tomar medidas sin precedentes y que en ciertos casos vayan más allá de lo necesario y legal", opinó David Rothkopf, experto de la Fundación Carnegie para la paz mundial.
El presidente George W. Bush defendió este lunes la práctica de escuchas secretas sin orden judicial. El mandatario dijo que su tarea era proteger las libertades individuales de los ciudadanos, pero al mismo tiempo asegurar su seguridad. Esa controversia sobre las escuchas es uno de los tantos temas que alimenta las discusiones entre dos valores en juego: la seguridad y la libertad individual.
"No fue posible encontrar un equilibrio en el correr de los primeros cuatro años tras el 11 de setiembre, porque todo apelaba a las emociones", dijo Rothkopf.
Pero el experto cree que ahora sí el escenario estadounidense permite otro tipo de debate, aunque le parece poco probable que Washington vaya a descuidar el frente de la lucha contra el terrorismo. "No se puede ir demasiado lejos en uno u otro sentido, porque ello nos debilitaría o haría peligrar nuestros valores fundamentales", dijo. La semana pasada, el centro de estudios The Brookings Institution organizó un debate de expertos titulado "Detención e interrogatorio de 'enemigos' capturados, ¿la ley y la seguridad entran en conflicto?". Bradford Berenson, un abogado que trabajó entre 2001 y 2003 como asesor jurídico de la Casa Blanca, defendió la controversial política del gobierno de Bush en el marco de la guerra contra el terrorismo.
"La guerra no es ni puede ser aséptica. Debemos enfrentar los hechos: a veces es sucia", estimó.
Thomas Wilner, un abogado que asesora a detenidos en la prisión que Estados Unidos instaló en su base de Guantánamo, en la isla de Cuba, planteó, en cambio, que las prácticas de tortura reveladas en la prisión de Abu Ghraib -en Irak- son el "resultado directo de esa cultura de ilegalidad, del sentimiento de que el gobierno no tiene necesidad de regirse por la ley".
Alimentando el debate, un experto del Council on Foreign Relations, Max Boot, comparó recientemente las técnicas de interrogatorio utilizadas sobre los prisioneros sospechosos de terrorismo con los métodos de entrenamientos a los reclutas del ejército estadounidense. "Hay que recordar de qué manera el gobierno estadounidense trata a sus propios soldados antes que escandalizarse demasiado respecto al trato de los terroristas capturados", escribió Boot en un editorial.
El entrenamiento militar incluye largos períodos en posiciones incómodas, largas horas de marcha con equipaje pesado o la privación de sueño, subrayó. "Algunos quedan traumatizados por ese trato, otros son heridos. Algunos incluso mueren", afirmó. *
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