ISABEL SANCHEZ, LA PAZ, AFP
Caminando más de cinco cuadras desde El Palacio Quemado, sede del Gobierno, flanqueado por una guardia de 2.000 mineros y campesinos vestidos con poncho rojo, Morales llegó a la histórica plaza de los Héroes, en el centro de La Paz, para saludar a las decenas de miles de personas que se congregaron desde temprano.
"Vamos a cambiar Bolivia. La sangre derramada por nuestros hermanos no será en vano. Será un gobierno sin muertos", dijo el flamante mandatario desde una tarima erigida en la plaza.
El vicepresidente y ex guerrillero Alvaro García, eminencia gris de Morales, dijo por su parte en su discurso: "Ha llegado el momento de sentirnos orgullosos de lo que somos".
"Ayer fue el último día de miedo en Bolivia. Este país nos ha enseñado que el miedo no es invencible. Que viva este parto, este otro mundo posible", dijo el escritor uruguayo Eduardo Galeano, invitado a subir a la tarima.
Esa plaza fue el escenario principal de la fiesta en que estalló Bolivia ayer, con danzas y música autóctonas en plazas y avenidas de la capital, de ciudades y pueblos del país, para celebrar la asunción de un indígena a la Presidencia.
"Evo presidente, todo el pueblo está presente", coreó un grupo de música andina, mientras el mandatario saludaba a la muchedumbre.
Poco antes tuvo lugar la ceremonia de investidura en el Congreso, en presencia de 10 gobernantes de América Latina, uno de Europa, el heredero de la corona española Felipe de Borbón, el subsecretario de Asuntos Latinoamericanos de Estados Unidos, Thomas Shannon, y otras delegaciones de 50 países y organismos internacionales.
"Ese es nuestro presidente, fue sin corbata a la ceremonia, me hubiera decepcionado mucho si se la hubiera puesto", dijo a la AFP una dirigente indígena que animaba la celebración en la plaza de los Héroes.
También la plaza de Murillo, que alberga los Palacios del Ejecutivo y Legislativo, y la de San Francisco albergaban celebraciones populares y marchas militares.
Una enorme bandera de Bolivia, de franjas roja, amarilla y verde, cubrió la fachada de un edificio frente a la tribuna donde Morales saludó a la población, y en otro costado, una manta gigante muestre los pies de una pareja de indígenas andando y la leyenda "'yuyay Pacha, yuyay wiñay Atiy', con el cambio".
Un cambio es lo que espera, como todo el pueblo indígena, doña Doria Poma, una hermosa indígena de 76 años, de trenzas de un negro intenso que le rozan la cintura y que, para la ocasión, estaba elegantemente enfundada en un manto blanco y una pollera de flores lilas, con un fino sombrero color crema.
"Nosotros, todos los del campo, estamos muy alegres. Sólo espero que no le vayan a hacer daño en la carne propia y que lo dejen gobernar", afirmó la mujer, cuyos tres hijos le han dado 18 nietos. *
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