BAGDAD, AFP
Los gobiernos iraquí y estadounidense trataban de presentar ayer la condena a muerte de Saddam Hussein como un paso adelante en la reconstrucción de Irak, pero los expertos temen que aumente la tensión entre los grupos radicales de la mayoría chiita y la minoría sunita.
"El poder simbólico de Saddam ha salido reforzado con la pena de muerte. Ahora es un mártir en vida", comentó a la AFP Joost Hiltermann, director para Oriente Medio del grupo de reflexión Internacional Crisis Group.
"Tiene todavía una cierta influencia sobre los insurgentes sunitas. Pienso que, una vez muerto, su influencia se borrará rápidamente, pero su ejecución provocará una reacción más fuerte en términos de violencia", predijo.
En diferentes localidades de Irak hubo manifestaciones a favor y en contra del dictador derrocado. Los medios de comunicación iraquíes y regionales las han mostrado una y otra vez, resaltando la creciente fosa que separa a la población más de tres años después de la caída de Saddam Hussein.
Los chiitas iraquíes, mayoritarios en el país pero oprimidos bajo el régimen de Saddam Hussein, expresaron su alegría en Bagdad. Por el contrario, el veredicto encolerizó a numerosos sunitas, la comunidad a la que pertenecía el ex dictador, por lo que les favoreció durante su mandato.
"Las divisiones continuarán. Habrá más sangre, más divisiones y más abismo. El primer ministro y el gobierno serán responsables de ello", declaró un portavoz del jurista sunita Saleh Mutlak.
La sentencia tampoco suscitó una reacción unánime en el seno del gobierno de unidad nacional iraquí.
El primer ministro, Nuri al Maliki, opinó que el veredicto marcaba el final de "un período negro" en la historia de Irak, mientras que el presidente, Jalal Talabani, de visita en Francia, no quiso comentar la condena a muerte de su predecesor.
Por su parte, el Partido Islámico, la principal formación sunita iraquí, estimó que el veredicto no debía ser "explotado políticamente" por el actual gobierno.
Para retirar de Irak a sus 150.000 soldados, Estados Unidos pretende desplegar unos sólidos servicios de seguridad iraquíes, que no están tampoco exentos de divisiones: la policía hizo la vista gorda con frecuencia ayer cuando se violaba el toque de queda impuesto en Bagdad y otras dos provincias.
En la ciudad sunita de Samarra, dos policías llegaron a unirse a un grupo de 200 personas que llevaban un retrato gigante de Saddam Hussein.
"Esperemos que la sentencia no lleve a mayores divisiones entre los iraquíes. Esperemos que no se traduzca en problemas de seguridad", comentó ayer un jurista kurdo, Mahmud Othman.
"Los iraquíes han sufrido graves problemas y esperemos que esta sentencia no añada otros", agregó.
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