QUITO, AFP
"Podemos, efectivamente, llamar en consultas o hasta retirar a nuestro embajador de Bogotá, porque esta es una muestra de hostilidad hacia Ecuador", indicó el canciller saliente, Francisco Carrión, al canal Ecuavisa. El ministro de Relaciones Exteriores, que terminará sus funciones el 15 de enero, también planteó la posibilidad de que Quito deje de recibir desplazados colombianos por la violencia y retorne a los indocumentados.
"Hemos sido suficiente y excesivamente solidarios (...) al recibir tantos colombianos. Aquí hay medio millón que ha venido, la gran mayoría, sin papeles. Y a cambio estamos recibiendo un acto de hostilidad", afirmó Carrión.
Desde Bogotá el gobierno colombiano reclamó, entretanto, la cooperación de Ecuador para combatir el narcotráfico en la frontera, tal como, a su juicio, lo hacen los demás países vecinos.
"Si colaboramos en ambos lados de la frontera para combatir el delito, se va a reducir cualquier incidente", señaló el ministro colombiano de Defensa, Juan Manuel Santos. Por su parte, el presidente electo de Ecuador, Rafael Correa, consideró un abuso la decisión colombiana y advirtió que actuará con firmeza para impedir que "las fumigaciones maten cultivos y aparentemente cultivadores ecuatorianos". "Colombia es un pueblo hermano, pero entre hermanos puede haber abusos: esto es un abuso", declaró Correa poco antes de viajar a Argentina y Chile, donde se entrevistará con los jefes de Estado de esos países.
Ecuador amenazó con la represalia más dura contra Colombia en los últimos años, luego de que el presidente Alvaro Uribe dejó sin efecto el acuerdo por el cual mantenía suspendidas desde hacía un año las fumigaciones de narcocultivos con el herbicida glifosato en una franja fronteriza de 10 km.
Bogotá anunció la reanudación argumentando un aumento sustancial de sembradíos de coca. Según la Policía colombiana, en la frontera existen unas 10 mil hectáreas de esos plantíos (materia prima de la cocaína). Santos señaló que la decisión fue comunicada previamente por Uribe a su homólogo Alfredo Palacio, quien rechaza las fumigaciones, alegando que son nocivas para la salud. Si Quito asume "unos protocolos y una actitud parecida a la de Perú, de total colaboración, se reducirían sustancialmente este tipo de incidentes", insistió.
Sin embargo, Carrión recordó que él mismo viajó a la zona fronteriza y constató los efectos del glifosato en la población y los cultivos legales. El gobierno de Ecuador también restó credibilidad al informe de la OEA en que se apoya Colombia para descartar efectos secundarios del glifosato, y agregó que insistirá ante la ONU para que envíe una misión a la frontera y verifique las secuelas de las fumigaciones. *
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