JOSE LUIS MARTINEZ
El ejército chileno mantiene aún una fuerte influencia en su país pero tiene un mayor compromiso con la democracia y los derechos humanos, lo que fue refrendado en julio de 2004 por una declaración del entonces comandante Juan Emilio Cheyre, quien anunció un 'nunca más' de los militares en la vida política del país.
Al igual que en otras naciones sudamericanos en las cuales reinaron dictaduras en los setenta, la mayor parte de la nueva oficialidad chilena intenta despegarse de ese pasado de plomo y sangre.
Sin embargo hay todavía partidarios del antiguo régimen. El comandante en jefe de la institución, general Oscar Izurieta, decidió reunirse con la cúpula militar este lunes para examinar las tensiones que hay en el Ejército tras la muerte de Pinochet.
Izurieta pidió el jueves la renuncia al recién designado jefe de la guarnición de Santiago, general Ricardo Hargreaves, séptimo hombre en la línea de mando, quien reivindicó la figura de Pinochet en declaraciones a la prensa en Punta Arenas, al sur de Santiago.
La destitución de Hargreaves se produjo 24 horas después de que el comandante en jefe cursara la baja del capitán Augusto Pinochet Molina, quien durante las exequias de su abuelo justificó el golpe de Estado que éste encabezara contra el presidente socialista Salvador Allende, quien se suicidó en el palacio de La Moneda el 11 de setiembre de 1973.
Los militares chilenos mantienen aún una enorme independencia, particularmente para la gestión de sus cuantiosos recursos, buena parte de los cuales obtienen por la ley del cobre, que este año aportará a las arcas castrenses unos 1.200 millones de dólares. La ley que promulgó el desaparecido Pinochet transfiere a las Fuerzas Armadas el 10% de los ingresos del cobre, que es destinado a inversiones en armamento.
El gobierno de la presidenta Michelle Bachelet adelantó que enviará al Congreso un proyecto de reforma de la ley del cobre a más tardar en marzo del próximo año, y avanzaría así hacia una paulatina reducción del presupuesto militar, lo que haría posible reforzar las áreas sociales.
El fuerte aumento en el precio internacional del cobre permitió a las Fuerzas Armadas chilenas convertirse en las mejor equipadas de la región y, entre otras capacidades, adquirir recientemente 28 aviones F-16 para la Fuerza Aérea, dos submarinos y 8 buques para la Armada y más de 100 tanques para el Ejército.
Con este nivel de inversión, Chile es uno de los países de la región que destina mayores recursos a la defensa, con un gasto que en 2005 alcanzó al 3,5% del Producto Interno Bruto (PIB). Ese porcentaje duplica el gasto militar promedio de América Latina, de 1,4% del PIB. Venezuela, otro país que no se queda atrás a la hora de invertir en sus Fuerzas Armadas, disputará el próximo año el lugar de Chile.
El presidente Hugo Chávez gastó este año en Moscú unos 3.000 millones de dólares al comprar 24 aviones cazabombarderos Sukhoi 30MK, 53 helicópteros MI-17 y MI-35 y 100.000 fusiles Kalashnikov AK-103. El acuerdo con Rusia también incluyó la instalación y equipamiento en Venezuela de fábricas de armas y municiones para abastecer al país y, eventualmente, para su exportación. Paralelamente, Caracas destinó unos 2.200 millones de dólares a la compra en España de 8 barcos patrulleros -4 guardacostas y 4 oceánicos-, 10 aviones de transporte C-295 y 2 de vigilancia marítima C-195.
Los gastos militares en la región se incrementaron un 7,2% en 2005, mientras que en Europa disminuyeron en un 1,7% en el mismo período.
Cuando Salvador Allende ganó la presidencia de Chile el Ejército de ese país tenía dimensiones similares a las de hoy, con unos 28.000 efectivos y 70.000 reclutas. Sin embargo se espera que en la etapa post Pinochet la institución sea más flexible en su estructura y tenga menos personal y, por ende, que sea más económica para la sociedad.
El Ejército chileno mantiene todavía las hipótesis tradicionales de guerra con sus vecinos, pero se concentra ahora en las nuevas amenazas a la seguridad: el terrorismo y el narcotráfico. También participa en misiones de paz de la ONU.
Argentina y Chile, que estuvieron al borde de una guerra en 1978, cuando eran gobernados por dictaduras, anunciaron recientemente en Buenos Aires la creación de la primera fuerza binacional para operaciones de paz, que estará bajo la órbita de las Naciones Unidas a partir de 2008.
Tropas chilenas y argentinas integran desde 2003 la Fuerza de Paz de la ONU en Chipre (Unficyp), junto con militares de otras naciones. Militares de ambos países participan además de la Misión de Estabilización de las Naciones Unidas (Minustah) en Haití, que es la fuerza internacional de paz desplegada en 2004 para asegurar la transición en ese país, luego del derrocamiento del presidente Jean-Bertrand Aristide por una rebelión armada.
El Ejército de Chile decidió que operará bajo estándares técnicos de la OTAN, y como consecuencia deberá producir cambios en su capacitación y avanzar hacia un nuevo esquema de distribución geográfica.
En el futuro se instalarán brigadas mecanizadas más pequeñas en puntos estratégicos, poniendo fin a la presencia de regimientos militares cada 100 kilómetros a lo largo de todo el país.
El programa de modernización, aprobado antes del retiro del ex dictador Pinochet como jefe del Ejército en 1998, se desarrolla desde 2000 y hasta 2010. Al concluir, convertiría a Chile en el primer país de la región en poseer Fuerzas Armadas equiparables a las de la OTAN. El plan de renovación de material es de unos 2.500 millones de dólares, según algunas estimaciones.
El millonario plan de modernización de las Fuerzas Armadas (denominado Alcázar en el Ejército, Océano en la Marina y Bicentenario en la Fuerza Aérea) es uno de los más ambiciosos proyectos de renovación de material bélico en la historia reciente de Chile.
No obstante, ante la preocupación manifiesta de países como Perú y Bolivia, el gobierno ha subrayado que no se trata del inicio de una carrera armamentista para poner a Chile a la vanguardia en América Latina sino de la renovación de material que cumplió su vida útil.
En su primera parte, el programa incluye para la Marina la adquisición de dos submarinos nuevos del tipo "Escorpene", con un costo de 500 millones de dólares cada uno, y de ocho fragatas de segunda mano, de un costo conjunto similar.
Cuatro buques fueron comprados a Holanda, dos de ellos antiaéreos tipo Leander de 3.750 toneladas, construidos hace 18 años pero modernizados recientemente.
Para la Fuerza Aérea el plan incluye la compra de 10 cazabombarderos F-16 nuevos a la empresa estadounidense Loockhed Martin, en una operación que tuvo un costo total de 660 millones de dólares.
Entre otras capacidades, los nuevos aviones -dos de los cuales ya llegaron a Chile- alcanzan los 60.000 pies de altura en dos minutos. Los modernos cazabombarderos se suman a los 18 F-16 usados adquiridos recientemente a Holanda, con un costo total de 185 millones de dólares.
Los F-16 holandeses son modelos A/B Block 15 y serán refaccionados para igualar a las versiones más modernas.
En el Ejército el programa consideró la compra de 118 tanques Leopard II a Alemania, por un monto que no fue revelado por el Ministerio de Defensa, aunque alcanzaría los 100 millones de dólares.
El cambio de los militares chilenos irá de la mano de la modernización de las pesadas estructuras castrenses, heredadas de la Guerra Fría, estiman analistas. Pero no habrá cambios bruscos. En el fondo el gobierno de Chile está cómodo con el actual status quo de sus Fuerzas Armadas, sostienen expertos trasandinos. *
El Ejército, en el marco del "Plan Alcázar", recibe 284 tanques Leopard 1, completa la dotación de tanques AMX-30 y moderniza el tanque liviano M-41; incorpora varios cientos de transportes blindados de tropas M-113 y carros especializados afines, transformando parte de la infantería motorizada en mecanizada; compra misiles antiblindaje Mapats de largo alcance y cañones sin retroceso antiblindaje de empleo individual "Carl Gustav" de mediano y corto alcance; potencia la artillería con el sistema múltiple de cohetes LAR-160 de 35 km de alcance, pone en servicio el misil antiaéreo Mistral, incrementa el alcance de 96 cañones M-101 de 105mm y actualiza las piezas autopropulsadas AMX-13 F.3 de 155mm; adquiere modernos ingenios para los ingenieros de combate, mecanizados y de montaña y perfecciona las comunicaciones estratégicas institucionales.
La Armada, en el marco del "Plan Océano", queda equipada con una fragata británica Tipo 22 lote 2; 4 fragatas Tipo Leander modernizadas, 2 submarinos Tipo Oberon, 2 Tipo 209, 4 destructores Tipo County (los Oberon están dados de baja y las unidades "Leander" y "County" se reemplazan por la fragatas británicas y holandesas); potencia la infantería de marina con carros de combate "Escorpión", cañones M-71 de 155mm. para la defensa de costa y renueva el equipamiento individual y vestuario; completa la actualización de 4 lanchas misilísticas "Type 148" y 3 lanchas misileras "Sa'ar 4"; consolida las capacidades de la aviación naval con la puesta en servicio de aviones de exploración aeromarítima P-3ACH "Orión" y helicópteros de exploración aerotáctica y ataque AS-532 "Cougar".
La Fuerza Aérea, tras recibir plataformas con miles de horas de vuelo provenientes de la USAF en los inicios de la transición chilena (UH-1H, C-130B, A-37B), incorpora en el marco del "Plan Bicentenario" 20 Mirage 5MA/MD actualizados según los parámetros de la OTAN; pone término a la modernización de los cazas F-5E/F "Tigre II" en la versión "Tigre III" y los Mirage 50 FC/CH/DCH en los Mirage 50 CN/DCN "Pantera"; completa la producción bajo licencia española del T-36/A-36 "Halcón"; modifica un Boeing 707 en el tanquero "Águila" y otro con tecnología israelí- en el aparato de mando, comunicaciones, control y alerta temprana "Cóndor"; fortalece la especialidad de guerra electrónica y comunicaciones, así como las baterías de defensa aérea con misiles "Mistral" y "Mygale", cañones Oerlikon de 35mm y piezas "Vulcan" remolcadas de 20mm, (M167) y autopropulsadas (M163).
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