BRASIL - AFP
"Terminó el año no con alegría total (...) pero con el sabor del deber cumplido", dijo Lula, que en enero iniciará su segundo mandato, en un encuentro con la prensa.
Los motivos de su satisfacción: haber conseguido la estabilidad macroeconómica, haber sido reelecto y estar planificando un 2007 que debe ser de mayor crecimiento, sin perder de vista la seriedad fiscal.
"Espero que (el año próximo) sea un año de más desarrollo económico, pero con mucho control de la inflación y mucha seriedad en la política fiscal", dijo el ex líder sindical, de 61 años.
También hizo votos para que sus relaciones con la prensa mejoren, después de momentos de tensión en las que atribuyó a campañas en su contra las denuncias de corrupción que desde 2005 forzaron la renuncia de sus principales colaboradores en el gobierno y en el oficialista Partido de los Trabajadores (PT, izquierda).
Ahora, Lula dijo que se siente "bien tratado" por los medios, y que por eso tratará de "ser más cordial" en los próximos años.
Aun así, recuerda que durante la campaña electoral "algunas entrevistas parecían más una inquisición que una entrevista", pero se resigna pensando que eso "forma parte de la cultura política de Brasil".
Lula quiso ser reelecto, aunque ya haya verificado en carne propia la máxima de que el poder aísla.
En los últimos cuatro años, confesó, no fue a ningún cumpleaños, a ningún casamiento ni a una cena con amigos, y suele pasar los momentos de descanso recluido con su esposa Marisa.
Eso ocurre en parte por el temor de complicar la vida de sus allegados a causa de las medidas de seguridad que implican sus desplazamientos, pero también porque no quiere crear envidias, pues si invitara a tal o cual colaborador, otros se sentirían relegados.
"Conozco al ser humano", dice Lula, que también aprendió, como suele repetir, que se gobierna con los partidos que se tiene y no con los que se desea.
Por eso, cuando le preguntan si es de izquierda, responde: "Si ser de izquierda es defender las cosas que yo defiendo en el área social, soy de izquierda".
"Pero mi gobierno no es un gobierno de izquierda; es un gobierno que gobierna en función de la correlación de fuerzas políticas en la sociedad, con fuerte inclinación para la atención de las demandas sociales, que es para eso que el pueblo me eligió y yo, por eso, quedo feliz", subrayó.
Por eso, está orgulloso de que uno de los últimos actos de su primer mandato haya sido el de aumentar el salario mínimo 8,50%, el doble de lo que le recomendaban sus ministros del área económica.
Pero su anhelo va más allá de mejorar la vida material de las mayorías pobres del país, que le aseguraron en la segunda vuelta una reelección masiva, con 61% de los votos.
"Mi sueño es crear un nuevo tipo de relación entre el Estado y la sociedad", basado en el respeto mutuo y en una mayor autoestima de todos, afirma. *
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