Sábado, 12 de mayo, 2007 - AÑO 9 - Nro.2546
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El Papa en Brasil

LA VISITA de Benedicto XVI a Brasil -la primera a América- reviste indudable importancia. Brasil es el país con mayor número de católicos del mundo, a pesar de que su número se ha reducido de 74% a 64% en los últimos diez años, desde la gira de Juan Pablo II, mientras los evangélicos aumentaron de 11 a 17% de la población. La ceremonia de canonización de Fray Galvâo, el primer santo brasileño (el de las "píldoras milagrosas"), reunió un millón de personas en el aeródromo de Campo de Marte, en San Pablo. Luego de su encuentro con los jóvenes en Pacaembú y su homilía ante los obispos brasileños inaugurará el domingo en Aparecida la V Conferencia de Obispos de América Latina y el Caribe (Celam), donde planteará sus orientaciones para Brasil y el continente.

 

Lucha contra el hambre  y el polémico aborto

Las informaciones subrayan que el presidente Lula ­que recibió al pontífice en su llegada a San Pablo- hizo énfasis en la lucha del gobierno contra el hambre y la pobreza, expresada en el programa Hambre Cero y la Bolsa Familia en el país y a la vez proyectado al ámbito mundial. Solicitó la colaboración del Papa para que este problema asuma alcance internacional, tal cual él mismo lo expuso ante Naciones Unidas y otros ámbitos.

Un tema que suscitó aguda polémica desde el discurso inicial del Papa en el aeropuerto fue el del aborto. Fue objeto de numerosos comentarios la frase en que abogó para que el cónclave a inaugurarse mañana asuma posiciones por "el respeto a la vida desde su concepción hasta su natural declive". Esto fue interpretado por múltiples sectores sociales como un claro mensaje contra el aborto y como una intromisión en temas internos de los ciudadanos brasileños. El asunto está sometido a viva discusión.

El ministro de Salud, José Gomes Temporâo, defiende el aborto y se declara partidario de someterlo a plebiscito. A su juicio, la posición anti-aborto tiene una fuerte impronta machista, entre otras cosas.

El tema no fue promovido en la conversación privada del pontífice con el presidente brasileño. Se señaló que esta posición del Papa se vio exacerbada por la decisión de despenalizar el aborto adoptada en abril por la gran mayoría de las autoridades del Distrito Federal de Ciudad de México. Benedicto XVI respaldó la amenaza de excomunión proferida por los obispos mexicanos contra los legisladores que votaron la legalización del aborto. En un órgano de opinión se afirma que en su primer discurso, "el Papa extrapoló", y se agrega: "Somos un pueblo hospitalario y tolerante. Pero el Santo Padre fue inoportuno cuando, apenas pisó suelo brasileño y en presencia de los representantes del Estado formuló indicaciones sobre valores morales y la criminalización o no del aborto. En Brasil, quien define soberanamente en esta materia es el pueblo".

 

Un estado laico

Y no sólo en ésta, según dicha opinión. "El aborto, así como el carácter laico de nuestra escuelas públicas, y las campañas de prevención del sida que hacemos con éxito mundialmente reconocido, son cuestiones que compete a los brasileños resolver", incluyendo también en la nómina el uso del preservativo, las uniones de los homosexuales (que protestaron por la visita), el divorcio y similares. Se indica, respecto al debate mundial sobre el aborto, que Portugal proscribió la interrupción voluntaria del embarazo en un referéndum en 1998, pero después cambió de opinión y lo legalizó en el referéndum del 11 de marzo pasado. Cabe agregar también -sobre la lucha contra el sida- la trascendencia de la resolución adoptada días pasados por Brasil de quebrar la patente del medicamento adquirido en un laboratorio norteamericano y comprarlo tres veces más barato a la India para ofrecerlo gratuitamente a todos los portadores de VIH.

En el encuentro tête à tête el presidente Lula reafirmó la vocación laica del Estado brasileño. "Nuestro empeño es preservar y consolidar el estado laico", sostuvo. Los cometidos de la religión se ejercen en otras esferas.

 

Leonardo Boff y la Teología  de la Liberación

Como cardenal, Joseph Alois Ratzinger dirigió durante 24 años la Congregación de la Doctrina de la Fe (antes llamada Sacra Congregación de la Inquisición Universal, o Santo Oficio), que combatió duramente la Teología de la Liberación, fuertemente enraizada en Brasil. Uno de los principales ideólogos de esta corriente, el sacerdote brasileño (y gran escritor) Leonardo Boff fue silenciado en 1985 por esa autoridad eclesiástica. Por eso interesa particularmente su opinión.

Lo primero que se destaca en su análisis de la actual coyuntura es su elevado punto de mira. Define a Benedicto XVI como "el típico teólogo académico alemán", que adopta la visión "de los países hegemónicos del mundo (y) no la óptica de los pobres y oprimidos". Después de consideraciones de orden teológico, sostiene que una concepción distinta "permitiría ver en el mundo moderno, como hizo el Concilio Vaticano II (1985), grandes valores como los derechos humanos, la democracia, el trabajo, la ciencia y la técnica. Del anatema la Iglesia pasaría al diálogo. Podría asociarse a todos los seres humanos de buena voluntad para buscar una verdad más plena".

Termina formulando un deseo: "Bien podría ser que, ante nuestra realidad, vea las cosas buenas que están siendo hechas para sacar a las personas de las consecuencias de una modernidad perversa que negó a tantos los derechos, la justicia y la vida". *


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