BUENOS AIRES, IPS
La economía argentina crece sin pausa desde hace más de cuatro años y la desocupación cayó 14 puntos porcentuales en ese lapso. Sin embargo, expertos alertan que, debido a una política laboral estéril y anacrónica, aún 44 % de los empleos son de mala calidad.
El producto interno bruto de Argentina ha aumentado a un promedio anual de 9% desde 2003, mientras que la desocupación abierta se ubicó en el primer trimestre de este año en 9,8 % de la población económicamente activa, según el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec). Tras el colapso de 2001, la desocupación había superado el 24%.
No obstante, el aumento del número de puestos laborales no redunda en igual medida en la mejora de la calidad de los empleos.
El porcentaje de trabajadores no registrado es todavía de 44%, apenas seis puntos porcentuales por debajo del momento de eclosión de crisis la económica, social e institucional que se llevó en diciembre de 2001 al presidente Fernando de la Rúa, cuando sólo había cumplido la mitad de su mandato de cuatro años, a renunciar.
"La lucha contra el desempleo no conduce de por sí a la baja del empleo precario", advirtió a IPS Noemí Giosa Zuazúa, del Centro Interdisciplinario para el Estudio de Políticas Públicas.
¿Quiénes son esos trabajadores? Muchos operan en grandes industrias como la construcción, la textil o la del cuero, en empresas públicas privatizadas o en oficinas del Estado, en calidad de pasantes o contratados. Pero hay también camareros, empleadas domésticas, encuestadores, repartidores en moto o empleados de centros de atención al cliente.
Este proceso de precarización del desempleo llegó de la mano de la flexibilización laboral que se instauró junto con las profundas reformas estructurales de corte liberal implantadas en este país y en el resto de América Latina desde la década del 80 y que terminó de imponerse gracias a la globalización, según análisis de expertos de la región. *
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