WASHINGTON - PL - AFP
El texto forma parte del documento desclasificado por la CIA, denominado "Joyas de la Familia".
Según uno de los memorandos, el funcionario de la CIA Richard Bisell contactó en agosto de 1960 al coronel Sheffield Edwards, para determinar si la Oficina de Seguridad de la Agencia disponía de alguien que pudiera asesorar en una misión delicada "de tipo gansteril".
"El objetivo era Fidel Castro", precisa el documento, que en uno de sus puntos aclara que el plan era extremadamente delicado por lo que sólo un grupo pequeño fue informado.
Robert Maheu, una fuente segura de la Oficina de Seguridad, sugirió el nombre de Johnny Roselli, un miembro de la mafia.
Fue el propio Maheu quien se encargó de hacer la propuesta a Roselli el 14 de septiembre de 1960 en el hotel Hilton Plaza de Nueva York.
A los ejecutores del plan se les haría creer que los promotores de la iniciativa eran empresas perjudicadas por las políticas de Castro que querían eliminarlo, y se les dejaría claro que "el gobierno de Estados Unidos no estaba, y no debería estar, enterado de esta operación".
Aunque en un inicio el mafioso se negó a involucrarse en el plan de asesinato, tras ser persuadido por sus interlocutores dijo estar dispuesto a presentarles a un amigo suyo nombrado Sam Gold, vinculado a "gente cubana".
Durante la semana del 25 de septiembre se produjo la primera plática entre Maheu, Gold y otro individuo identificado como Joe, quien a la postre resultó ser el conocido mafioso Santos Traficante.
Gold, cuya verdadera identidad era Momo Salvatore Giancana, y Traficante, estaban en la lista de los 10 hombres más buscados por el Fiscal General de Estados Unidos.
"El primero era considerado como el jefe de la Cosa Nostra en Chicago, sucesor de Al Capone, y el segundo jefe de la Cosa Nostra para las operaciones contra Cuba".
Giancana alegó estar en desacuerdo con asesinar a Fidel Castro utilizando armas de fuego, por los problemas que ello pudiera acarrear, y sugirió suministrarle algún tipo de píldora en la bebida o en la comida.
Las pastillas letales fueron entregadas por Traficante al cubano Juan Orta, señalado por él como "un funcionario cubano que había estado recibiendo sobornos de los juegos de azar, que todavía tiene acceso a (Fidel) Castro, y tiene problemas financieros".
Luego de varias semanas de intentos, Orta "se echó atrás y pidió que se le relevara, el hombre pidió ser retirado de la operación, pero "sugirió a otro candidato que hizo varios intentos sin éxito".
Según el texto, uno de los principales miembros de la Junta Cubana en el exilio, el doctor Anthony Verona, se ofreció luego a "manejar la misión con sus propios recursos".
De acuerdo con los archivos, "el potencial del doctor Verona nunca fue totalmente explotado, ya que el proyecto fue cancelado poco después del episodio de Bahía de Cochinos", cuando tropas cubanas vencieron a efectivos armados y entrenados por la CIA, que desembarcaron el 17 de abril de 1961 en Bahía de Cochinos, a unos 200 km de La Habana, y se rindieron tras 72 horas de feroces combates.
"Verona fue informado de que la oferta fue retirada, y las píldoras fueron encontradas", señala la CIA:
El plan había fracasado.
Ni Johnny Roselli ni Sam Gold querían dinero por participar del plan para matar a Castro, indican los archivos.
"Ninguno de estos individuos recibió pagos con fondos de la Agencia" Central de Inteligencia (CIA), añaden. *
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