ISLAMABAD - AFP - ANSA
Las explosiones y las ráfagas se sucedían aún al caer la noche dentro del recinto religioso, tras 16 horas de combates encarnizados, sin que se supiera nada de la suerte de mujeres y niños atrincherados en el interior, y que según el gobierno, eran rehenes de los islamistas.
"Es una ofensiva final para limpiar el lugar de sus militantes armados", declaró el portavoz del ejército, el general de división Waheed Arshad, poco después del asalto, que se inició antes de las 5 locales.
Las ambulancias iban y venían en los alrededores de la Mezquita, un lugar altamente simbólico para los musulmanes paquistaníes, mientras que los extremistas, algunos presuntamente vinculados a Al Qaeda y a los talibanes, mostraban una feroz resistencia, con armas automáticas y lanzagranadas.
El clérigo Ghazi, de 43 años, murió en un confuso incidente durante el asalto, declaró a la AFP un portavoz del ministerio del Interior.
"Fue descubierto en el sótano y le pidieron que saliera. El salió con cuatro o cinco militantes que continuaron disparando contra las fuerzas de seguridad", afirmó a la AFP el general de brigada Javed Cheema, corrigiendo su anterior relato del incidente.
"Las tropas respondieron y él murió en el tiroteo", explicó, aunque inicialmente había señalado que los propios islamistas lo habían matado.
El cuerpo del clérigo, que había negociado indirectamente con el gobierno tan sólo horas antes, a través de mediadores, yacía aún en el lugar de la refriega, explicó el portavoz.
"Hay cadáveres por todas partes", indicó un hombre atrincherado en la mezquita e interrogado por la AFP.
Durante una breve pausa se rindieron unas 50 personas.
Las fuerzas de seguridad registraban una a una las 75 piezas que tiene el complejo.
El hermano de Ghazi, el líder de la Mezquita Roja, Abdul Aziz, fue capturado el miércoles cuando trataba de escapar del complejo fortificado vestido con una burka de mujer.
Según las autoridades, unos 100 militantes comandados por personas vinculadas a Al Qaeda tomaron el control de la mezquita y retenían entre 300 y 400 estudiantes, entre los cuales hay mujeres y niños, como "escudos humanos".
Sin embargo, el jefe de los irreductibles siempre desmintió tener rehenes.
Según el general Arshad, no se registró ninguna explosión suicida dentro del complejo.
Por su parte, Ghazi había afirmado que 1.800 personas se encontraban con él y que habían prometido morir como mártires antes que rendirse. Su sangre desencadenará "la revolución islámica", prometió Ghazi.
El asalto de las fuerzas de seguridad paquistaníes a la Mezquita Roja oculta en realidad un combate de mayor envergadura para frenar la propagación del fundamentalismo, estimaban varios analistas.
"La tendencia (al extremismo) se ha vuelto más amenazadora. En lo sucesivo amenaza realmente la seguridad interna del país", consideró Rasool Bakhsh Raees, politólogo de la Universidad de Administración y Ciencias de Lahore, en el este de Pakistán.
Si el gobierno hubiera autorizado a los extremistas salir del recinto y quedar en libertad "habría fortalecido la moral de los radicales y dañado la imagen de Musharraf en Occidente", explicó Jaffar Ahmed, responsable de estudios paquistaníes en la Universidad de Karachi, en el sur del país. *
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