JOSE LUIS MARTINEZ
Ambas naciones vivieron periodos de tensión y distensión. La divergencia ideológica entre los dos regímenes, además de los límites entre ambos países, que nunca han sido reconocidos totalmente por Corea del Norte, están entre las causas del conflicto.
El régimen comunista se encuentra al borde del colapso, con más de 300.000 refugiados que han huido de la falta de alimentos --desde 2001 a 2003 cuatro millones de personas han muerto de hambre-- y la falta de libertades, según denuncia la ONU. El fantasma de la guerra nuclear aún planea sobre una zona caliente, próxima de China y Japón, y con más de 30.000 soldados estadounidenses desplegados en los alrededores.
La península coreana ha sufrido numerosas invasiones a lo largo de su historia. Perteneció a China hasta 1895 y disfrutó de 15 años de independencia, hasta que en 1910 fue anexada al imperio japonés. Con la derrota de Japón en la II Guerra Mundial, la URSS y EEUU ocupan Corea. En 1948 se establece la República Popular Democrática de Corea en la zona norte, bajo la influencia soviética, y la República de Corea en la zona sur, bajo el protectorado de Estados Unidos.
El 25 de junio de 1950 Corea del Norte ataca Corea del Sur. La ONU condena este hecho y fuerzas estadounidenses y surcoreanas rechazan el ataque, haciendo retroceder al ejército norcoreano a posiciones próximas a la frontera con China. Este país interviene en el conflicto con 100.000 soldados y obliga a replegarse a las fuerzas de la ONU hasta el Paralelo 38. Las negociaciones de paz se prolongan durante dos años, hasta que en 1953 se firma un armisticio, estableciéndose una zona desmilitarizada de cuatro kilómetros en la frontera. El balance de la contienda fue desolador: cerca dos millones de personas murieron. Los dos estados oficialmente nunca han rubricado la paz y técnicamente siguen en guerra.
Desde entonces, ambos países han vivido una serie de encuentros y desencuentros con múltiples crisis diplomáticas y escaramuzas militares. Con la caída del comunismo, a finales de los años 80, Corea del Norte dejó de recibir ayuda de Moscú y otros países de Europa del Este. La crisis económica provocó que millones de personas murieran de hambre y una gran masa de refugiados en China. Actualmente la situación sigue siendo grave y un gran número de norcoreanos se ve obligado cada día a huir de su país.
El proceso de acercamiento entre norte y sur tuvo su primer encuentro en junio de 2000, cuando ambos países firmaron un histórico acuerdo.
El ex presidente surcoreano y premio Nobel de la Paz, Kim Dae-jung, cruzó por primera vez el denominado "muro de Berlín de Asia", o sea, la frontera intercoreana, y fue aclamado por los "súbditos" del "Querido Líder", como llaman al dictador norcoreano.
Aquel encuentro se tradujo en algunas reunificaciones de familias separadas por la guerra y un aumento de los intercambios comerciales de 13 millones de dólares en 1990 a 1.300 millones en 2006.
Además, a partir de entonces, unos 1.000 turistas surcoreanos cruzan diariamente la frontera más militarizada del mundo -abierta por primera vez desde 1953- y vigilada por un millón de soldados, para ir a la nación hermana del norte, una de las más pobres y con uno de los regímenes más represivos y herméticos del planeta.
Sin embargo, esta dinámica se ha estancado debido a problemas internos y especialmente al contexto internacional. EEUU ha acusado a Corea del Norte de promover el terrorismo y de la reactivación de su programa de armas nucleares, integrándole dentro de los países que forman el llamado eje del mal. Desde entones, Corea del Norte, reconoció el desarrollo de un programa nuclear secreto.
En octubre de 2006, el Gobierno de Pyongyang anunciaba su primera prueba nuclear. Corea del Norte dijo haber llevado a cabo "con éxito" y de forma "segura" un primer ensayo subterráneo que, según su vecino del sur, provocó un movimiento sísmico a las 10.36, hora local de Seúl.
"El test nuclear ha sido realizado al 100% con nuestro conocimiento y nuestra tecnología", anunciaba oficialmente la Agencia Central de Noticias norcoreana (KCNA).
El Ministerio de Defensa surcoreano, por su parte, detectaba "el sonido de una explosión procedente de Hwadaeri, cerca de Kilju, en la provincia de Hamgyong Septentrional", según reportaba la agencia Yonhap.
El régimen comunista alertó a China de la prueba con 20 minutos de antelación, un aviso que Pekín trasladó de forma inmediata a Washington, Tokio y Seúl.
En el momento de la explosión subterránea, el Instituto de Geociencia y Recursos Minerales surcoreano detectó un temblor de tierra de una magnitud de 3,58 grados en la escala de Richter.
Por otra parte, el Instituto Nacional Geofísico de EEUU (USGS) midió un movimiento sísmico de magnitud Mw 4,2 registrado en Corea del Norte, concretamente a unos 385 kilómetros al noreste de Pyongyang, a 70 kilómetros al norte de Kimchaek y a 90 kilómetros al suroeste de Chongjin.
Además, el Centro de Datos del Tratado para la Prohibición de Pruebas Nucleares (CTBT) confirmaba en Viena que su sistema de vigilancia internacional registró una explosión no especificada de magnitud 4 en Corea del Norte.
Corea del Sur, Japón, EEUU y China, entre otros países, condenaron de inmediato la prueba norcoreana.
El ensayo nuclear indicó los límites de la influencia china sobre norcorea, y terminó con la paciencia de Pekín, después de haberse jugado su prestigio diplomático como anfitrión de las conversaciones a seis bandas desde 2003, explica Fernando Delage, miembro del Consejo Asesor de la revista española de Política Exterior.
El Consejo de Seguridad de la ONU también votó una condena, e instó al régimen comunista a desistir de sus intenciones y retornar al diálogo junto con Corea del Sur, Japón, China, EEUU y Rusia para resolver la crisis.
Las negociaciones públicas y secretas continuaron, y finalmente el presidente surcoreano, Roh Moo-Hyn, y el líder norcoreano, Kim Jong Il, se reunirán en Pyongyang del 28 al 30 de agosto.
Corea del Sur precisó que esta cumbre fue propuesta por el Norte, que probó su primera arma nuclear en octubre pasado, pero que se dispone a poner fin a su programa atómico en conformidad con un acuerdo firmado con otros cinco Estados.
Kim Man-bok, el jefe del Servicio de Inteligencia de Corea del Sur, visitó secretamente Corea del Norte en dos ocasiones a principios de este mes para preparar esta cumbre. El 5 de agosto se pactó el nuevo encuentro.
El mes pasado, Corea del Norte cerró su reactor de Yongbyon, que producía plutonio para bombas atómicas. Se ha comprometido a poner fin a sus programas nucleares en forma permanente en conformidad con el acuerdo internacional concluido el 13 de febrero en Pekín, luego de las negociaciones entre las dos Coreas, Japón, China, EEUU y Rusia.
A cambio, Corea del Norte recibe ayuda energética por valor de cientos de millones de dólares y beneficios en materia diplomática y de seguridad. La ayuda alimenticia y contraprestaciones energéticas (hasta un millón de toneladas de petróleo y otro millón de kilowatios) ofrecidas a Pyongyang pueden ser un precio razonable por conseguir el desmantelamiento del programa nuclear norcoreano, sostiene Rafael Bueno, profesor del módulo de Asia en el Master en Relaciones Internacionales y Comunicación de la Universidad Complutense de Madrid.
Sin embargo, cada vez son más las voces surcoreanas que critican las multimillonarias ayudas económicas al régimen de Pyongyang sin que éste se desarme totalmente o mejore la penosa situación de los derechos humanos en su territorio.
Hay críticos que han dicho que celebrar la cita cumbre ahora, antes de que Corea del Norte haya comenzado a desmantelar sus instalaciones nucleares, resulta prematuro. Algunos analistas dudaban de que el encuentro produzca algún avance mayor en la disputa nuclear y hay quienes, como Hong Kwan-hee, que sostienen que "la cumbre fue arreglada para cambiar el ambiente político en Corea del Sur y ayudar a las fuerzas liberales a conservar el poder en las próximas elecciones", apuntó Choe Sang-Hun en International Herald Tribune.
Corea del Norte siempre ha tenido gran presencia en el Sur en años electorales. Las tensiones militares tienden a desplazar a los votantes hacia los candidatos conservadores, mientras que gestos de reconciliación tienden a ayudar a los liberales, explican los expertos.
Pero lo cierto es que el programa nuclear será uno de los temas de la agenda, así como la posible firma de la paz entre los dos países. Los líderes coreanos pretenden fijar bases para que las cumbres intercoeranas sean periódicas y se celebren con todos los gobiernos sucesivos divididos por el Paralelo 38.
"Kim Jong Il y Roha probablemente anunciarán una declaración de paz que servirá de propaganda para Seúl antes de las elecciones y a cambio de la cual aumentará la ayuda económica" a Pyongyang, explicó Hong Kwan Hee, jefe del Instituto surcoreano de Seguridad Estratégica.
Para Jun Bong Geun, experto del Instituto de Relaciones Internacionales surcoreano, la cumbre es prematura ante la falta de pruebas de que Pyongyang vaya a cumplir de verdad su compromiso de desnuclearizarse. *
Japón, que mantiene tensas relaciones con Corea del Norte, expresó sus esperanzas de que la próxima cumbre entre las dos Coreas sirva para promover la paz en la península y la región. "Japón espera que la cumbre favorezca los esfuerzos de las naciones afectadas para lograr la desnuclearización de la Península de Corea y una paz y estabilidad duraderas para el noreste asiático", dijo el portavoz del gobierno, Yasuhisa Shiozaki.
La Casa Blanca celebró el evento como una contribución a la paz y a la desnuclearización de la península. "Apoyamos sin lugar a dudas el diálogo intercoreano", dijo ante la prensa el portavoz de la Casa Blanca, Tony Snow. "Es una manera de contribuir a la paz y la seguridad. El gobierno surcoreano nos consultó sobre este tema. Es una posibilidad continuar con los progresos logrados gracias a las discusiones entre los seis para la desnuclearización" de Corea del Norte, añadió.
El director del Centro de Estudios Coreanos del Instituto del Lejano Oriente (Academia de Ciencias de Rusia), Alexandr Zhebin, considera que la cumbre intercoreana puede sanear la situación en la península coreana y fortalecer la seguridad de Rusia, que busca eliminar el foco de tensión que tiene a su lado desde que terminara la guerra fría. "La península de Corea podría ser entonces el lugar donde arrancarían procesos globales de desarrollo e integración económica, en los que Rusia tomaría la parte más activa", dijo.
Comentarios (beta!)