Viernes, 17 de agosto, 2007 - AÑO 9 - Nro.2642
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Rescatistas, en una carrera contra el tiempo en busca de sobrevivientes

PISCO, AFP

Los bomberos del puerto peruano de Pisco cumplían ayer una carrera contra el tiempo para intentar rescatar a un número indeterminado de personas que permanece bajo los escombros de la iglesia de San Clemente, que se derrumbó la víspera tras un fuerte sismo.

Luego de varias horas de trabajo, cerca del mediodía los bomberos dieron una primera satisfacción con el rescate de una mujer y luego de otras cinco personas, que de inmediato fueron evacuadas a un hospital de esta ciudad, 240 km al sur de Lima.

Pero antes de ello, los bomberos tuvieron que pasar horas de frustración e incluso enfrentar la cólera de los ciudadanos iqueños, que no sólo les pedían celeridad en la tarea, sino que intentaron realizar el rescate por su propia cuenta.

Los pobladores, que decían que escuchaban lamentos debajo de los escombros, intentaron ingresar y a hacer el rescate por su cuenta en la iglesia, de la cual sólo quedaban en pie el frontis y las cúpulas laterales, pero al fin fueron disuadidos por los rescatistas, quienes les señalaron que hacer un salvamento por su cuenta sólo aumentaba el peligro.

"No queremos más muertos", gritaban los socorristas.

La víspera, el terremoto de 7,7 grados en la escala Richter sorprendió a los fieles en plena misa de Difuntos. Según testigos, la iglesia de San Clemente, una construcción del siglo XVIII, estaba bastante colmada, y en el momento del sismo todos intentaron salir, pero no todos lo lograron.

No se conoce el número de cadáveres recuperados de ese lugar. Pero frente al templo, en plena plaza mayor de Pisco, unos 50 cadáveres tirados en el suelo esperan ser identificados, o por lo menos llevados a una morgue. Algunos de esos cuerpos corresponden a personas que estaban en la iglesia.

Frente a los restos de la iglesia, que parece que fuera a caerse por completo, Roberto Dávalos, un hombre que pasa los cincuenta años de edad, espera con resignación y esperanza el trabajo de los bomberos.

"Ya sacaron a seis personas y por eso espero que mi madre y mi hermana, que estaban adentro, salgan con vida", dijo Dávalos a la AFP.

Dos hechos interrumpieron por un momento la actividad frenética de los rescatistas: la primera vez fue cuando se sintió una de las más de cien réplicas que siguieron al sismo.

En ese lugar, a unos 5 kilómetros del mar, se empezaron a escuchar los gritos de "tsunami, tsunami", lo que era evidentemente una falsa alarma.

Luego vino la visita del presidente Alan García, quien llegó hasta el lugar acompañado por algunos de su partidarios.

García llegó en un avión militar a Pisco y de inmediato recorrió a pie las calles repletas de escombros, mientras decenas de damnificados se acercaban a pedirle ayuda.

"Presidente necesitamos ataúdes", le rogó un poblador cuando García se detuvo conmovido en la plaza principal ante la fila de cadáveres en el piso.

García indicó que habían enviado 150 cajones pero que había demora porque la única carretera que conecta Lima con Pisco fue bloqueada por los derrumbes.

"Yo no me voy de acá hasta solucionar sus problemas", dijo el presidente dirigiéndose a los damnificados, que insistían desesperados con sus pedidos de ayuda. *


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