NIKO SCHVARZ
LA DECLARACIÓN FINAL otorga "alta prioridad a la cooperación para el comercio y la inversión" entre ambas regiones, tan distantes geográficamente y diferenciadas en múltiples aspectos, y cuyo intercambio comercial recíproco alcanzó un millón de millones de dólares en el año 2005.
En la intervención del presidente Lula en la apertura de la reunión se diseñó una visión global del mundo actual, en el cual habrá de insertarse la acción de los participantes en materia de comercio, inversiones, desarrollo y diálogo político. Comenzó por recordar su participación en el Foro Social Mundial en Porto Alegre y a la vez en el Foro Económico Mundial de Davos, historió la labor por fortalecer y ampliar el Mercosur, y aquí introdujo una frase fundamental: "Estamos esperando que el Senado brasileño tome una decisión para el ingreso de Venezuela. Desde el punto de vista político nosotros ya adoptamos la decisión. Queremos además incorporar otros países, como Bolivia y Ecuador".
Aludió luego a un conjunto de acciones emprendidas por su gobierno que reflejan el dinamismo de la política exterior brasileña y sus efectos en el Mercosur: lo que definió como "el redescubrimiento de África", con 17 países visitados en el primer mandato en una retribución histórica, por lo que los africanos representaron en la formación del pueblo brasileño; el encuentro de América del Sur con el Oriente Medio, también en Brasilia; la primera reunión de América del Sur con África, que será seguida de una reunión en Marruecos entre nuestra región y los países árabes. Se detuvo en la creación del G-20 en la reunión de Cancún como "una forma de organización mínima para enfrentar las discusiones de la Ronda de Doha". Estimó que "el G-20 alcanzó una importancia tan grande que parece poco probable que las negociaciones en la OMC puedan proseguir sin tomarlo en cuenta". A su juicio, "estamos caminando para llegar a un acuerdo" que, aunque no represente en su totalidad las aspiraciones de los países del sur, pueda deparar beneficios a los más pobres, sobre la base de que los países más ricos hagan determinadas concesiones (en materia de subsidios) que permitan reequilibrar un tanto el comercio mundial. Se empeñó en aventar todo escepticismo, enfatizando la decisión de no abandonar la lucha, comprometer a los mandatarios en la misma, entrelazar los vínculos personales y combatir los males de la burocracia.
A esta altura, aludió a un tema de profundo contenido ideológico. Dijo que durante más de medio siglo estuvimos dominados por la cultura de la bipolaridad del mundo. Y cuando esta realidad cambió radicalmente, nos hizo falta iniciativa política, y tardamos en valorar el potencial de América Latina y de los países del sur entre sí. Tomó como ejemplo la crisis de los créditos inmobiliarios en EEUU, con sus repercusiones mundiales, y dijo que los ministros de Economía y las autoridades de los bancos centrales de nuestros países debían reunirse y discutir en función de nuestros propios intereses. Reflexionó sobre lo que hubiera acontecido en Brasil, en Argentina, en Uruguay, si esa crisis se hubiera producido unos años atrás, pero hoy "estamos aquí, saludables, porque hemos venido actuando con gran responsabilidad" desde el gobierno.
Otra definición importante: "antes nos pasábamos pensando en la posibilidad de hacer acuerdos con EEUU". Brasil estaba de espaldas a Argentina, Uruguay, Paraguay, Bolivia, y recíprocamente. Hoy vemos que las posibilidades son inmensas, surgen China y la India con potenciales extraordinarios, se suma la pujanza de Corea, la ampliación del Canal de Panamá va a facilitar en gran medida los intercambios; en suma, debemos buscar las convergencias entre nosotros para dar pasos adelante.
El encuentro concluyó que, si bien el comercio entre los 33 países se triplicó con creces en los últimos nueve años, América Latina representa apenas el 3% del comercio de Asia del Este con el mundo, y visto desde América Latina el porcentaje se sitúa en 9,6%. Las posibilidades de expansión son significativas. El canciller Celso Amorim abogó por una conclusión exitosa de la Ronda de Doha, habida cuenta de que Brasil, China, Indonesia y Argentina son miembros del G-20, que lucha contra los subsidios agrícolas de EEUU y Europa. Los 33 países coincidieron, como se estampa en la declaración final, en "una visión común de que es necesaria una rápida, equilibrada y exitosa solución de la Ronda de Doha". Reclamaron asimismo que ese acuerdo cumpla con los objetivos de la "Agenda del Desarrollo", satisfaciendo las necesidades de las naciones pobres y emergentes.
Brasil coloca materias primas en Asia del Este y está interesado en la venta de etanol a partir de la caña de azúcar. La declaración final promueve el interés en "intercambiar experiencias en el desarrollo de nuevas fuentes renovables de energía".
Al margen del Focolae se reunieron en Brasilia, por primera vez, los miembros del Mercosur y la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (Asean) en un encuentro copresidido por el canciller Reinaldo Gargano de Uruguay, presidente pro témpore del Mercosur, y su homólogo de Singapur, actual presidente de la Asean, que sentó las bases de una cooperación más próxima entre las dos regiones. Singapur aceptó la invitación uruguaya de participar en la cumbre del Mercosur que tendrá lugar en diciembre en Montevideo. Son ejemplos concretos de la cooperación sur-sur y del campo abierto a su expansión. *
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