NIKO SCHVARZ
TRAS LA AUDIENCIA del 20 de agosto ante la Corte de Apelaciones de Atlanta, los abogados de los cinco cubanos (Gerardo Hernández, René González, Antonio Guerrero, Ramón Labañino y Fernando González) declararon que en esta instancia, al igual que en las dos anteriores (marzo 2004 y febrero 2006) de este proceso de apelación, "el gobierno de EEUU fue incapaz de refutar los argumentos de la defensa y sustentar sus acusaciones". El próximo 12 de setiembre los cinco cumplirán 10 años de prisión "acusados de crímenes que no cometieron, sólo por el hecho de intentar preservar a Cuba de acciones terroristas", un legítimo derecho de cualquier país.
Agregan que "el propio Gobierno (de EEUU) reconoció en el juicio que no podía presentar un solo documento secreto para probar el espionaje y se enfrentaba a 'un obstáculo insuperable' para probar el cargo de asesinato". La conclusión es que "su verdadero propósito era proteger a los grupos terroristas anticubanos que operan con total impunidad desde Miami y castigar a quienes luchan contra ellos".
En su reciente Reflexión, titulada "Derrota moral sin precedentes del imperio", Fidel Castro recoge el espíritu de esta declaración, destaca la importancia de la presencia en la audiencia de 73 personalidades mundiales y añade esta comparación: "En casos reales de espionaje juzgados recientemente en EEUU la sanción no pasa de 10 años. A nuestros compatriotas ni siquiera se les ha podido probar el cargo de conspiración para cometer espionaje. El destino cruel e insólito de los mismos y sus familiares obedece a la política pérfida y confesa seguida por Washington de aplicar el terrorismo contra el pueblo cubano, violando durante casi medio siglo las más elementales normas de las Naciones Unidas y la soberanía de los pueblos".
Aludía a una denuncia de Ricardo Alarcón, presidente del Parlamento cubano, referida a Leandro Aragoncillo, un norteamericano de origen filipino sentenciado a sólo 10 años por espionaje. Ex marine del ejército norteamericano, Aragoncillo realizó sus actividades de espionaje en la Casa Blanca, donde trabajó para los vicepresidentes Al Gore y Dick Cheney. Pasó luego al servicio del FBI en New Jersey como analista en inteligencia, siguió su labor de espionaje y robó documentos clasificados "muy secretos" sobre amenazas terroristas contra intereses estadounidenses en Filipinas.
Pero hay casos aún más significativos. Uno de ellos es el del agente de la CIA Donald W. Keyser, quien el 12 de diciembre 2005 confesó ante el juez T.S.Elliot III, en Washington, haber robado 28 documentos clasificados "top secret", 1976 "secreto" y 1655 "confidencial", en papel o en formato electrónico, para ponerlos a disposición de la agente de inteligencia de Taiwán Isabelle Cheng, una suerte de Mata Hari con la que estaba vinculado. Confesó además otros pecadillos menores (mentiras a los investigadores y falsas declaraciones de aduana). No obstante lo dejaron en libertad bajo fianza, con la obligación de usar una pulsera electrónica de monitoreo y retiro pasajero del pasaporte. El 22 de enero pasado, a la sordina, fue condenado a un año y un día de cárcel y una multa de 25 mil dólares por "extracción ilegal de material clasificado" del Departamento de Estado y falsas declaraciones. Pero ahí se reveló que el hombre era reincidente. En 2000 había sido sancionado, junto a otros, por la desaparición de una computadora portátil y su contenido de la oficina de la entonces secretaria de Estado, Madeleine Albright. Lo que no obstó a que lo asignaran luego a la oficina del director general del Servicio Exterior. Previamente había ocupado puestos en la embajadas norteamericanas en Pekín y en Tokio.
Otro caso comprobado de espionaje bajo la administración de George W.Bush refiere a Lawrence A.Franklin, asociado al lobby pro-israelí a la vez que analista del Pentágono y asesor de Rumsfeld. Franklin entregó gran cantidad de informaciones del Pentágono sobre Irán a dos agentes israelíes, Steve Rosen y Keith Weissman (que operaban bajo la cobertura del American Israel Political Committee, Aipac, el más importante lobby israelí en EEUU) y a otro espía israelí, Naor Gilon, consejero político de la embajada israelí en Washington. En 2006 Franklin fue condenado a 12 años y 3 meses de cárcel, pero a poco andar fue liberado bajo fianza hasta la conclusión del juicio a Rosen y Weissman. Hace unos meses The Wall Street Journal reveló que el hombre estaba trabajando en un hipódromo y casino privado. En cuanto a Rosen y Weissman, fueron arrestados in fraganti por el FBI mientras realizaban actividades de espionaje, que venían desde abril 1999. Pero también están libres bajo fianza. Sus abogados alegan que una condena en su contra obligaría también a arrestar a numerosos activistas y periodistas. En suma, están todos en libertad.
En un estudio de Jean-Guy Allard se señala que en el juicio a los cinco cubanos rindieron testimonio el general Clapper, ex jefe de Inteligencia del Departamento de Defensa; el general Charles Wilhelm, ex comandante en jefe del Comando Sur; el general Edward Atkeson, ex vicejefe del Estado Mayor del Ejército para Inteligencia; el almirante Eugene Carroll, ex vicejefe de Operaciones Navales; el coronel George Buckner, ex oficial del Comando del Sistema de Defensa Aérea. Todos descartaron la posibilidad de que los acusados se hubieran acercado a informaciones de algún valor estratégico.
En síntesis, después de un juicio trucado los cinco recibieron cuatro condenas perpetuas más 75 años de cárcel por vigilar a las redes terroristas que apadrinaron a Luis Posada Carriles y su pandilla que, desde Miami y a menudo con la complicidad de la CIA, del FBI, del State Department y de la propia Casa Blanca, se dedican a conspirar contra Cuba. *
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