BAGDAD, AFP
El jeque Abdul Sattar fue víctima de una bomba que estalló bajo su auto en la localidad de Ramadi, capital de la provincia de Al Anbar, bastión de la insurrección sunita en el oeste del país, que él había contribuido a pacificar.
Bajo su autoridad, las tribus y jefes locales abandonaron la lucha armada para colaborar con las tropas iraquíes y estadounidenses contra los combatientes de la rama iraquí de la red terrorista Al Qaeda.
De unos 40 años de edad, el jeque Abdul Sattar dirigía una coalición de 25 tribus unidas bajo su autoridad y era interlocutor privilegiado de los responsables estadounidenses.
El jeque sunita había estrechado la mano del presidente George W. Bush durante su visita sorpresa del 3 de setiembre.
Poco después de conocerse la noticia la Casa Blanca repudió el asesinato de su principal aliado sunita en Irak, hecho que calificó de "atrocidad". Sin embargo, afirmó, esto no frenará la lucha contra la organización liderada por Osama bin Laden en la provincia de Al Anbar.
A primera hora de la tarde, esta vez en Bagdad, se perpetró otro atentado, en una frecuentada plaza del barrio chiita de Talbiya, en el que murieron por lo menos cuatro personas y otras diez resultaron heridas.
Responsables del ministerio de Interior iraquí informaron de cuatro muertos y diez heridos, mientras que el ministerio de Defensa indicó que habría seis víctimas mortales y 18 heridos.
Estos dos ataques marcan un inicio sangriento del Ramadán, el mes de ayuno musulmán, que comienza en Irak el jueves para los sunitas y el viernes para los chiitas.
Desde la invasión estadounidense en 2003, el período del Ramadán ha sido escenario de ataques importantes contra civiles y fuerzas de seguridad.
El temor de atentados había llevado a las fuerzas de seguridad a reforzar la vigilancia, especialmente en Bagdad, donde el estado de alerta es permanente.
Las medidas son draconianas, con multitud de controles de carretera y patrullas de la policía, del ejército iraquí y de las fuerzas estadounidenses. *
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