NIKO SCHVARZ
LAS REPERCUSIONES alcanzan también al Uruguay, aunque más no sea porque uno de los integrantes del panel de expertos de la ONU sobre cambio climático es el investigador compatriota Gustavo Nagy, docente de la Facultad de Ciencias, licenciado en oceanografía biológica. El nos ha informado que el organismo presentó informes sobre las emisiones de gases peligrosos y los efectos del calentamiento global, que llevarían a un aumento de la temperatura del planeta de hasta 5,8 grados centígrados.
El premio fue concedido en forma conjunta por la obtención y difusión de informaciones sobre el cambio climático y por haber sentado bases para adoptar medidas contra sus efectos. Al Gore viene bregando por la reducción de la emisión de gases de efecto invernadero y en su libro y documental de 2006 "Una verdad incómoda" alerta sobre los peligros del calentamiento global, tal como lo expuso además en la conferencia mundial organizada por la ONU el 24 de setiembre, en vísperas de la apertura de su 62ª Asamblea General. Ahora declaró: "Estamos ante una verdadera urgencia planetaria, un desafío moral y espiritual para el conjunto de la humanidad", al tiempo que desde Nueva Delhi el presidente del IPCC, Rajendra Pachauri, expresaba su esperanza en la adopción de medidas urgentes contra el calentamiento global.
Un antecedente importantísimo es la mencionada conferencia mundial sobre el cambio climático presidida por el secretario general de la ONU, el sudcoreano Ban Ki-moon, bajo el lema: "El porvenir en nuestras manos: los cambios climáticos, un desafío para nuestros dirigentes". Participaron 150 países, 80 de ellos representados por sus jefes de Estado. Las conclusiones fueron análogas a las que motivaron la concesión del Nobel, con un énfasis puesto en que "la inacción configurará el mayor error a largo plazo" y "la respuesta que aportaremos al cambio climático definirá nuestra época y determinará la herencia global que dejaremos a las generaciones futuras". El presidente Bush no asistió a la conferencia. Sus emisarios dijeron que cada país debía tomar medidas por su propia voluntad y que no debían fijarse reducciones a las emisiones contaminantes tal cual lo establece el protocolo de Kyoto. Allí Al Gore fijó una posición diametralmente opuesta. Lo mismo hizo el gobernador de California, Arnold Schwarzenegger, quien impulsó una ley en su estado que obliga a las empresas a reducir las emisiones de CO2. La intervención de Gore fue destacada especialmente por el canciller cubano, Felipe Pérez Roque, en el debate de la Asamblea General (y recordó de paso que Bush le había robado la elección).
Estados Unidos organizó una verdadera contracumbre en Washington los días 27 y 28 de setiembre con participación de los 17 países de mayor economía, en la cual Condoleezza Rice reiteró su oposición a la aplicación de cuotas obligatorias que limiten las emisiones de gas de efecto invernadero y sostuvo que "cada país debe decidir por sí mismo la correcta combinación de herramientas y tecnología", sin asumir compromiso alguno. Como se sabe, los grandes empresarios de EEUU se oponen frontalmente a estas medidas. Todos los demás participantes replicaron a la delegación estadounidense, en particular el secretario de la Convención de la ONU sobre Cambio Climático, Yvo de Boer, y el delegado francés Brice Lalonde. Rice quedó sola.
Ahora, ante la concesión del premio Nobel, "la Casa Blanca elogió a Gore pero advirtió que eso no cambiará la política del presidente George W. Bush sobre cambio climático", dicen los cables. O sea que hay una actitud de contumacia.
Este tema (que se seguirá debatiendo en una conferencia mundial en Bali, Indonesia, del 3 al 14 de diciembre) vertebró el discurso del presidente brasileño Lula da Silva en la Asamblea General de la ONU, el 25 de setiembre. Toda la primera parte está dedicada a defender la plena vigencia del protocolo de Kyoto, a propender a su universalización y a promover metas más ambiciosas a partir de 2012. Expone en particular la reducción operada en la deforestación de la Amazonia. Luego introduce de lleno el tema de los biocombustibles sobre la base de que "no habrá solución para los terribles efectos de los cambios climáticos si la humanidad no es capaz de modificar sus patrones de producción y de consumo. El mundo requiere una nueva matriz energética. Los biocombustibles son vitales para construirla".
Primer argumento, reducen significativamente las emisiones de gases de efecto invernadero. En Brasil, la utilización creciente y cada vez más eficiente del etanol evitó, en los últimos 30 años, la emisión de 644 millones de toneladas de CO2 a la atmósfera. Segundo argumento: el etanol y el biodiesel pueden abrir excelentes oportunidades a más de un centenar de países en desarrollo, sobre todo de Africa, propiciar autonomía energética sin grandes inversiones, generar empleo y recursos, favorecer la agricultura familiar, equilibrar la balanza comercial por la disminución de importaciones y generación de excedentes exportables.
Tercer argumento: la experiencia brasileña de tres décadas muestra que la producción de biocombustibles no afecta la seguridad alimentaria. La caña de azúcar ocupa apenas 1% de las tierras cultivables, con índices crecientes de productividad. El problema del hambre en el planeta, que golpea a casi mil millones de seres, no deriva de la falta de alimentos, sino de la falta de recursos y de la inequidad social. (Agrego que según cables relacionados con el Día Mundial de la Alimentación, América Latina tiene una gran oferta alimentaria, que excede sus necesidades con la única excepción de Haití y que puede terminar con el hambre de 52 millones de personas).
En conclusión, es plenamente posible combinar la producción de biocombustibles con la producción de alimentos y la preservación ambiental. Esto es aplicable al Uruguay, a su escala. El presidente de Ancap, Daniel Martínez, anunciaba hace nos días que en diciembre el ente comenzará la mezcla de etanol producido en el país con nafta, que ésa será una fecha histórica, que permitirá ahorro de divisas (el petróleo estaba ayer a 84 dólares) y que "hay que apostar a perspectivas de futuro como lo hizo Brasil con los biocombustibles". *
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