BUENOS AIRES, AFP
El aumento sin freno en el costo de vida será una herencia negativa que dejará el mandatario Néstor Kirchner a su sucesor, que deberá además recuperar la credibilidad del indicador oficial que sitúa la inflación en 5,8% en el lapso enero-setiembre, mientras las consultoras privadas la ubican entre 15% y 20% anual. "El problema del futuro gobierno se llama 'Doble I', es decir la inflación que es fuerte y la inversión, que es débil", dijo a la AFP el economista Ricardo Delgado, de la consultora Ecolatina, al exponer sobre los dos mayores dilemas económicos del país.
Otro flanco débil son los casi 14 millones de argentinos que aún viven en la pobreza, a pesar de la baja de 23% a 8,5% en el desempleo y de la expansión del PIB de 45% en los últimos cinco años, tras el colapso en 2001 del modelo de privatizaciones sin control, tipo de cambio fijo y aliento a las importaciones.
"Queda pendiente para quien gane las elecciones resolver el núcleo duro de la pobreza", afirmó Artemio López, presidente de la consultora privada Equis.
En el plano de la política exterior, Argentina "tendrá una relación más positiva y de mayor visibilidad en el escenario mundial", señaló Mónica Hirst, profesora de política internacional de la privada Universidad Di Tella, que criticó el poco interés de Kirchner en ese aspecto. Los analistas coinciden en que el próximo gobierno profundizará el lazo con Washington y señalan que ese vínculo puede estrecharse más en caso de que la precandidata demócrata Hillary Clinton se imponga en las elecciones de 2008 en Estados Unidos.
La deuda de 6.500 millones de dólares que tiene Buenos Aires con el Club de París y las presiones de las multinacionales concesionarias de servicios públicos en Argentina para conseguir un aumento en las tarifas, serán temas obligados en la agenda del nuevo presidente, según los analistas.
Al contrario, Argentina modificará su vínculo con el gobierno venezolano de Hugo Chávez sin romper la alianza estratégica en materia energética, que resulta vital para un país con reiteradas amenazas de déficit por la escasez de inversiones en el sector.
"Con la reinserción de Argentina en el escenario internacional, el mundo será menos tolerante a la alianza con Chávez, que es el principal aliado de Irán fuera de (Medio) Oriente", dijo Sergio Berensztein, director de la consultora Poliarquía. El nuevo presidente asumirá su mandato de cuatro años en una época marcada por la crisis de los partidos tradicionales que dominaron la política del siglo XX el peronismo y el radicalismo y la debilidad de una oposición fragmentada y fundada en liderazgos personales.
El politólogo Edgardo Mocca sostuvo que en Argentina "no se puede pensar en el futuro en una alternancia Partido Justicialista (peronista) y Unión Cívica Radical (socialdemócrata)".
Mocca adelantó la posibilidad de marchar hacia "un sistema parecido al de la Concertación de Chile o al europeo con coaliciones de derecha e izquierda". *
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