NIKO SCHVARZ
En ambos casos sobrepasaron el umbral de violencia, con muertos, atentados con bombas y amenazas conspirativas en mayor escala.
En la noche del viernes 2, tras semanas de debate a tiempo completo, la Asamblea Nacional (el Parlamento unicameral de Venezuela) aprobó el texto de la nueva reforma constitucional por 161 votos a favor y 6 abstenciones de Podemos. A las 33 reformas originalmente propuestas a la Carta de 1999 se le agregaron otras 36 modificaciones. El texto se entregó al Consejo Nacional Electoral (CNE), el cual dispuso que, cual estaba previsto, sea plebiscitado por el pueblo el domingo 2 de diciembre. Se abre pues un mes de intenso debate público, que se suma al período previo y a la discusión en la Asamblea Nacional, que fue trasmitida íntegramente por TV, como aquí lo pudimos apreciar. El CNE propuso que el intercambio de opiniones entre los dos bloques, a favor y contra el proyecto, se realice en base a respeto, pluralidad, tolerancia y equilibrio, con panelistas designados por los bloques y moderadores del propio CNE. En vísperas de la aprobación definitiva, el presidente Chávez llamó al pueblo a prepararse para la campaña plebiscitaria y destacó la diferencia con los procesos anteriores. "Lo que viene es bueno dijo- y esta reforma va a fondo. Debemos recordar cómo se hacían aquí las Constituciones, las enmiendas. ¿Se discutía con el pueblo? Jamás. Estamos dando demostraciones de que esto se ha convertido en una verdadera democracia".
Todo estaría bien si la oposición no hubiera introducido la violencia en el debate. El tono de la confrontación desde las pantallas de Globovisión, todos los días a toda hora, es de una virulencia inusitada. Allí vimos al presidente de Fedecámaras llamando en lenguaje belicoso a rechazar la reforma y vaticinando toda suerte de calamidades si se aprobaba. Son los mismos que con el escurridizo Pedro Carmona a la cabeza orquestaron el golpe de estado de abril de 2002. Por otro lado se movilizaron sectores opositores estudiantiles, en manifestaciones prolongadas en actos de violencia (de ellos o de gente infiltrada, con armas) con el resultado de dos estudiantes muertos y varios heridos en incidentes en las afueras de la Universidad de Zulia. Sectores estudiantiles a favor de la reforma denunciaron acciones desestabilizadoras de la oposición y alertaron sobre el intento de golpe de estado que promueven dichas fuerzas, señalando el carácter violento de la manifestación realizada el jueves por agrupaciones estudiantiles, políticas y opositoras. En el estado de Táchira, la agresión contra la fuerza pública en un acto opositor dejó diez funcionarios heridos.
En otro plano, el economista jefe del BID, Santiago Levy, se permitió formular declaraciones públicas contra la enmienda constitucional que elimina la autonomía del Banco Central. El ministro de Finanzas, Rodrigo Cabezas, contestó que ello constituye "una injerencia en la vida política y económica del país" y que "el BID, como organismo multilateral, debe respetar las decisiones soberanas de Venezuela y no ser instrumento de la campaña mediática que grupos poderosos en el mundo hacen contra nuestra revolución".
Para hoy se anuncia otra manifestación contra la reforma y es de esperar que sea pacífica y no arroje víctimas.
La oposición boliviana, y particularmente la que representa a la oligarquía de Santa Cruz, alienta propósitos secesionistas cada vez con mayor aspereza y lleva a cabo una lucha sin cuartel contra el presidente Evo Morales.
Allí se produjo la ocupación por la fuerza de un aeropuerto, luego un atentado contra un consulado venezolano y se enviaron cartas-bomba a casa de médicos cubanos que realizan su trabajo en forma sacrificada. Pero todo indica que estos sectores quieren ir más allá. Es lo que señala el presidente Evo Morales en un reportaje a Il Manifesto en su reciente visita a Roma, donde fue a recoger un premio por su labor humanitaria. En sus aspectos fundamentales delinea así la situación boliviana:
"Los sectores conservadores no quieren perder sus privilegios. No aceptan la nacionalización de los hidrocarburos. No aceptan que el poder haya pasado al pueblo. Será una batalla dura pero será una revolución democrática, pacífica y justa. Tengo informaciones de que la extrema derecha ya no está en el plano de la oposición política, está hablando de golpe militar. Tenemos una fotografía del embajador de Estados Unidos junto un paramilitar colombiano, tomada recientemente en Bolivia". (Son los mismos con los cuales está estrechamente ligado el gobierno de Uribe y el ejército colombiano, como se demuestra en estos momentos). "Felizmente el paramilitar fue detenido y está en estos momentos encarcelado. Tenemos informaciones sobre fuerzas paramilitares armadas y organizadas, en nuestro país, formadas por elementos de derecha y delincuentes. Cuando la derecha no puede movilizar como hacía antes, pasa al lado extremo: el paramilitarismo. Hay una derecha interna y una derecha externa. La interna proviene de grupos oligárquicos, la externa de la embajada de Estados Unidos".
Recuerda luego la ocupación del aeropuerto de Santa Cruz, los atentados contra el consulado venezolano y los médicos cubanos, y hace la biografía del embajador norteamericano Philip Goldberg: fue jefe de la misión estadounidense en Kosovo, y antes había sido el brazo derecho de Richard Holbrooke, embajador en Bosnia cuando se produjo la implosión yugoslava.
Ignacio Ramonet, director de Le Monde Diplomatique, estuvo estos días en Londres y respondió en un programa de la BBC a preguntas de sus oyentes. Una de ellas versaba sobre la consigna del Foro Social Mundial efectuado en Porto Alegre: "Otro mundo es posible". Su respuesta destaca el papel que en este aspecto desempeña hoy América Latina.
"Creemos dice- que otro mundo es posible. Hay que conseguirlo sin violencia, de una manera pacífica y política, mediante las urnas. El mundo tal como está funcionando no puede ser satisfactorio. No podemos seguir viviendo en un mundo donde más de la mitad de la humanidad vive en la miseria. Lo que está ocurriendo en América Latina es muy esperanzador.
Lo procesos tanto venezolano, como boliviano, ecuatoriano, nicaragüense, brasileño, uruguayo, argentino, etc. : todas estas poblaciones han votado por gobiernos de cambio. Vamos a celebrar dentro de dos años el bicentenario de la independencia de América Latina. Es la primera vez en dos siglos que hay gobiernos con esas características y que pueden gobernar sin ser derrocados por golpes de estado o intervenciones militares. Es una gran esperanza".
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