Viernes, 09 de noviembre, 2007 - AÑO 9 - Nro.2724
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Pakistán, un país pesadilla

La reacción mundial a la declaración del estado de emergencia en Pakistán la semana pasada fue claramente condenatoria. Como lo señaló la red árabe de televisión "Al Jazira", los Estados Unidos, China y el Reino Unido expresaron preocupación por el estado de emergencia impuesto por el presidente Pervez Musharraf. El canciller de Francia hizo un llamado a Musharraf a mantener el "imperio de la ley" e iniciar un diálogo con las fuerzas políticas de Pakistán. La Unión Europea se manifestó en los mismos términos y Australia reclamó el retorno de Pakistán.

Por su parte, el canciller de la India, Anand Sharma expresó preocupación y dijo "que deseaba estabilidad y la creación de condiciones que permitan la restauración de la democracia." Un vocero de la cancillería de Afganistán también fue sumamente explícito : "La seguridad y la estabilidad en Pakistán afectan directamente a la situación en Afganistán y viceversa. Seguimos la situación con preocupación y gran seriedad. Queremos paz y estabilidad en el país vecino.

La propia prensa pakistaní fue categórica. El diario "The news on Sunday" tituló su editorial "Un domingo negro" y escribió : "No cabe duda de que este es uno de los peores errores cometidos por el general Pervez Musharraf. Una medida draconiana como ésta tendrá poco efecto sobre nuestra habilidad para combatir el terrorismo y el extremismo". Otro periódico pakistaní en inglés "Dawn" llamó a la declaración del estado de emergencia "el segundo golpe"aludiendo al golpe con que llegó al poder en octubre de 1999 y sentenció: "El pueblo ha sido estafado".

Por su parte, el "New York Times" dijo en un editorial el 6 de noviembre: "El regreso de Pakistán al gobierno civil ha sido una meta declarada de los Estados Unidos desde que el general Musharraf tomó el poder en 1999 en un golpe militar incruento. El ha roto sistemáticamente sus promesas de avanzar por este camino, utilizando su poder de manera vengativa y perdiendo apoyo popular al obligar a sus rivales a exilarse y a intimidar a todos aquellos que se atrevieron a desafiarlo. El presidente Bush ha dicho reiteradamente que no puede ganar la guerra contra el terrorismo sin el general Musharraf, pero es evidente que tampoco la puede ganar con él."

"El carácter faústico de esta relación es más evidente que nunca. No solo que el general se ha mostrado menos decidido a la lucha contra el terrorismo de lo esperado (Al Qaeda y los talibanes se están fortaleciendo en la frontera con Afganistán) sino que ha abandonado toda pretensión de avanzar hacia la democracia. El Sr. Bush parece haber ganado muy escasa influencia con más de 10 mil millones de dólares en ayuda norteamericana que han engrosado las arcas de Pakistán, en gran parte sin un adecuado control contable."

El cotidiano "Le Monde" que monitorea la prensa anglo-sajona sobre Pakistán, cita al "Financial Times" para quién se trata de "la ruptura más significativa entre Pakistán y los Estados Unidos desde 2001" y señala que el semanario "Time" se interroga con escepticismo : "¿Podrán los Estados Unidos ejercer presión sobre Pakistán?".

Nadie tiene la menor duda de que lo que motivó al general Musharraf a dar el golpe fue la convicción de que la Suprema Corte no avalaría su reelección en una votación dudosa realizada el mes pasado. Hassan Abbas, un ex alto funcionario pakistaní y actualmente profesor en la Universidad de Harvard define claramente la situación en un artículo en el "Daily Star" de Beirut : "Desesperado por mantenerse en el poder, Pervez Musharraf ha anulado el marco constitucional y ha declarado el estado de emergencia. ¿ Su objetivo? Ahogar al poder judicial independiente y los medios de difusión libres. Sin vergüenza, insidiosamente, ha tratado de presentar su decisión como un esfuerzo para mantener la estabilidad y contribuir de manera más efectiva en la lucha contra el terror. Nadie podría estar más lejos de la verdad. Si la historia de Pakistán constituye un indicador, su decisión de imponer la ley marcial podría ser la paja que quiebra la espalda del camello."

En la primera línea de la oposición se encuentran los abogados, algo nada común en las luchas políticas de nuestro tiempo. En una correspondencia del "New York Times" desde Islamabad (7.11.2007), Jane Perlez lo explica : "Detrás de la rabia de los abogados pakistaníes que protestaron por segunda vez el martes, hay un largo resentimiento con el presidente militar del país, quien en un principio prometió que gobernaría para los sectores educados y políticamente moderados, y ha quebrado sistemáticamente sus promesas. Esta desilusión se volvió furia cuando el presidente, general Pervez Musharraf abolió la Suprema Corte y anuló la vigencia de la Constitución, tocando un nervio sensible de los abogados de Pakistán, algunos de ellos con títulos obtenidos en las mejores universidades del extranjero y con experiencia en sociedades en las que los derechos cívicos son celosamente preservados".

Según Mark Tran del "Guardian" londinense (6.11.07) el principal desafío a la autoridad del general Musharraf lo constituye la posición del presidente de la Corte Suprema Iftikhar Muhamad Chaudry, quien se encuentra actualmente bajo arresto domiciliario. Pero el peso del poder judicial solo podría ser eficaz en una salida democrática. Lamentablemente esa no es la única opción. A corto plazo parece que una vez más podrá imponerse Musharraf. Pero a mediano plazo, existe el peligro de que los enemigos del Presidente-dictador en los poderosos Servicios Secretos (ISI) y en el ejército, aliados a los fundamentalistas islámicos, depongan al Presidente y conquisten el poder. En ese caso, se crearía una crítica situación internacional. Después de todo, Pakistán, un país de 165 millones de habitantes, es el único país islámico que tiene la bomba atómica.

Es también el único país en el que "Al Qaeda" tiene una importante base territorial. Erhard Haubold, un periodista del prestigioso cotidiano alemán "Frankfurter Allgemeine Zeitung" lo describe en estos términos (7.11.2007) : "La talibanización alcanza ahora al corazón de Pakistán y llega a las grandes ciudades. El gobierno de Islamabad ya no controla la frontera con Afganistán. En esa zona tribal semi-autónoma de Waziristán hay 3.5 millones de habitantes. El territorio es tan grande como Albania. Aquí se refugiaron los viejos talibanes luego de la intervención norteamericana, pero se les han unido jóvenes "neo-talibanes" egresados de las madrazas coránicas, que se proponen luchar no solo contra los norteamericanos en Afganistán, sino también contra los "infieles" en su propio país."

Sería muy ingenuo ver la situación en el gran país asiático tan solo como un traspié de la estrategia norteamericana en esa región. La derrota de la democracia en Pakistán hace más factible la posibilidad de que fanáticos islamistas dispuestos a limpiar al mundo de infieles, adquieran el control sobre bombas atómicas. *


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