LA PAZ, AFP
Morales se unió sorpresivamente a la caminata de cocaleros, obreros y campesinos ligados a su gobierno que recorrió durante siete días casi 200 kilómetros del altiplano en la población de Ventilla, a 20 kilómetros de La Paz.
Otras columnas de campesinos y trabajadores confluían también hasta La Paz desde diversos lugares, especialmente de las zonas de Río Abajo y los Yungas, valles agrícolas subtropicales donde se cultiva coca.
La marcha se inició hace una semana en la población de Caracollo, a 193 kilómetros de la sede de gobierno, y en el camino se unieron otros sectores sociales, llegando a unas 4.000 personas.
Entre sus principales objetivos está el pago de la renta Dignidad, que consiste en un bono de 200 bolivianos (25,8 dólares) mensuales a personas mayores de 60 años, y el apoyo a la nueva Constitución aprobada en líneas generales por la Asamblea Constituyente el fin de semana.
La tensión persistía ayer en la ciudad de Sucre, sin gobierno ni Policía tras el caos producido en dos días de violentas protestas, con un saldo de cuatro muertos, que estallaron luego de que la Asamblea Constituyente aprobó una nueva Constitución boliviana. La ciudad de 300.000 habitantes, en el sur de Bolivia, intentaba volver a la normalidad tras dos jornadas de furia ciudadana que se expresó en incendios, ataques con tacos de dinamita y barricadas, en choques con la Policía que provocaron la muerte de un uniformado y tres manifestantes. Estos tres manifestantes debían ser enterrados ayer lunes, una situación que acrecienta la tensión por la posibilidad de que el acto derive en nuevos desórdenes.
La tensión se incrementa además por la falta de Policía. El domingo, tras comunicar la muerte del uniformado, el comandante de la Policía de Bolivia, William Vásquez, anunció que esa institución se retiraba de la ciudad, y este lunes seguía sin regresar. A ello se agrega el caos político, debido a confusas informaciones que señalan que David Sánchez, gobernador de Chuquisaca (del que Sucre es capital) abandonó sus funciones desde el viernes y éstas han sido tomadas por organizaciones cívicas de la ciudad, opositoras a Morales.
En ese marco de vacío de poder, los estragos provocados por los incendios y saqueos eran visibles, mientras que las barricadas que se levantaron en las principales calles comenzaban a ser desmontadas.
Los principales blancos de ataque de los manifestantes fueron las sedes policiales y de bomberos, que no han podido ser reconstruidas, mientras que los bancos no abrían por la falta de vigilancia policial.
La movilización ciudadana contra la Asamblea Constituyente había empezado a comienzos de la semana pasada pero se radicalizó cuando este foro obligado a deliberar en una sede militar aprobó el sábado en la noche a mano alzada y sin la presencia de la oposición la estructura de la Carta Magna que regirá a Bolivia.
El domingo en la tarde el presidente Morales hizo un llamado a la calma, al tiempo que avaló la nueva Constitución, que consideró un gran logro de los movimientos sociales, y pidió que sea validada en un referendo.
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