Nueva York, ANSA
El sueño de poder entrar en el cuerpo humano, para explorarlo en los más recónditos lugares, es ya realidad con un "pequeño helicóptero" a simple vista invisible, perfeccionado en Estados Unidos y activado por el propio sistema que los organismos vivos utilizan para quemar el azúcar.
Del tamaño de un virus, el helicóptero en cuestión, según Carlo Montemagno y sus colegas de la Cornell University de Nueva York que lo han realizado, servirá como vehículo farmacológico, realizando algo muy similar a lo que la ciencia ficción había propuesto en el filme "Viaje alucinante", con Raquel Welch y Stephen Boyd.
Es decir que servirá para alcanzar, a través de los vasos sanguíneos y linfáticos, las células enfermas de cualquier tejido y liberar en su interior los fármacos que se necesitan.
Con una aproximación similar, los estudiosos de la Utah State University trabajan en otra innovación biorrobótica: sondas movidas por bacterias inocuas que pueden moverse en el interior de un organismo vivo para bombardear con medicamentos las células enfermas.
El helicóptero "biomolecular" realizado en la Cornell mediante el armado de las partes mecánicas superminiaturizadas y las moléculas orgánicas tiene una hélice de un largo de 150 nanómetros que dan ocho vueltas por segundo. Un nanómetro es similar a una millonésima parte de milímetro.
Mueve las hélices un motor constituido por una enzima que acciona un propulsor al níquel utilizando el adenositrifosfato, ATP, como combustible.
El ATP es una sustancia derivada del metabolismo de los azúcares que, en el interior de las células, es desmontada y reducida a adenosindifosfato, ADP, con una producción de energía resultante de la ruptura de los lazos químicos.
La parte central de la enzima, o adenosintrifosfatasas (Atpasi), tiene una forma cilíndrica que gira movida por la energía producida por la reducción de la ATP en ADP.
Si en los tejidos de las plantas y de los animales el movimiento de la parte central de la enzima sirve para proporcionar energía a las células, en el "pequeño helicóptero" sirve para accionar el propulsor al níquel.
Es verdad que sobre 400 helicópteros de estas características armados en la Cornell sólo cinco funcionan pero también así, según Montemagno, se puede hablar de éxito, en el caso de haber individualizado una nueva técnica para poner en funcionamiento los "fármacos inteligentes" que apuntan a cualquier objetivo en el interior del cuerpo humano.
Mientras en la Cornell ya piensan en un motor alimentado a fotones, y en consecuencia mucho más liviano, los investigadores de la Utah State University están pasando del proyecto de computadoras a la realización de microbiosubmarinos.
Los candidatos ideales son por ahora bacterias de la "salmonella" tifoidea, transformadas oportunamente en inocuas, porque son resistentes y móviles: sobreviven incluso una hora sin alimentarse y se desplazan fácilmente, agitando los flagelos que se encuentran en su superficie externa.
Moviéndose en el interior del cilindro la bacteria arrastra un disco que en el movimiento hace girar un asta y produce energía mecánica.
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