Washington | AFP
El caso reabre el debate sobre la portación de armas luego de casi 70 años, y se espera que los nueve magistrados de la máxima instancia judicial se pronuncien sobre si la garantía constitucional de "tener y portar armas" es un derecho individual o colectivo.
Cuando un estudiante desequilibrado compró dos pistolas y mató a 32 personas en abril de 2007 en la Universidad Virginia Tech, en Blacksburg (Virginia, este), los medios, y en particular los extranjeros, se enfocaron en la facilidad para acceder a las armas que existe en Estados Unidos.
Pero en Blacksburg, el debate se centró en la idea inversa: si los estudiantes o los profesores hubieran contado con autorización para portar armas en clase, el balance probablemente habría sido menos dramático.
Desde la llegada de los primeros colonos a las costas norteamericanas, las armas de fuego ocuparon un lugar central en la vida diaria. Mientras Europa ya era un continente relativamente poblado y con una autoridad establecida, en Estados Unidos "cada comunidad estaba prácticamente librada a su suerte", explicó William Vizzard, profesor de justicia criminal en la Universidad de California (UCLA).
"La gente tenía fusiles para cazar", mientras que en Europa la caza era un deporte reservado a una elite. "El entorno era relativamente peligroso" y los habitantes debían enfrentarse, solos, a los indígenas a quienes les ocupaban las tierras, a los franceses que llegaban de Canadá y a los españoles instalados en Florida (sudeste).
"Las armas eran una necesidad absoluta", puntualizó Vizzard.
Y cuando Estados Unidos conquistó su independencia de Gran Bretaña, los padres fundadores estimaron que una población armada era la mejor protección frente a la tentación de la dictadura o de la aristocracia, añadió Eugene Volokh, profesor de la facultad de Derecho de la UCLA.
"Ningún hombre libre deberá jamás verse impedido de usar armas en sus propias tierras", escribió a fines del siglo XVIII Thomas Jefferson, uno de los principales autores de la Constitución estadounidense, quien consideraba que la vigilancia armada por parte de la ciudadanía permitía un mejor equilibrio de poderes.
Y desde 1791, la Segunda Enmienda de la Carta Magna establece que "siendo necesaria una milicia bien organizada para la seguridad de un estado libre, el derecho del pueblo a tener y llevar armas no será transgredido".
Esta enmienda representa "la garantía de las libertades de la república", estimó medio siglo después un eminente juez de la Corte Suprema, Joseph Story, en una nota académica.
Según el magistrado, el uso de las armas debía permanecer en el seno de las "milicias de Estado" mencionadas en la enmienda, ya que la aspiración de algunos de sus compatriotas de "ser liberados de toda normativa" podría presentar problemas en el futuro.
Actualmente, gran parte de la pasión que rodea el debate sobre las armas, y que empuja a millones de estadounidenses a unirse a las filas de la influyente Asociación Nacional del Rifle (NRA), se origina en "una reacción libertaria", estimó Vizzard.
Además, "en los últimos años, hay también una cuestión de consumismo. Cada cultura desarrolla sus propios intereses y en la sociedad de consumo estadounidense las armas son apenas una parte del movimiento", puntualizó el profesor, un ex agente de los servicios de control de armas de fuego.
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