Egon Friedler
Lo que esto significa puede dar lugar a las más diversas interpretaciones, ya que la resolución de la Liga Árabe tiene un carácter más bien abstracto, ya que la organización tuvo la precaución de abstenerse de todo contacto con el país al cual presuntamente se le ofreció la paz. Como lo admitió Hashem Youssef, jefe de gabinete del secretario general de la Liga Árabe, Amr Moussa, en un reportaje a "Al Ahram Weekly" pocos días antes de la cumbre, "La implementación real de las resoluciones de las conferencias cumbre árabes es algo reconocidamente controvertido".
Sin embargo, lo que está más allá de toda controversia es que esta cumbre fue de las más controvertidas de toda su historia. Generalmente suele medirse la importancia de un encuentro de esta clase por la cantidad de jefes de Estado presentes. En esta oportunidad, sólo 11 de los 22 países estuvieron representados al máximo nivel. Egipto, Arabia Saudita y Jordania estuvieron entre quienes enviaron delegaciones de bajo nivel. Los tres países acusan a Siria por la prolongada crisis en el Líbano, una acusación rechazada por el gobierno de Damasco. En su discurso de apertura, el presidente Bashar Assad afirmó que su país no interviene en el Líbano, un comentario que debe haber provocado numerosas sonrisas en el público. Por su parte, el gobierno del Líbano dijo que su país vive un "vacío presidencial" debido a la interferencia siria. El Primer Ministro libanés, Fouad Siniora, dijo en un mensaje televisado en el que anunció el boicot de su país a la conferencia cumbre : "Antes y durante los últimos meses Siria ha exacerbado constantemente la crisis... interviniendo en los asuntos internos del Líbano y bloqueando la elección de un candidato de consenso a la presidencia".
Aunque el Líbano estuvo ausente, fue claro que la división estaba entre los que apoyaban al gobierno electo y los que apoyaban a Hezbolá y sus aliados. Esto lo expresó claramente el periodista saudita Mshari Al-Zaydi en el diario "Asharq Alawsat" de Londres : "El régimen del presidente sirio, Bashar Assad, ha apostado al régimen de los mullahs de Irán y sus Guardias Revolucionarios y ha dejado de hablar el lenguaje de los árabes en lo que respecta a sus intereses y temas de seguridad de la manera que los árabes lo hacen".
Al-Zaydi también se permite una rara crítica al uso y abuso del "enemigo israelí" como pretexto para dirimir las constantes diferencias entre los árabes. Escribe: "El régimen sirio utiliza a Israel como excusa para todo lo que hace y explota la causa palestina para su propaganda, fustigando a todos los regímenes árabes que no comparten su política. El régimen sirio continúa esta explotación, gracias al hecho de que la introducción de la palabra "Israel" en todo conflicto árabe es suficiente para que los oyentes árabes abandonen cualquier lógica y razón y busquen alinearse con quienes reclaman una posición militante contra Israel, independientemente del hecho de si la propuesta es seria o es meramente oportunista. La mentalidad árabe opera de esta manera: sólo es necesario mencionar la palabra "Israel" y todos los diarios y la opinión pública estarán de su lado. Este juego ha sido jugado antes, manipulando los sentimientos de la gente, y seguirá siendo empleado una y otra vez".
Si la hostilidad hacia Israel fue presuntamente el único punto de consenso y Líbano fue el tema más divisivo, hubo otros temas conflictivos sobre la mesa: por ejemplo, Irak. Significativamente, el delegado iraquí, el vice-presidente chiita Adil Abdul-Mahdi se negó a firmar el comunicado final debido a que no condena claramente al terrorismo en su país. El gobierno de Bagdad, dirigido por chiitas y kurdos, hace tiempo viene acusando a los gobiernos árabes sunnitas por no tomar una actitud suficientemente enérgica contra los combatientes sunnitas árabes que constituyen el núcleo principal de la insurgencia.
Nadie resumió mejor la reunión de Damasco que Abdel Halim Kandil, ex editor en jefe del semanario opositor egipcio "Al Karama", en declaraciones para Inter Press Service: "La reunión cumbre no fue nada más que una reunión formal para tomar té, en la que no hubo ninguna discusión seria. Más allá de quién participó o no, esta conferencia, como todas las de la Liga Árabe en los últimos diez años, tuvo muy escaso valor práctico".
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