Martes, 12 de diciembre, 2000 - AÑO 9 - Nro.322
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La caravana de la muerte

Santiago, AFP

La gira militar de "la caravana de la muerte", el caso que ayer tiene entre el arresto y la libertad al ex dictador chileno Augusto Pinochet, dejó 75 personas asesinadas por disparos, cuchilladas o cargas de dinamita en cinco ciudades del país, según los testimonios reunidos en la causa judicial.

La "caravana es la marca terrorífica de Pinochet", entre sus tantos abusos, opinó para la AFP el abogado Hugo Gutiérrez, acusador en la querella inicial, presentada en los tribunales --"sin muchas esperanzas"-- el 28 de enero de 1998.

Treinta y un meses después, en agosto de 2000, las cortes despojaron a Pinochet del fuero parlamentario y dieron el visto bueno para que el juez investigador de los crímenes, Juan Guzmán, profundizará el juicio.

En la siguiente sorpresa, Guzmán declaró reo y ordenó la detención domiciliaria del ex presidente el 1º de diciembre y aunque ayer lunes la Corte de Apelaciones dejó sin efecto el arresto, la batalla de acusadores y la defensa tiene un camino de apelaciones que recorrer en la Corte Suprema.

Integrada por una elite de 10 ó 12 oficiales y tropas de asalto del Ejército, "la caravana" hizo su recorrido en octubre de 1973, montada en un helicóptero, al mes siguiente de la caída del mandatario Salvador Allende (socialista) y cuando había cesado toda resistencia al golpe que lideró Pinochet.

La misión era "acelerar" los juicios a los opositores, "no matar", aseguró en sus descargos el jefe del grupo, el ex general Sergio Arellano, que atribuyó los homicidios a subalternos que actuaron a sus espaldas.

Sin embargo, en la primera estadía, en la sureña y campesina Cauquenes, la tropa dejó un tendal de cuatro fusilados.

Las muertes sumarias en las siguientes paradas en La Serena, Copiapo, Antofagasta y Calama (norte) sumaron al menos 71 víctimas entre los opositores arrestados en cárceles y cuarteles.

El propio abogado de Arellano, el jurista Jorge Ovalle, admitió en carta pública que el ametrallamiento de los abatidos en Calama fue seguido de "un acto demencial": los cuerpos fueron dinamitados en parajes del desierto de Atacama.

Según Carmen Hertz, abogada, viuda de uno de los desaparecidos de Calama, en cadáveres recobrados enteros hay evidencia de un ensañamiento tan aterrador como los dinamitazos: el repaso a cuchilladas de los que sobrevieron a los tiros.

El marido de Hertz, el periodista Carlos Berger, fue sacado de su celda y fusilado pese a que el juicio previo de un tribunal castrense lo había condenado a presidio leve por no acatar el silenciamiento de una radio que dirigía.

"¿Sabía que precisamente usted iba a cumplir ejecuciones?", preguntó en un interrogatorio el juez Guzmán al ex comandante Sergio Arredondo, lugarteniente de Orellano en "la caravana".

"Sí, sí sabía. Tomé conocimiento a través de mi general Arellano", contestó el oficial al magistrado, que ahondó el caso entre el casi centenar y medio de querellas que Pinochet encara por la muerte y la desaparición de unas 3.000 personas bajo su régimen (1973-90).

La periodista Patricia Verdugo, autora del libro de investigación "Los zarpazos del puma", un relato que detalló dramáticamente la cacería, aseguró que Pinochet rubricó la tarea con ascensos para Arellano y los miembros de su comitiva.

La caravana "es el acto fundacional de la dictadura", de 17 años, dijo la autora, que en su texto usó la palabra "puma" evocando el tipo de la aeronave que trasladó a Arellano y a su grupo.

"La caravana" siguió a la decisión de Pinochet y su alto mando castrense "de inventar y declarar la guerra contra un ejército (izquierdista) inexistente", comentó Verdugo.

Entre los fusilados de La Serena figuró el director de una orquesta de niños que había ofrecido conciertos en actos públicos del depuesto Allende (1970-73).

"A Pinochet dije que eran asesinatos, no justicia", recordó en un texto manuscrito el general Joaquín Lagos, el jefe de división de las guarniciones que Arellano y su tropa visitó en el norte.

"El (Pinochet) contestó que arreglaría las cosas", y Lagos --según dice en su carta-- replicó que ya no había arreglo, "si todas (las víctimas) estaban muertas".

En la conversación, Pinochet siempre defendió a Arellano, recordó Lagos en su escrito, que la AFP conoció.

Meses después de la misión de "la caravana", que Pinohet ordenó suspender el mismo día que escuchó la recriminación de Lagos, este oficial fue llamado a retiro.

Años después, desde 1998 en adelante, los testimonios del general retirado ante el juez Guzmán permitieron que el tribunal aceptara la principal acusación de los abogados contra Pinochet y probara el argumento del procesamiento actual: que el jefe de la caravana dependía directamente del gobernante y que nadie podía contrariar su misión.


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