Washington, AFP
En una audiencia histórica, los nueve más altos magistrados de la nación, más que simplemente escuchar, discutieron con los abogados las aristas constitucionales de la apelación de Bush contra el dictamen de la Corte Suprema de Florida, que el viernes dio razón a Gore y ordenó la revisión de miles de boletas que no pudieron ser leídas por las máquinas electorales en la elección del 7 de noviembre.
En dichas boletas yace la última esperanza de Gore de revertir el triunfo de Bush en Florida, certificado el 26 de noviembre por un margen de sólo 537 votos.
Los 25 delegados de Florida darían tanto a Gore como a Bush la mayoría en el Colegio Electoral de 538 miembros, que el 18 de diciembre definirá al 43º presidente de Estados Unidos.
Respondiendo a la apelación de Bush, una Corte Suprema federal dividida (5-4) ordenó el sábado suspender los recuentos manuales hasta que pueda pronunciarse sobre las violaciones constitucionales alegadas por el candidato republicano.
Bush acusó a la corte de Florida de "reescribir" estatutos electorales al cambiar los plazos de apelación y certificación de la elección, y denunció que los recuentos manuales de grupos seleccionados de votos violan la enmienda constitucional que garantiza a todos los ciudadanos igual protección bajo las leyes.
Gore sostuvo, en cambio, que en este caso está en juego la legitimidad misma del poder político en una democracia, que reside en la voluntad popular expresada en el voto.
"Esta corte decidirá, en efecto, si el presidente de Estados Unidos será elegido sin contar todas las boletas que fueron legalmente depositadas en Florida", subrayaron los abogados del candidato demócrata.
"La Corte Suprema de Florida ha determinado que, para determinar si votos legales han sido excluidos por error, esas boletas deben ser examinadas.
Esto es algo básico, esencial para nuestra democracia", agregaron.
La audiencia se llevó a cabo en una Corte Suprema repleta, y con centenares de activistas de los dos partidos manifestando sus posiciones encontradas frente al edificio de mármol blanco.
Entre ellos, el reverendo negro Jesse Jackson afirmó en declaraciones a la prensa que un veredicto contra el recuento de los votos en Florida desataría "una explosión de descontento cívico".
"Eso crearía una explosión de derechos civiles; el pueblo no se rendirá", aseguró Jackson.
La audiencia terminó poco después del mediodía y los magistrados comenzaron de inmediato sus deliberaciones. Un veredicto el mismo día no puede descartarse, aunque sería la primera vez que ello ocurra.
La mayoría de los analistas predijeron un nuevo fallo dividido, donde dos jueces considerados moderados, Sandra O'Connor y Anthony Kennedy, serían el fiel de la balanza.
Un fallo en favor de Bush sería el final de la cuerda para Gore, mientras que si la Corte se abstiene de revocar el dictamen de los magistrados de Florida se reiniciarían los recuentos manuales y habría que esperar el resultado de los mismos.
Entre tanto, la legislatura de Florida --dominada por los republicanos-- podría intervenir para designar por su cuenta a los delegados del estado en el Colegio Electoral, que según un estatuto federal deberían ser nombrados a más tardar este martes 12 de diciembre.
En este último caso, si los recuentos permiten a Gore remontar la ventaja de Bush, la Corte Suprema de Florida ordenaría nombrar otra plancha de delegados favorables al presidente electo, y tocaría al Congreso de Estados Unidos decidir a quiénes reconoce como legítimos.
La mayoría de los juristas coincide en que tal situación podría desembocar en una crisis constitucional, ya que con el Senado dividido 50/50 el propio Gore rompería el empate para reconocer su propia plancha, mientras la Cámara baja, dominada por los republicanos, reconocería la designada por la legislatura.
En última instancia la decisión quedaría sólo en manos de la Cámara de Representantes, pero con sólo un voto por estado, y Bush saldría triunfador porque el siete de noviembre logró mayoría en 28 de los 50 estados.
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