Egon Friedler
Khouri define siete campos conflictivos. En primer lugar, la creciente brecha entre riqueza y pobreza. El constante crecimiento de los precios del petróleo y el gas ha permitido a los países del Golfo acumular enormes fortunas que son incapaces de gastar y que no logran invertir sin riesgos. Mientras tanto el ingreso per capita y el poder de compra de las masas en el mundo árabe ha empeorado o en el mejor de los casos, se ha mantenido estancado.
En segundo lugar, cohesión nacional contra fragmentación. El desarrollo material está generando un fuerte sentido de identidad nacional y cohesión social en los países del Golfo mientras el resto del mundo árabe está cada vez más dividido. Países como Irak, Palestina, el Líbano, Sudán, Yemen, Somalia y Argelia son disfuncionales de una manera u otra. En algunos casos, los países están regidos por autoridades rivales entre sí y las fuerzas armadas no representan al país como un todo.
En tercer lugar, crecimiento contra estancamiento. La riqueza y el acelerado desarrollo de los países del Golfo contrasta con la mayoría del mundo árabe, en donde aún en los lugares en los que hay cierto crecimiento económico éste solo beneficia a una pequeña élite. El crecimiento de los precios de los alimentos por la coyuntura mundial amenaza con empeorar aún más el bajo nivel de vida de las masas y podría provocar efervescencia social y violencia.
En cuarto lugar, pluralismo contra aislamiento. Uno de los aspectos salientes en los países del Golfo es la gran variedad de nacionalidades que conviven allí. Si bien las relaciones entre personas de distinto origen suelen ser tan solo de trabajo, de alguna manera la aceptación del cosmopolitismo se ha convertido en parte de la vida. En cambio, en otras partes del mundo árabe predomina la tendencia opuesta : a la separación de comunidades que antes convivían pacíficamente. En los casos más extremos, las hostilidades llevan a acciones de limpieza étnica.
En quinto lugar, orden contra desorden. Gracias a su riqueza y desarrollo los países del Golfo han alcanzado un gran nivel de orden y seguridad. En cambio, en muchas otras partes del mundo árabe, la violencia va en aumento. Las milicias, los ejércitos privados y las compañías comerciales de seguridad constituyen uno de los sectores de mayor crecimiento en muchos lugares en los cuales el estado es incapaz de velar por la seguridad de sus ciudadanos.
En sexto lugar, orden contra desorden. Mientras en algunas sociedades árabes prevalece el respeto a la ley mientras en otras crece la delincuencia incrustada en el poder político. Por ejemplo, los ciudadanos comunes deben pagar sobornos para acceder a los servicios que les corresponden por derecho, como la seguridad, la educación, las comunicaciones, la salud, el agua, etc.
En séptimo lugar, religión contra secularismo. Mientras en los lugares más prósperos hay una tendencia al secularismo, entre las poblaciones más pobres la religión constituye una forma de mantener su identidad y su dignidad en un mundo demasiado cambiante para su sociedad profundamente conservadora. A estos siete puntos de fractura señalados por el periodista libanés podrían agregarse muchos otros. Nos vamos a limitar a señalar solo, los que a nuestro juicio, son los más importantes.
Persia contra Arabia. El expansionismo de la revolución islámica shiíta de Irán es resentido por Arabia Saudita, centro espiritual del Islam sunnita. Hay una sorda lucha por la hegemonía en el Medio Oriente entre Teherán y Riad. El lugar más álgido de la lucha es el Líbano donde Hezbollah es el brazo armado de Teherán para expandirse en la zona.
Mesianismo apocalíptico contra pacificación. Hay fuerzas apocalípticas en el mundo árabe que apuestan a la guerra, cuanto más generalizada mejor. Esas fuerzas apocalípticas que abarcan desde Al Qaeda a Hamas solo coinciden en su deseo de destruir al estado de Israel pero discrepan tanto en su visión estratégica como en sus tácticas. En cambio, hay un campo pragmático que acepta (aunque con muy poco entusiasmo) como inevitable la coexistencia con Israel en el Medio Oriente.
Contradicciones internas entre grupos de la misma pertenencia étnica. Esto fue muy claro recientemente en Irak donde se enfrentaron en luchas sangrientas dos grupos shiítas antagónicos.
En un mundo tan fracturado es natural que las alianzas sean fluidas y cambiantes y que a menudo parezcan desafiar a la lógica. El ejemplo más notorio, es el de Hamas. Pese a ser una rama de la Hermandad Musulmana fanáticamente sunnita, se ha aliado a los propósitos expansionistas del Irán shiíta porque recibe dinero, armas y apoyo logístico de Teherán.
Otro ejemplo notorio de estas contradicciones es que mientras los palestinos radicales y sus aliados se desinteresan cada vez más de la causa del estado palestino, ésta tenga entre sus partidarios decididos a la mayoría del pueblo y de los partidos políticos israelíes.
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