La afirmación de Stiglitz en la entrevista, que ganó los titulares de la prensa mundial, refiere a inculpar a la guerra en Irak como causal directa y concreta del "suicidio financiero" cometido por Estados Unidos, la "autobancarrota" que la primera potencia planetaria se infirió a sí misma.
"Si se divide el número de hogares estadounidenses, la deuda originada por la guerra representa aproximadamente 25.000 dólares por familia. Es mucho dinero. Pero, en realidad, estamos hablando de un gasto total que puede variar entre los tres y los cinco billones de dólares", calcula Stiglitz.
"Es aritmética básica, pero los costes se desglosan en las distintas categorías y, una vez que se hace eso, es muy difícil obtener una cifra inferior a 3 billones. Y nuestro cálculo nos parece muy conservador. Algunas partes están muy claras y no levantan ninguna controversia: la cantidad que el Estado reconoce que está dedicando a Irak. Ahora bien, para casi todo lo demás hay que tener cierta capacidad de previsión, por ejemplo, con el despliegue de tropas. Y luego hay cantidades que no se han incluido y que cuesta obtener del Ejecutivo. Por ejemplo, el gobierno se encarga de la cobertura de seguro de los contratistas que trabajan en Irak. Nadie quiere asegurarlos, así que es el Estado quien tiene que acabar pagando la prima. Además, las pólizas de seguros contienen una cláusula que excluye las acciones hostiles. Casi todos los contratistas que mueren lo hacen en este tipo de ataques, así que el gobierno acaba sufragando también las compensaciones. Este caso es una muestra de cómo la contabilidad de la Administración hace que sea muy difícil sonsacarle las cifras reales".
En los últimos tiempos, el nombre del economista y premio Nobel Joseph Stiglitz va siempre acompañado de sus cálculos sobre el verdadero coste de la guerra en Irak: nada menos que 3 milllones de millones de dólares y suma y sigue. Stiglitz habla de cómo el gasto de este conflicto despeñó en la bancarrota la economía de Estados Unidos y lo que esto significa para los estadounidenses y para la economía global.
"Como el conflicto ha hecho que los precios del petróleo suban, y dado que los gastos de la guerra no estimulan la economía tanto como lo habrían hecho los gastos domésticos, la economía está más débil. La Reserva Federal ha ofrecido más liquidez, y eso permite que el consumo aumente y el ahorro descienda a cero o a cifras negativas. Como consecuencia, nos encontramos con una deuda inmensa para compensar los efectos negativos del gasto de la guerra, y ése es el problema al que ahora nos enfrentamos. Hay una clara relación entre las dos cosas. Estamos gastando en el extranjero un dinero que podríamos haber gastado en nuestro propio país", concluye Stiglitz.
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