La ONU propuso ayer martes establecer un "puente aéreo" a Birmania y evitar así una "segunda catástrofe" tras el paso del devastador ciclón Nargis, pero la junta militar se mantiene firme e insiste en controlar la distribución de la ayuda humanitaria.
Once días después de una de las peores catástrofes naturales de la historia reciente, que dejó al menos 62.000 muertos y desaparecidos, la junta reafirmó su oposición a dejar entrar un gran número de trabajadores humanitarios para repartir la ayuda destinada a los dos millones de supervivientes. "Por el momento, la nación no necesita a trabajadores humanitarios especializados", aseguró el vicealmirante Soe Thein, citado en el diario oficial New Light of Myanmar. Las necesidades de cientos de miles de damnificados "han sido satisfechas, en cierta medida", declaró.
Pero la ONU, Estados Unidos y muchos países occidentales piensan lo contrario. Instaron a la junta a actuar más rápido para evitar más muertos y facilitar la distribución de la ayuda.
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