Hasta el jueves por la noche, este trabajador estaba en la lista de los desaparecidos. Fue su hija quien oyó su voz débil entre los restos de la fábrica.
"Dije '¿papá, papá?' y él me respondió 'sí'", explicó Liu Yuan, de 23 años. El añadió 'tengo sed' y yo le respondí '¡papá, no hables, necesitas tu oxígeno! ¡Voy a buscar a alguien para que te salve!'"
Los equipos de rescate, los militares y todas las personas que siguieron minuto a minuto el avance de la operación, que duró 12 horas, gritaron de felicidad cuando el quincuagenario pudo ser liberado de los escombros.
Pero los esfuerzos continuaron para intentar encontrar a otras dos víctimas todavía sepultadas.
"Tenemos que seguir trabajando inmediatamente porque hay dos personas más que tenemos que sacar de ahí", indicó el doctor Zhao a la AFP.
Varios rescatados pudieron ser salvados en operaciones extremas de este tipo en la provincia de Sichuán, devastada el lunes por el sismo de magnitud 7,9, aportando un poco de esperanza en medio de escenas desoladoras.
Liu Deyun tuvo que pagar muy caro el hecho de salvar su vida. Pero la decisión de amputarle el brazo y la pierna fue aprobada por su familia.
"Yo sólo quería que él viviera", explicó su hija, llorando.
"Durante la operación, la víctima, con anestesia local, estaba consciente y podía hablar", explicó el médico.
Los equipos de rescate comenzaron su trabajo el viernes por la mañana, pero la operación era arriesgada.
El primer piso del edificio, donde seguramente Liu Deyun se encontraba, había cedido totalmente. El resto de la estructura comenzaba a hundirse y sólo se apoyaba en un muro.
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