El jefe de la Iglesia anglicana, el arzobispo de Canterbury Ronan Williams, advirtió de ese "riesgo", al dirigirse al sector tradicionalista opuesto a esas reformas, que decidió organizarse en forma separada en un cónclave que concluyó el domingo en Jerusalén.
"Reflexionen atentamente sobre los riesgos que corren", advirtió el lunes el primado anglicano, que dirige una comunidad de 77 millones de fieles en el mundo.
Si las estructuras existentes no funcionan, "el desafío es reformarlas, no improvisar soluciones que crean más problemas de los que resuelven", afirmó la máxima autoridad de la Iglesia anglicana, después que los conservadores anunciaran que desconocerán la autoridad del arzobispo de Canterbury.
La Iglesia anglicana se encuentra profundamente dividida desde que su rama estadounidense consagrara, en 2003, a un eclesiástico abiertamente homosexual, Gene Robinson, como obispo de New Hampshire (nordeste de Estados Unidos).
Las tensiones aumentaron el año pasado con la elección de una mujer al frente de la comunidad anglicana de Estados Unidos, que cuenta con 2,5 millones de fieles.
La crisis en la Iglesia anglicana "es imprecedente desde que la Reforma devastó la Iglesia Católica Romana en Inglaterra en el siglo XVI", resumió el martes el diario londinense The Times.
Ese diario reportó en su primera página que más de 1.300 de sacerdotes anglicanos, entre ellos 11 obispos, escribieron al primado anglicano y al arzobispo de York, John Sentamu, anunciándoles que están dispuestos a romper con la Iglesia de Inglaterra, que es la iglesia madre de la comunidad anglicana, si ésta no veta a las mujeres obispos.
Esa carta fue enviada pocos días antes del cónclave el Sínodo General, la instancia gobernante de la Iglesia Anglicana, que decidirá el viernes en York la introducción de legislación para consagrar a mujeres obispos.
Los tradicionalistas consideran esa medida como una traición.
Un cónclave anterior aprobó, por estrecho margen, que las diócesis que nombren a una mujer obispo podrán firmar un código de prácticas mediante el cual aquellos que se opongan a la ordenación de mujeres no se verán obligados a actuar contra su conciencia, pero sin ofrecer salvaguardias legales para los disidentes.
Versiones de prensa indican también que cerca de 300 obispos anglicanos van a boicotear la próxima conferencia anglicana que se celebra en agosto en el palacio de Lambeth, en Londres.
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