Viernes, 04 de julio, 2008 - AÑO 9 - Nro.2958
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OPINION INTERNACIONAL

UN SENSIBLE PROBLEMA DE DERECHOS HUMANOS

EIS MUJERES GANADORAS DEL PREMIO NOBEL DE LA PAZ EMITIERON EL 30 DE JUNIO PASADO UNA DECLARACION RECLAMANDO AL GOBIERNO IRANI LA LIBERACION INMEDIATA DE SIETE PROMINENTES DIRIGENTES DE LA FE BAHAI PRESOS EN TEHERAN.

Egon Friedler

Las siete firmantes son Betty Williams y Mairead Corrigan Maguire, fundadoras de la iniciativa popular por la paz en Irlanda del Norte, ganadoras del Premio Nobel en 1976, Rigoberta Menchú, líder de la reconciliación étnica en Guatemala, Premio Nobel en 1992, Prof. Jody Williams, dirigente de la campaña para prohibir las minas personales, Premio Nobel en 1997, la defensora de los derechos humanos iraní Dra. Shirin Ebadi, Premio Nobel en 2003 y la defensora del medio ambiente de Kenya, Prof. Wangari Muta Maathai, Premio Nobel en 2004, que formaron un grupo permanente para la defensa de la paz en el mundo. Seis de los siete líderes de la comunidad Bahai de Irán, que cuenta con unos 300.000 integrantes, fueron apresados en sus hogares en Teherán en la noche del 14 de mayo pasado. El séptimo fue detenido dos meses antes en la ciudad de Mashad. La comunidad Bahai teme que estos dirigentes puedan correr el mismo destino que algunos de sus antecesores. En 1980, los nueve miembros de la Asamblea Nacional Espiritual de los Bahai de Irán fueron detenidos y se convirtieron en "desaparecidos" ya que nunca más se tuvo noticias de ellos. Un año más tarde, la Asamblea fue reorganizada con nuevos miembros, pero ocho de sus nueve miembros fueron arrestados y muertos. Además de los siete miembros del Comité presos en Teherán, otros 15 bahais están detenidos en Teherán, algunos de ellos incomunicados y la mayoría sin que se hayan presentado cargos formales contra ellos.

Los bahais siempre tuvieron dificultades con la mayoría musulmana en el país en que nació su creencia, Irán, pero la intolerancia se hizo más severa desde la revolución islámica de 1979. Considerados heréticos por la tendencia musulmana shiíta dominante, han sufrido persecuciones de toda clase. Se estima que más de 200 fueron ejecutados o muertos, centenares fueron puestos en prisión y decenas de miles han sido privados de sus empleos, jubilaciones o negocios y de acceso a la educación superior. En junio de 1983, por ejemplo, las autoridades iraníes arrestaron a 10 mujeres y jóvenes iraníes. Fueron acusadas de dar clases de la fe Bahai a niños, algo equivalente a las escuelas dominicales en Occidente. Fueron objeto de toda clase de malos tratos y de presiones sicológicas para que abjuren de sus creencias, pero se negaron. El castigo fue la muerte.

La fe Bahai fue fundada por el persa Bahá Ulá (1817-1892) quien se consideraba un mensajero independiente de Dios y veía en su doctrina de unidad de la humanidad la continuación de las doctrinas de Abraham, Krishna, Moisés, Zoroastro, Buda, Cristo y Mahoma. A diferencia de las tres grandes religiones monoteístas, el judaísmo, el cristianismo y el Islam, en la fe Bahai no hay sectas ni escuelas diferentes que estén en pugna entre sí. En todo el mundo tiene unos 5 millones de adherentes esparcidos por casi todos los países. Se estima que los Bahai están presentes en la mayor parte de las naciones, culturas, profesiones y clases sociales y cuenta con grupos organizados en unas 100.000 localidades en los cinco continentes. Para los líderes islámicos de Irán y los sectores islamistas radicales de distintos países, la doctrina universalista de los Bahai contrasta de manera notoria con su exclusivismo y su división del mundo en dos categorías humanas : fieles e infieles. El fundador de la doctrina Bahai, Bahá Ullá escribió: "La tierra es un solo país y todos los integrantes de la humanidad son sus ciudadanos".

En contraste con el radicalismo islámico, en todas sus variantes, los Bahai tienen una visión del mundo profundamente compatible con la modernidad. Según Bahá Ullá, para que la sociedad global florezca es necesario el cumplimiento de varios principios tales como la eliminación de todas las formas de prejuicio; la plena igualdad entre ambos sexos; el reconocimiento de los fines comunes de las grandes religiones; la eliminación de los extremos de riqueza y pobreza; la educación universal; la armonía de la ciencia y la religión; un equilibrio adecuado entre la naturaleza y la tecnología y la creación de un sistema federal universal, basado en la seguridad colectiva y la unidad de la humanidad. Obviamente, como toda creencia, la doctrina Bahai puede ser motivo de cuestionamientos y de polémicas. Pero hay un aspecto en su historia que es indiscutible: su pacifismo y su respeto a las leyes de cada país han sido normas de conducta invariable. Demasiado a menudo han sido las víctimas, pero nunca fueron los victimarios. Por ello, los Bahai merecen la solidaridad de la comunidad internacional ante las injustas persecuciones de que son objeto. No se trata de ninguna cuestión política. Se trata, indiscutiblemente, de un sensible problema de defensa de los derechos humanos.


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