Los Ponchos Rojos, la temible fuerza de choque de los indios aimaras bolivianos, entregaron voluntariamente diez armas de guerra, casi la totalidad en desuso, a una misión del gobierno y del ejército, como un aporte para pacificar el país, constató un reportero de la AFP.
Los campesinos entregaron a los militares 9 fusiles Mauser, de la década de los 30 del siglo pasado, y una ametralladora Browning, de 1945, en una ceremonia realizada en el poblado de Ancoraimes, a 160 km de La Paz, cerca a las riberas del lago Titicaca, que comparten Bolivia y Perú. Según explicaciones de personeros del ministerio de Defensa y del Ejército, las armas fueron heredadas por los campesinos de combatientes indígenas de la Guerra del Chaco, que enfrentó a Paraguay y Bolivia, entre 1932 y 1935, y de la revolución nacional de 1952, que los liberó de un sistema de pongueaje (especie de servidumbre). Los Ponchos Rojos, que son leales al presidente indígena Evo Morales, iniciaron su desarme en cumplimiento de un decreto sobre regulación de armas de abril de este año.
No se sabe con precisión cuántas armas están en poder de los Ponchos Rojos, que las utilizan exclusivamente para exhibirlas en manifestaciones públicas y no se tiene constancia de que las hayan disparado, excepto en Warisata, en setiembre de 2003, cuando se enfrentaron con las fuerzas del presidente liberal Sánchez de Lozada.
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