Martes, 26 de diciembre, 2000 - AÑO 9 - Nro.335
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OPINION INTERNACIONAL

Los hombres del presidente

Quedó atrás el proceso electoral fraudulento, las trampas mayúsculas que dejaron en cueros la propagandeada democracia estadounidense. El 20 de enero George W. Busch se instala en la Casa Blanca. El gabinete que está armando prefigura las directrices fundamentales de la política que llevará adelante, por más que en la campaña electoral ya comenzaron a verse las patas de la sota.

Por Niko Schvartz

Todo empezó con la elección de Dick Cheney para la vicepresidencia (siguiendo los consejos de papá) y continúa ahora con la designación del general Colin Powell como próximo conductor de la política exterior desde la Secretaría de Estado. Se trata de dos actores de primer plano de la guerra del Golfo de 1991, desencadenada por el presidente George Bush padre.

 

Los de la guerra del golfo

Cheney era entonces jefe del Pentágono, secretario de la Defensa, y Powell jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas en la guerra. En la Convención republicana de Filadelfia, que nominó el binomio presidencial, Powell se hizo ver en forma ostensible, junto al general Norman Schwarzkopf, uno de sus principales colaboradores en el operativo bélico del Golfo Pérsico.

Este marcó un jalón en la historia de las guerras. No fue la contienda aséptica que los norteamericanos (y el mundo) miraban por TV. A pesar de los esfuerzos oficiales por ocultarlos y no dejarlos filmar, se fueron conociendo las barbaridades perpetradas por las tropas yanquis en la operación Tormenta del Desierto, como la destrucción de vehículos hospitalarios con decenas de pacientes, y también de material sanitario, incluso después del cese del fuego. También masacraron un número indefinido de soldados que se habían rendido, y de civiles que se hallaban en la zona.

Hoy se sabe además que las tropas yanquis cometieron otros crímenes de guerra, lanzando no menos de 328 toneladas de proyectiles con uranio empobrecido contra las tropas irakíes. El tema resurgió recientemente a raíz de la guerra de Kosovo. La OTAN admitió en marzo pasado haber arrojado 10 toneladas (compárense las cifras) de proyectiles revestidos con uranio empobrecido desde aviones norteamericanos y británicos. La consecuencia --según una crónica de Clarín-- es que entre 7 y 12 militares italianos que actuaron en la zona murieron por leucemia y otras enfermedades tumorales linfáticas, habiéndose nombrado una Comisión científica italiana para investigar las consecuencias sobre el resto de las tropas dislocadas en la región. (Entre paréntesis, nadie se preocupó de evaluar las consecuencias sobre la población yugoslava).

 

Los petroleros

Cheney es directivo de una empresa petrolera de Texas, al igual que los Bush padre e hijo. Fue representante por Wyoming durante una década, y nada menos que Newt Gingrich, el ultraderechista ex speaker de la Cámara y líder de la "revolución conservadora", declaró que Cheney era "más conservador que yo". Votó contra leyes que prohíben la discriminación en la vivienda, contra la prohibición de armas de fuego que no pueden ser percibidas por los detectores y se opuso (en aquella época) a una moción por la liberación de Nelson Mandela. Con estas credenciales acompañará a Bush, quien se plantea reforzar las fuerzas armadas y aumentar el reclutamiento de sus efectivos.

Los biógrafos del nuevo presidente coinciden en que, mediocre en la escuela, "solamente su petrolero apellido le abrió las puertas de la Universidad". Siguiendo la ruta del petróleo, acaba de nombrar como secretario de Comercio a Don Evans, presidente de la compañía petrolera Tom Brown, quien le ayudó personalmente a recaudar 100 millones de dólares en la campaña electoral.

Para calibrar los vínculos entre política y petróleo en EEUU, recuérdese que John Foster Dulles, secretario de Estado de la invasión a Guatemala, era del clan Rockefeller (al igual que Kissinger), y a la vez accionista principal y abogado de la United Fruit.

 

Los empresarios multimillonarios

Quien no sea multimillonario no puede soñar en aspirar a la presidencia en EEUU. George Bush tiene una fortuna personal evaluada entre 11.1 y 29.4 millones de dólares en valores de Microsoft, la petrolera BP Amoco, Ford y otras empresas. Gore también es millonario. Ralph Nader, del ecologista Partido Verde (que dicho sea de paso obtuvo 3 millones de votos) se ubica entre 3 y 5 millones de dólares. Pat Buchanan pertenece a la misma categoría. Ross Perot se lanzó a la justa electoral pasada en base a su fortuna.

Bush nombró como secretario del Tesoro a Paul O'Neill, presidente de la mayor empresa de aluminio del mundo, Alcoa. Estrechamente vinculado al presidente de la Reserva Federal, Alan Greenspan, trabajó en la oficina de Presupuesto bajo Gerald Ford. Justamente como director de Presupuesto Bush designó a Mitch Daniels, cuyo mérito mayor es ser director ejecutivo de los laboratorios farmacéuticos Eli Lilly & Co.

En alusión a la relación directa entre las grandes empresas y la elección, el Wall Street Journal afirmó que los dos candidatos se transformaron en "la Coca Cola y la Pepsi de la política" y que basaron sus campañas electorales "en inversiones sin precedentes en el estudio y movilización del electorado según estrategias de comercialización". Se trataba, en suma, de vender un producto.

 

La derecha de la derecha

No deja de ser sugestivo que al frente de Vivienda y Desarrollo Urbano haya sido designado Mel Martínez, uno de los 14 mil niños cubanos sacados de su país y llevados a EEUU en el marco de la Operación Peter Pan, tras el triunfo de la revolución (entre diciembre 1960 y octubre 1962). La última designación hasta ahora es la de John Asheroft como procurador general de la Nación. Es un premio consuelo para un senador republicano que perdió la reelección (allí no tienen directorios de los entes autónomos).

Asheroft es visto por los activistas del derecho al aborto como un enemigo, ya que copatrocinó una propuesta para prohibir el aborto aún en los casos de incesto y violación, lo que se ha definido como una posición aún más regresiva que la del propio Bush, lo que no es poco decir. Como en aquel cuento del Parlamento británico, esta gente sólo tiene a su derecha la pared derecha del salón.


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