Por Niko Schvartz
Hoy los capitostes máximos están en fuga. Uno se quedará en Japón, nunca más volverá al Perú. El otro anda disparando de un lugar a otro por tierra, mar y aire. Tiene buenos compinches en todas partes, gracias a la red internacional que ha venido tejiendo con la paciencia de una araña desde hace una década.
Los cables señalan que "políticos, empresarios, altos funcionarios y militares figuran entre los implicados en las investigaciones sobre la enorme red de corrupción que implementó Montesinos". Muchos militares tienen prohibido abandonar el país, ya que buena parte de los mandos que facilitaron la doble huida siguen en sus puestos, y no va a resultar fácil extirpar el quiste. El procurador ad hoc José Ugaz dijo que "hay centenares de personas involucradas, desde políticos hasta empresarios".
Una de las piezas mayores del aparato de corrupción era el tráfico de armas, con Montesinos al frente. Armas jordanas y argentinas pasaron por sus manos cuando Perú estaba en guerra con Ecuador, y 10.000 fusiles con destino a Colombia. El otro gran filón es la droga, y a ello no estuvo ajena la dupla peruana. Después de haber sido expulsado del ejército (pero manteniendo vínculos hasta hoy con su generación militar, que pasó a ocupar los mandos superiores del ejército), Montesinos comenzó su proceso de acumulación defendiendo a los capos del narcotráfico peruano como Demetrio Chávez desde su estudio de abogado ante los tribunales de Lima y El Callao. Además, ahora ha salido plenamente a luz su vínculo directo con el jefe máximo del cártel de Medellín, pablo Escobar (hasta que fue muerto a tiros por la policía colombiana). El hermano de éste, Roberto, escribió en la cárcel una biografía suya en la que confirma su relación directa con el dúo Fujimori-Montesinos, desde que entregó una suma millonaria en dólares para la campaña electoral de 1990. Pero el "gabinete de operaciones" de Montesinos se extendía hasta monitorear los operativos sobre la droga en Bolivia, Colombia y México. Está acusado de torturas y violaciones a los DDHH por actuaciones de sus agentes.
Con Fujimori la corrupción llegó a pudrir todo el aparato estatal. Arrasó la Constitución al postularse a una reelección expresamente prohibida, y cuando el Tribunal Constitucional se pronunció en contra, lo hizo destituir.
Las trampas perpetradas por la ONPE en los dos turnos electorales del 9 de abril y 28 de mayo pasados fueron gigantescas, reiteradas y en serie, empezando por la falsificación de más de un millón de firmas, siguiendo por la amputación del nombre de Alejandro Toledo en las hojas de votación, la aparición de 1:200.000 votos más que votantes, al tiempo que se acalló toda la prensa opositora, se despojó del Canal 2 a su propietario y se le expulsó del país, se nombró jueces y fiscales provisionales, removibles en cualquier momento. En ese cuadro, la compra por parte de Montesinos de un legislador, que hizo estallar el escándalo al exhibirse por TV, era apenas la punta del iceberg descomunal de una maquinaria de extorsión y chantaje.
Como se dijo entonces, era "el hampa secuestrando un país". Habría que saber además dónde fueron a parar los casi diez mil millones de dólares de las privatizaciones. Véase como todo se une, la corrupción económica y la corrupción política conforman un todo único.
En materia de corrupción, que le cuesta el gobierno y el autoexilio perenne, Fujimori tiene antecesores de fuste. Collor de Mello fue defenestrado por manejo fraudulento de fondos en combinación con su operador PC Farías: uno perdió la presidencia y el otro la vida. Por uso inescrupuloso de recursos públicos Carlos Andrés Pérez cambió Miraflores por la prisión domiciliaria, y antes al guatemalteco Serrano Elías lo sacaron como chicharra de un ala por idéntica causa.
En Paraguay, en la campaña por la renuncia de González Macchi salen a luz denuncias de que "una mafia opera en torno al gobierno", en las áreas del narcotráfico, contrabando, obtención amañada de contratos, tráfico de influencias, robo en las arcas del Estado, irregularidades en las fuerzas armadas, "enriquecimiento escandaloso de funcionarios mientras falta leche para merienda escolar". ¿Esto deja de ser cierto porque lo denuncie el "obispo rojo" de ese departamento, o por el contrario, en la sufrida tierra guaraní varias logias se reparten desde hace décadas los grandes negocios del contrabando, la droga y la prostitución, entre otros? En San Pablo, Marta Suplicy reivindicó la ética política y le propinó tremenda paliza a Maluf, que había extendido la práctica de la corrupción desenfrenada a todo el estado.
¿Qué es el "lobbismo" imperante en los EEUU sino la institucionalización de un sistema de corrupción, el mismo que reventó por todas las costuras en las elecciones presidenciales? A tal punto es así que Bush, proclamado ganador aunque tuvo menos votos, acaba de nombrar a Karl Rove como consejero especial para tratar con los "lobbies" que le ayudaron a conquistar la Casa Blanca. En otras palabras, se dedicará a pagar los favores recibidos (y alguna deuda chica la pondrá en la cuenta del otario).
Por cierto que el sistema también se extiende a Europa. Bastan dos nombres para evidenciarlo: el de Kohl, degradado de todas las jerarquías de la cúpula alemana por actos de corrupción que mantuvo en secreto, y el de Giulio Andreotti, coludido hasta las orejas con la mafia siciliana. Pasando a los otros continentes, recuérdense a Mobutu y Didi Amin, a Marcos y Suharto, a los que desvalijaron todos los fondos del Estado.
Jaurès decía que el capitalismo lleva en sí la guerra como la nube la tormenta. Hay que pensar si la corrupción, extendida como un reguero hasta y desde las alturas del poder, no es también el modo de funcionamiento del sistema.
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