Los extremos a que ha llegado el terrorismo del gobierno israelí, intensificado en forma brutal en los últimos días, configuran una blitzkrieg que derrama la sangre en los territorios palestinos, irrumpiendo sobre ellos mediante helicópteros armados con misiles y manteniendo una "estricta clausura" con los tanques. El hecho de que Estados Unidos --principal sostenedor del gobierno de Sharon, y que vetó en el Consejo de Seguridad la creación de una fuerza de interposición en la región-- haya condenado estos reiterados actos de guerra, otorga una idea de la magnitud de las atrocidades perpetradas por el ejército israelí.
El portavoz del Departamento de Estado, Charles Hunter, calificó los ataques israelíes como "una nueva y peligrosa escalada de la violencia" como "una acción excesiva y altamente provocadora". No es para menos.
Las masacres perpetradas el martes 31 de julio en Nablus, Cisjordania, y en la franja de Gaza, segaron diez vidas palestinas, entre ellas dos niños, Bilal y Ashrati Khalim, que jugaban frente a la puerta del edificio atacado con misiles. El gobierno de Israel reconoció haber ejecutado el ataque en Nablus y lamentó --faltaba más-- la muerte de los niños, pero justificó la acción "en la necesidad de prevenir nuevos atentados". El domingo 29 de julio, en otra localidad cisjordana, Fara, cayeron muertos seis palestinos, que según las autoridades israelíes eran militantes del Fataj que ellas procuraban para ajusticiarlos. El 26 de julio, cinco mil personas asistieron en Nablus a los funerales de Salah Darwazeh, asesinado el día anterior durante una incursión israelí, cuando circulaba en auto. El crimen se justificó alegando que estaba planificando un atentado contra Israel. Y así sigue el largo rastro de sangre.
También el domingo pasado se verificó una nueva provocación consistente en colocar la piedra fundamental de otro templo judío al lado de la Explanada de las Mezquitas ubicada en Jerusalén este, es decir en la zona palestina, cerca de las mezquitas de Omar y Al-Aqsa, reverenciadas por los musulmanes. Es característico el hecho de que en ese mismo lugar se produjera en setiembre pasado la irrupción de Sharon, acompañado de cientos de policías armados a guerra, lo que desencadenó la Intifada como expresión de protesta. La iniciativa perteneció a un grupo fundamentalista judío, Los Fieles del Monte del Templo, en apoyo al cual se pronunciaron los rabinos Ovadia Yossef, jefe espiritual del partido ortodoxo sefaradí Shass (que sostiene al gobierno) y Meir Lau. Ambos justifican los asesinatos de los palestinos que, según Yossef, son "hormigas que molestan".
Sharon se pasa hablando contra el terrorismo, expresa que no podrán reanudarse las conversaciones de paz mientras persista el terrorismo, y al mismo tiempo practica el más desaforado terrorismo de Estado. Paradoja sangrienta. Alega que los asesinados (selectivamente en este caso) pertenecían al grupo Hamas, y que habían cometido o que en el futuro habrían de cometer atentados. Es la teoría de los ataques preventivos. Un comunicado del gobierno israelí define el operativo de Nablus como "una acción preventiva, dirigida a impedir atentados en preparación contra Israel" y agrega que "seguirá reservándose su derecho básico a la autodefensa".
Con tal fundamento el brigadier general Ron Kitrey, portavoz del comando conjunto del ejército israelí, proclama que "tenemos toda la justificación del mundo" para realizar lo que llaman "operaciones de intercepción", con lo cual se procura dotarlas de un contenido defensivo, cuando en realidad son ofensivas en máximo grado.
Con estos mismos endebles argumentos el gobierno israelí mantiene con sus tanques la clausura de las zonas palestinas, reduciendo a cero su autonomía.
Como si fuera poco, el jefe de la seguridad israelí Uzi Landau lanza una no velada amenaza, en estos términos: "Los palestinos aún no saben de qué somos capaces".
Hay que decir con todas las letras que la teoría de los ataques preventivos es del más puro cuño nazi.
Tales son los hechos, a esta altura inocultables. Pero se procura distorsionarlos a través de una campaña de desinformación y propaganda sin parangón a cuyo servicio se colocan los grandes medios de difusión. Las cadenas internacionales de TV hacen oír exclusivamente esa campana.
Tergiversan los hechos, los diluyen, los mezclan, o alteran la cronología para atenuar la responsabilidad del gobierno de Israel.
Por ejemplo: cuando la última escalada provoca conmoción e indignación generalizada, lo primero que aparece en pantalla son las demostraciones de los palestinos clamando venganza. Recién al final se da una versión ultrasintética de los atentados, con el número de víctimas en conjunto (cuando hay alguna víctima israelí) y no discriminadas.
Pero ya no se puede ocultar que los muertos palestinos cuadruplican con creces los israelíes (538 palestinos y 13 árabes israelíes, 128 israelíes, 6 europeos, un total de 685, y cada uno es un ser humano con su vida truncada).
Si los métodos empleados son hitlerianos, esta campaña propagandística mentirosa bien se ha ganado el calificativo de goebbeliana. *
Comentarios (beta!)