ISIDORO GILBERT
En menos de nueve meses, el gobierno agotó, con tiempos cada vez más estrechos, iniciativas como el "blindaje", bautizado como fundacional de una época de crecimiento. Luego, el efímero paso por economía de Ricardo López Murphy desbrozó el terreno para Domingo Cavallo quien inventó el megacanje que, proclamó, retiraba como escenario angustiante el default.
Pero el fantasma de la cesación de pagos está presente, sea porque fracasaron las predicciones, sea por la megatimba que une a banqueros sin escrúpulos que ven a la Argentina bajo tierra y zapatean sobre la tumba.
Cuando la Cámara alta sancionaba el lunes en sesión bochornosa la ley del déficit nulo, capo lavoro de ingeniería política donde casi todos --hayan votado como lo hayan hecho-- estaban contestes que "no había otro camino". El peronismo hizo algo más que lo habitual para que De la Rúa no se quedara sin nada: una negativa hubiera derrumbado el decreto ley del ajuste que ya había sido anulado por los diputados y contestatarios del radicalismo con Leopoldo Moreau dijeron que no pero ayudaron a que fuera sí.
Es grave que se podaran salarios de estatales y jubilados y parte de las asignaciones familiares que incluyen al sector privado. Pero igualmente que hombres de derecho como el Presidente hayan permitido que se coarte recurrir por justicia a los tribunales, un abuso digno de una dictadura. Por ese artículo, el 10, los jueces pueden declarar la ley de inconstitucional. Los sondeos ante miembros de la Corte Suprema fueron negativos para las autoridades.
Antes que la Cámara alta sancionara el instrumento, el canciller Adalberto Rodríguez Giavarini comenzaba a buscar apoyos externos para lograr una conversación telefónica entre George W. Bush con su par argentino. La idea básica: recibir un fuerte mensaje político de respaldo para un gobierno que pasa por un difícil momento. Hubo otras gestiones que se mezclaron: una charla telefónica de Cavallo con el secretario del Tesoro, Paul O'Nell, y sobre todo, las grandes empresas norteamericanas comenzando por la Coca-Cola, pusieron lo suyo que es generalmente de mayor peso que la gestión diplomática.
Crearon las condiciones para la llamada como efecto de distensión por lo mal que habían caído los dichos de Paul O'Nell, cuando por un lado descalificó a la Argentina como país importante y, por el otro, descartó que un derrape criollo hiciera mella sobre los países emergentes y particularmente sobre las economías desarrolladas. Un error, pero que responde a la posición ortodoxa del Partido Republicano que O'Nell expresa cabalmente, algo aislacionista y poco proclive a ir en auxilio de los países con problemas. Son ellos lo que atacaron a Bill Clinton cuando fue en auxilio de México (que era en rigor, ir sobre Wall Street) cuando el tequila.
Fue casual, pero vino muy bien, que la telefoneada fuera en territorio brasileño, donde De la Rúa almorzaba con el británico Tony Blair y el brasileño Fernando Enrique Cardoso. Facilitó que el viernes, Blair, Bush y José María Aznar aumentaran el respaldo con su pronunciamiento conjunto. Ya se sabe que el norteamericano no domina la política latinoamericana, pero tenía un memorando básico para la conversación. Durante la misma definió dos ideas: 1) que De la Rúa había recibido una "herencia muy pesada", un misil enviado al ex mandatario preso (que es amigo de su padre) y 2) que de déficit cero será mejor hablar cuando se vea cómo se implemente y se cumple, una especie de acotación del respaldo.
Bajo esta última premisa estuvo el viernes el subsecretario del Tesoro, John Taylor. Su viaje había sido decidido antes de la charla presidencial bajo la presión de las multinacionales con intereses aquí. Empresas españolas y británicas hicieron lo suyo para ese documento políticamente importante de los mandatarios de EEUU, Reino Unido y España.
Si se quieren mensurar cambios, los ha habido; desde la dureza de O'Nell a la misión de Taylor. Se pasó de la indiferencia a la preocupación, al menos por la suerte de bancos y empresas norteamericanas. Pero no vino en misión de rescate con una chequera flamante: no habrá ayuda bilateral, sino respaldo para que todo se agilice por el ámbito del FMI, básicamente. Aunque no es menor detalle a cuánto ascenderán los dineros que se liberen, montos correspondientes al blindaje, una suma bastante mayor a los 1.200 millones previstas para setiembre puede disuadir a los manipuladores de bonos y fortalecer el sistema financiero, dado el chorro de divisas hacia el exterior.
Pero podría haber concesiones. En el Ministerio de Defensa están al tanto que el consejero y amigo de De la Rúa, el banquero Fernando de Santibáñez es de la idea de ofrecerle a los norteamericanos territorio para instalar en el sur bases misilísticas para el programa de Bush sobre escudo galáctico. Sobre esta propuesta de canjear apoyo económico norteamericano por el escudo escribió en el Financial Time, David Hale, economista inglés radicado en Zurich. Una voz de Defensa advirtió a LA REPUBLICA: "Podría tratarse de un globo de ensayo".
La caída de la recaudación de julio es alarmante. Si se repitiera en agosto, la poda se elevará. ¿A cuánto?: es el ajuste perpetuo, dicen en las dos CGT que, con todo, abrieron una cuota de expectativa: no harán paro general. Aíslan así al movimiento piquetero a sus propias fuerzas, que son más de las que dicen en el gobierno, menos las que ellos proclaman y que necesitan para crecer como actores políticos, de aliados, sobre todos de las capas medias. ¿Cuál es el techo del aguante, sin que se produzca una gran conmoción política y social? "Hay que pensar en un 50% de recorte, en la emisión de bonos, como hizo Alvaro Alasogaray con Arturo Frondizi, en un cuadro parecido", comenta un empresario de peso, consciente de que es una idea peligrosa, políticamente inviable.
¿Hay plan B, alternativo al déficit cero? De esto se murmura en todos lados. Cavallo no pierde las esperanzas de que pueda cumplimentarlo, aun a costa de una nueva caída del PBI para este año. Ya llega al 10% de depresión para el último trienio: un cuadro de guerra. Y si no, devaluación o dolarización, son las perspectivas. En un régimen de convertibilidad, la primera se hace inmanejable con un poder político débil. De la otra posibilidad habló el propio ministro cuando indicó que si la gente prefiere el dólar, dólar tendrá. Pero el camino es complejo y grave: anularía al Banco Central (si la reserva federal actúa como tal, sería la absorción del país por los norteños), y se corre el peligro de que se pierdan las divisas. Es más probable que prime la desconfianza y los dineros salgan de nuestras fronteras. El futuro es ominoso.
Hay, con todo, partidarios de la dolarización, sobre todos entre las empresas con fuertes deudas en divisas. En el entorno presidencial no escasean sus promotores. De Santibáñez es uno de ellos.
Al menos que el error sirva de escuela, el camino neoliberal lleva a la dolarización. No es el que busca Raúl Alfonsín con su propuesta a formar un gobierno de unidad nacional. Sus operadores han hablado con gobernadores y dirigentes del justicialismo, con líderes sindicales y empresariales, ansiosos de conocer el contenido de la propuesta, los temas de coincidencia y de éstos dan pie a un gabinete nuevo, a implementar hasta octubre al menos, una mayoría parlamentaria. Hay discursos mentirosos entre los protagonistas: dicen en público una cosa y en privado, otra.
Al entorno presidencial no le cayó muy bien lo del jefe de la UCR: "quiere marcar la cancha", responden sigilosamente. En última instancia, sería avanzar sobre la idea, si bien carente de contenido, que lanzó el 9 de julio De la Rúa.
En el contexto actual, el reclamo de Alfonsín no parece destinado a fortalecer al gobierno y su política, es decir, con Cavallo.
Pasado negro sobre blanco, mirar la producción como objetivo básico. Pero en el dramático cuadro actual, nada se tocará hasta que Cavallo tire la toalla. Son días de definiciones sin saberse dónde vamos.*
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